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"En la Antártida te ayudan antes de que te pase algo"

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Contador de historias tan fascinantes como el mar, ha publicado novelas históricas como Capitán de Fortunay ha conseguido que miles de escolares conozcan la ficción histórica del llamado sexto continente a través del Piloto Azul, un personaje testigo de fenómenos recientes en los hielos como erupción reales de volcanes antárticos.

Jubilado y viajero, dedica su tiempo a escribir sobre el mar y a montar sistemas de comunicación para misioneros y ONGs en aldeas africanas.

Tras recorrer los mares como telegrafista, cuando aún no se conocía el teléfono por satélite, se embarcó en la goleta Idus de Marzo, la de la primera expedición científica española que llegó a vela a la Antártida en 1983. En 1987 fue jefe de la primera base científica española en la isla Livingston. Le gustó tanto viajar por el verano austral, cuando no hay noche y parte del helo se retira, que no le ha quedado más remedio que contarlo. Ha coincidido con científicos que son referencia internacional como el hidrólogo estellés Adolfo Eraso. "Cuando uno va a la Antártida lo primero que necesita es volver y después contarlo. He vuelto cinco veces y me gusta contarlo a los niños porque ellos tendrán que decidir que se hace con la Antártida porque si aquello se toca entonces sí que habrá cambio climático", afirma. Para contarlo y hablar de literatura marina visitaba recientemente la UPNA invitado por la Escuela Náutica de Navarra.

¿A qué peripecias se ha enfrentado?

Las situaciones desagradables no se cuentan, así que me quedo con la experiencia de cuando embarqué como tripulante en el Idus de Marzo hacia la Antártida, en una goleta de tres palos, 33 m de eslora y 13 tripulantes, más los científicos. La entrada a la Antártida la hicimos a vela, como debe ser, y fue épica porque, según el derrotero, (el texto ilustrado que describe la costa) nos metíamos en un sitio abrigado y resultó ser una ratonera, un circo de vientos horrorosos en el que nos metimos rajando piedras. Salimos a motor y de milagro. Ahí se demostró que las cosas salen bien si hay un buen equipo, y pudimos salir porque había muy buen equipo cumpliendo las órdenes.

¿Y qué momentos no puede olvidar?

La primera vez que embarqué con 20 años al terminar de estudiar náutica. Salir de casa y meterte en un mercante, eso es toda una experiencia siendo el más joven de abordo, lo mismo que empezar a recorrer mundo cuando el mundo se recorría de otra manera. Encontrarse con el África colonial es duro cuando eres un crío. Te enfrentas con el mundo de los barcos, y ves que los puertos no son como en las películas, ni mucho menos, ni la India ni África son las que ve el turista. Ves un mundo duro.

El ataúd con el cepo

Cuenta usted que en 1819 el navío español San Telmo naufragó junto al Cabo de Hornos, en la Antártida con más de 600 tripulantes...

Es una historia preciosa. El San Telmo es uno de los cinco barcos que mandó España a Chile a ayudar a los no independentistas. Era después de Trafalgar y la marina española estaba hecha polvo. Se compraron dos barcos a Rusia, pero alguien prevaricó porque eran una porquería y tuvieron que volver. Pero el San Telmo llegó al Cabo de Hornos y lo último que se sabe es que un temporal lo había desarbolado y fue a parar a la isla Livingston, donde, casualidad de la vida, España pondría su primera base. Es fácil que hubiera supervivientes porque se sabe que un cazador de focas inglés notificó que con los restos de un navío español se había echo el ataúd. Se lo hizo con el cepo del ancla. Es que los capitanes antiguos viajaban con su ataúd. Pero como había descubierto una mina de oro con las focas, los ingleses se lo callaron 40 años porque el filón era entonces de unos dos millones de focas. Luego el Tratado Antártico que rige los destinos de la Antártida ha dado por veraz que los primeros hombres que vivieron y murieron en la Antártida fueron los del San Telmo.

¿Si marinos como Elcano, Legazpi y Urdanta fueran ingleses o el San Telmo americano tendríamos una película cada año?

Claro. Es que vivimos en un país que olvida el mar. Fíjese en la historia personal de Urdaneta, y que encima era tan observador que descubre la corriente del Niño y la Niña. Uno viene hoy de Japón y sigue la ruta de Urdaneta. Si llega a ser inglés...

