Imprimir

Un ´buscavidas´ palmero que aprendió a nadar en un estanque de tiburones

on . . Visitas: 632


PEDRO GUERRA
Los palmeros somos unos buscavidas". Antonio Castro Feliciano (Santa Cruz de La Palma, 1943) tiene fama de trabajador. Muy trabajador. En su etapa de magistrado de la Audiencia Provincial ponía sentencias casi sin coger aire. O sea, que la capacidad de trabajo la lleva en el ADN. A lo que ha tenido que aprender, sobre todo en los últimos años, es a nadar. A nadar en un estanque de reducidas dimensiones y lleno de tiburones: la Justicia.



De otra forma no se explica que, allá por el año 2003, lograra arrebatarle la presidencia del Tribunal Superior de Justicia de Canarias a Fernando de Lorenzo, al que todas las quinielas colocaban como favorito a renovar la plaza por aquella norma no escrita que rige en el Poder Judicial y mediante la cual un presidente de TSJC debe estar dos mandatos en el cargo. Mientras De Lorenzo se fio de una llamada que le decía "tranquilo, lo tuyo está hecho", Castro Feliciano se puso a trabajar. "Yo hice mi campaña", declara en esta entrevista, y a tenor de los resultados le fue bien; bastante bien, porque antes de que a Fernando de Lorenzo le dijeran que iba a renovar su cargo a Castro Feliciano le prometieron que la plaza era para él. Su contacto sí que no le falló.

Su capacidad de trabajo aplicada a sus mandatos al frente de la Audiencia Provincial de Las Palmas y del TSJC se traducen en resultados tangibles: la Sección Penal que presidía redujo considerablemente su carga de trabajo con su presencia y el actual TSJC es el que más inspecciones realiza desde su creación. Es un hombre muy cercano con los jueces, pero que no perdona la desidia laboral en una Administración de Justicia ya de por sí cargada de trabajo.

Y no podemos olvidar que estamos, en cualquiera de los casos, ante un magistrado con historia. Desde que el 3 de enero de 1970 se echara la mochila a la espalda y aterrizara como juez comarcal en Porcuna (Jaén) hasta hoy, que ocupa el más alto cargo de la Justicia en Canarias, Antonio Castro Feliciano tiene historias que contar a los nietos. Juzgó a Ángel Cabrera Batista, el Rubio, por la muerte del industrial tabaquero Eufemiano Fuentes y está convencido de que fue él quién lo mató: "Siempre me llamó la atención su silencio, pero estoy convencido de su culpabilidad". También fue el juez del caso Cathaysa, la niña cuyo cuerpo apareció en una lavadora y que fue asesinada por un vecino que participó en su propia búsqueda. "Fue terrible", asegura. Aunque para orgullo el de presidir el primer juicio con jurado que se celebró en Canarias, ya en plena democracia judicial. "Nunca olvidaré al zapatero remendón que leyó el veredicto", explica con satisfacción un progresista de 67 años y miembro de Jueces para la Democracia.

Ahora, con algo más de dos años por delante hasta su jubilación, Castro Feliciano se enfrenta a una nueva reválida como un experto nadador a prueba de mordida de tiburón blanco. Pretende jubilarse como presidente del TSJC y luego dedicar sus esfuerzos a "ayudar en alguna ONG o algo así". Por el momento, ya ha hecho su trabajo de campo e, incluso, es posible que no existan más candidatos al cargo. Porque a sus casi 67 años tal vez ya no sea necesario volver a tirarse al estanque.

Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y para ofrecerle contenidos más interesantes. Para obtener más información sobre las cookies y cómo eliminarlas, consulte nuestra Política de Privacidad.

Sí, acepto cookies de esta web