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'Estamos escondidos, tememos por nuestra vida'

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- Soy Erika Ramírez, también soy reportera de la revista Contralínea, no tengo heridas. Hace tres horas que logramos resguardarnos de los paramilitares, pero sí queremos decir que si algo nos pasa fue por la lenta acción del Gobierno en nuestro auxilio...

- Mi nombre es Noé Bautista y tengo una balazo en la nalga derecha, un balazo en el hombro derecho (...)Ahorita estamos escondidos, tememos por nuestra vida.

Este viernes, tras haber sido atendidos en un hospital han recordado, desde el mismo centro médico, cómo tras ser atacados por una veintena de paramilitares huyeron hasta encontrar un río junto al que permanecieron escondidos dos días "con mucho temor a que nos persiguieran y nos encontraran", con las heridas de bala en el cuerpo, sin probar alimento y sólo con lo puesto, algunos sin zapatos.

En un paraje natural sin cobertura de móvil, tenían la esperanza de que antes de 24 horas escucharían gritar sus nombres, que las autoridades llegarían a rescatarlos, pero no fue así. Lo único que oían eran "los balazos constantes" a lo lejos y el movimiento de las hojas de lo árboles o el sonido de los animales, que les producían "terror" porque los confundían con los agresores. "Teníamos miedo de hablar, de hacer ruido por si nos descubrían".

Hartos de esperar la ayuda que no llegaba, los dos voluntarios que compartieron refugio con los periodistas decidieron salir a buscar ayuda, a las 4.00 de la madrugada del segundo día. "Si a las cuatro de la tarde no habíamos recibido auxilio decidimos que nos entregaríamos", ha relatado David Cilia, "Erika se quedó conmigo, le dije que huyera, que ella tenía más posibilidades sola porque yo no podía caminar".

Permanecieron juntos. Y como nadie fue a buscarlos, los dos periodistas decidieron moverse hacia un pueblo cercano controlado por los paramilitares con la esperanza de que, antes de entregarse, encontraran una casa donde alguien les prestara ayuda.

Al final, fueron hallados y rescatados con vida. Este viernes han sabido también que sus sospechas de que tras ellos habían dejado algunos cadáveres de los integrantes de la caravana eran ciertas: en la emboscada murió una voluntaria mexicana y otro chico de una ong finlandesa

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