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«Ahora si puedo vivir de otra manera»

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ÁVILA. Nadia llegó de su Rumanía natal hace cuatro años. Sola. Sin hablar español, aunque lo aprendió a marchas forzadas en sus primeros meses en España. Trabaja como interna en una casa, cuidando de una mujer anciana, de 96 años de edad. Y asegura que es feliz, que es independiente, y que ha conseguido un trabajo digno y el reconocimiento de sus derechos laborales gracias al apoyo prestado por el área de Empleo de Cáritas en Ávila, que coordina Samuel Hernández Martín. Habla con él con admiración y respeto reverencial, porque la ayudó a conseguir su actual empleo, pero no sólo eso. Le abrió las puertas para demandar un trabajo digno, un salario justo y para reivindicar sus derechos laborales.

El primer empleo de Nadia al llegar a España también fue como cuidadora interna de personas mayores, y lo encontró a través de una conocida ONG. Nadia debía cuidar a un matrimonio anciano que vivía en un pueblo a 70 kilómetros de Ávila, y sólo cobraba 400 euros al mes. Sin contrato, sin Seguridad Social, y trabajando festivos y fines de semana. Cuando libraba, regresaba a Ávila, pero debía alojarse en casas de amigos porque el dinero no la llegaba para alquilarse una habitación. Todo eso cambió cuando descubrió Cáritas. Nadia desconocía sus derechos laborales. «Lo bueno es que en Cáritas encuentras un trabajo justo, con Seguridad Social y derecho a festivos, con vacaciones pagadas, como en cualquier otro trabajo», relata. «Aquí hemos aprendido a trabajar bien, con un trabajo digno y con derechos laborales», añade.

Esta joven rumana conoció el servicio de Empleo de Cáritas a través de una amiga. Y es la mejor forma de conocerlo y de acercarse a él, tanto por parte de los empleados, que hablan maravillas de esta organización y de sus profesionales, como por parte de los empleadores, ya que los usuarios responden de forma muy positiva. A la formación laboral y profesional se suma un trabajo previo, en el ámbito personal y social, que garantiza buenos rendimientos laborales.

Así lo certifica Nadia, quien se muestra «muy feliz» porque, con su nuevo empleo, su vida ha dado un cambio radical. «Empiezas a vivir de otra manera, tienes un sueldo bueno y vives mejor», confiesa. Se ha alquilado una habitación para tener sus cosas, dice, aunque no la suele utilizar muy a menudo porque está interna en la casa en la que trabaja. Pero se lo puede permitir, asegura, y así nunca más volverá a quedarse «con las maletas en la calle».

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