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"Cuando compito, no soy ni padre, ni esposo ni hijo"

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Tengo 25 años: en F-1 la edad suma por lo menos hasta los 50. Nací en São Paulo: Brasil era el país de las crisis; hoy ayuda a los demás a superarlas. Soy papá de un bebé de cinco meses. Antes de la salida hablo con mis mecánicos y después con Dios. Con Alonso compito y coopero

Lo primero que haré en Montmeló cuando me siente en mi  Ferrari es repasar uno por uno todos los puntos mecánicos con mi equipo y esperar todos los OK...

¿Y después?

Después volveré a visualizar el circuito con los ojos cerrados como si lo viera con la mente y volveré a evocar mi estrategia.

¿Algún punto negro o favorito?

Cada curva o recta requiere una solución proactiva: no se trata sólo de cómo entrar en cada curva, sino también de tener claro en qué posición me conviene tomarla respecto a los demás corredores.

¿Y después?

Después rezo.

... Rezo un avemaría y un padrenuestro.

¿Y después?

Suelo hablar con Dios.

¿Como estrategia de relajación, como acto de fe o las dos cosas?

Yo voy a la iglesia, pero no a misa. No me gustan las ceremonias ni los ritos, pero suelo ir a la iglesia. Me siento en un banco y hablo con Dios. Sin intermediarios. No le pido nada. Simplemente, le explico mis cosas y creo que me escucha.

¿Se pone nervioso en la salida?

No, porque soy un tipo tranquilo. Incluso me tomo algún cafecito antes de la carrera.

Y está usted muy delgadito.

Cuido lo que como, porque en mi familia se tiende a la alegría y los kilos de más. Adoro la pasta, pero he aprendido a disfrutarla sin salsa: lo que engorda es la combinación.

¿Por qué Brasil da tantos ases de la F-1?

Porque la religión de Brasil es el fútbol, pero la F-1 es el deporte nacional y sus héroes inmortales son Fittipaldi, Senna...

¿. .. Y Massa?

Yo empecé con los karts a los 8 años: ni me atrevía a soñar con la F-1. Ni a los 12 ni los a 13... Fueron los resultados los que me obligaron a pensar que tal vez algún día...

¿Y su padre no empujaba?

Mi padre adora los motores y, sí, le gusta la competición, pero siempre prefirió ser buen padre a padre de campeón. Y nunca se lo agradeceré lo bastante. Jamás me presionó por un resultado, ni antes ni después.

Usted también es papá.

Hace cinco meses.

Enhorabuena... Pero ¿no es como correr con una dulce mochila a su espalda?

Noto esa nueva responsabilidad al cruzar un semáforo en una calle o porque no asumo riesgos que antes aceptaba, pero cuando me siento en el Ferrari me olvido de que soy padre, esposo, hijo... Soy un piloto de F-1.

Mejor así.

Sí, mejor también, porque cuando salgo del circuito disfruto más siendo padre.

¿Y siente el nuevo orgullo brasileño?

Ese orgullo es nuevo y maravilloso. Durante años fuimos el país de las crisis: una tras otra, todas nos hundían más que a nadie: éramos un desastre económico. Y ahora la recesión que tanto afecta a Europa y a EE. UU. a nosotros apenas nos ha afectado. ¡Y no paramos de crecer y prosperar!

¿Por qué?

Todo estaba ahí: juventud, recursos - tenemos petróleo-y gente preparada... Luego llegó Lula, sí, justo a tiempo, y supo aprovecharlo. Hoy Brasil se prepara para ser un gigante tecnológico y no sólo minero o de petróleo. ¿Sabe que construimos aviones?

Me alegro.

Y creo que además sabremos mantener la sonrisa y la alegría. Y estamos dando beneficios a todos los inversores europeos que hoy no los obtienen en su casa.

¿Con Fernando Alonso coopera o compite?

Coopero y compito. Estamos en el mismo equipo y somos corredores - llevamos la competición en el ADN-los dos. Se puede y se debe competir y cooperar al mismo tiempo, y no sólo en la F-1. En todo.

Buena lección.

Y eso incluye a nuestros equipos. La F-1 no es Alonso contra Schumacher o Massa o los demás: ¿sabe que tengo 900 profesionales trabajando conmigo para que yo pueda correr mañana en Montmeló?

Niki Lauda me enseñó su oreja y me dijo que hoy ya no se juegan la vida.

Y es verdad. Niki tiene toda la razón. Antes moría un piloto de F-1 cada temporada o había accidentes gravísimos. Yo mismo tuve uno el año pasado.

Lo recuerdo: gravísimo.

Estuve inconsciente, y si no fuera por los elementos de seguridad que gente como Niki ayudó a perfeccionar, yo no estaría aquí.

Me alegro.

Pero no sólo yo, también muchos otros conductores que nunca han competido deben a la fórmula 1 y a esos pilotos que se jugaron la vida haber sobrevivido a los accidentes más graves.

¿Por qué?

El cinturón de seguridad, los frenos de disco, los airbag... E innovaciones de los ingenieros en el trazado de carreteras, como los peraltes en las curvas o la señalización.

Deme un consejo de conducción.

Cuando deje la autopista y tome una salida, frene lo justo antes de entrar y apure luego la frenada cuando ya haya tomado el desvío.

Pues muchas gracias, señor piloto.

Sentirse útil es lo mejor de la competición.

¿Y lo peor de la fórmula 1?

Ha habido demasiada política y tiene que haber más deporte.

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