Solidaridad en el frío

¿Cómo llega a ser jefe de la primera base española en la Antártida?

Porque en este país se tira de la improvisación. España tenía potencial científico y económico para haberla tenido mucho antes. Para entrar en el Tratado Antártico debes tener una base y no la hizo el ministerio de Ciencia sino el de Exteriores. Empezaron a buscar gente que había estado en la Antártida, porque además de científicos necesitaban gente que construyera la base. Y se encontraron con los que habían estado en el Idus de Marzo, así que me llamaron a mí que estaba en comunicaciones marítimas en Telefónica. Y llamaron a esa clase de buenos ingenieros que con una lata de sardinas y un bolígrafo te hacían un coche. Más tarde hubo unos cambios y me pusieron como jefe de base. La base la montamos gracias a la gran ayuda y experiencia de los polacos. Nos enseñaron a mover contenedores de diez toneladas. El primer año para hacer las necesidades íbamos a la playa.

¿El viento, la luz, el silencio...? ¿Qué le fascina de los continentes helados cuando asegura que el que va regresa?

El hombre ya puede hoy ir a cualquier parte del planeta sin pasar penalidades y bien equipado. Quiero decir que vas bien equipado y no tienes que pasar frío. Lo que fascina es que te sientes en la tierra como se supone que era allí en la noche de los tiempos. Es una sensación única en la que sabes que estás rodeado de muerte, porque sabes que si te caes al agua corres muy serios riesgos. Pero, sobre todo, lo que te sorprende es la luz y la fauna. La luz es muy cambiante . Todo el mundo piensa que el hielo es blanco, pero es azul, rosa...y en los glaciares está muy comprimido, encierra burbujas de oxígeno que son las que hacen que tenga tantas tonalidades. En unas horas pasas de un día espléndido de sol a una tormenta brutal y las tonalidades de luces son enormes. Y ves la gran variedad de pingüinos y focas. Se supone que nos unos animales a los que hemos masacrado, pero te sorprende la familiaridad que pueden tener contigo. En una palabra: el ambiente de la Antártida es sobrecogedor, pero en el sentido positivo del término en un atmósfera en la que su salsa la da el peligro y el ambiente absolutamente hostil.

¿Y las gentes que se aventuran a vivir en el hielo?

Lo que te marca son esas gentes. Hay una cosa que se llama el espíritu antártico. Piense que allí no hay moneda. El único comercio que existe es : ¡Qué bufanda más bonita tienes¡ Te la cambio. Te maravilla el espíritu de colaboración. Cuando llegué la primera vez había dos bloques en el mundo. Era en tiempos de la guerra fría y no se notaba nada entre los distintos países de los dos bloques socialista y comunista que había allí. La palabra era solidaridad. En la Antártida no tienes que esperar a que te pase algo para que alguien te ayude. Es que te ayudan antes de que te pase. Es algo que marca y que debería estar en todas las partes de planeta. En la igualdad entre hombres y mujeres la Antártida también ha sido pionera con mujeres pilotando helicópteros o gobernando una embarcación en los años ochenta.

Chancletas navegantes

¿En qué falla la salud de los hielos de la Antártida?

El peligro está en los barcos de crucero que, aunque van muy asesorados, con 500 o 600 personas navegando a alguna se le escapa algo de basura. Cerca de la base española había una bahía a la que solíamos ir de excursión porque los marinos estamos acostumbrados a vivir encerrados, pero los científicos no, y venía bien para disipar tensiones. Veíamos restos de naufragios de cualquier parte del globo que llegan hasta allí. Puedes encontrar chancletas que han estado dando vueltas y vueltas alrededor de la tierra. Muchas veces se ven en la TV los glaciares negros, pero eso no es contaminación como dicen algunos catastrofistas. Un glaciar es un río que va bajando y puliendo la piedra y ese polvo de piedra termina subiendo arriba.

¿El futuro del hemisferio sur, en definitiva, peligra?

En una parte que, digamos, es la que da o mira hacia donde está Europa, el deshielo es progresivo. Lo tienen estudiado los glaciólogos y el hielo está en regresión y eso es algo fehaciente. En la otra parte, en la que da a Australia, aumenta el hielo en mayor proporción que la que se deshace en el otro lado.

 

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