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A las cajas la ética les trae sin cuidado

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«La función de la banca es bonita, lo malo es que ganar dinero se ha convertido en su obsesión»

Durante un cuarto de siglo, Joan Antoni Melé (Barcelona, 1951) trabajó como director de sucursal en una caja de ahorros. Hace cuatro años, cuando sus compañeros coetáneos se acogían a las cómodas prejubilaciones que les ofrecía la entidad, él optó por unirse a Triodos, un banco fundado en los Países Bajos hace 30 años, atraído por su filosofía de hacer banca ética y sostenible. Ayer pasó por Valladolid -donde Triodos tiene sucursal desde el 2009- para impartir una conferencia sobre 'Dinero y conciencia'.

-Para el ciudadano corriente los bancos son algo así como 'un mal necesario'. ¿Qué es Triodos Bank?

-Es una lástima que la banca se vea como algo negativo. Si se hace bien, un banco es un agente de transformación social. Da vida a un dinero que, si lo tuvieras en casa, no serviría para nada. Un banquero pone en contacto a gente que tiene dinero y no sabe qué hacer con él, con otra gente que tiene buenos proyectos pero no tiene dinero. Si esta misión de intermediación identifica proyectos viables, saludables, que aporten riqueza, la función de la banca es bonita. El problema no de la banca, sino de la economía en general, es que la búsqueda del beneficio se ha convertido en el objetivo de las empresas. Tener beneficios ha de ser el resultado, no el objetivo. El objetivo es saber qué quieres aportar al mundo y por qué quieres hacerlo. Si lo haces bien, al final tendrás beneficio, que será un indicador de buena gestión. Pero ganar dinero se ha convertido en objetivo y luego, en obsesión. Y en 20 años casi nos hemos cargado el planeta y la situación es muy grave, mucho más de lo que nos están diciendo. La pobreza y marginación de más de tres mil millones de personas nos dice que algo hay que cambiar. La crisis que vivimos no es económica, es moral y de valores. Todo no vale. Conozco a gente multimillonaria que toma ansiolíticos y tranquilizantes y el índice de suicidios, aunque no se dice, se ha disparado.

-Resulta chocante que el que proponga cambiar esto sea precisamente un banco...

-Hay que hacer un tipo de economía que considere a las personas como el centro. ¿Que tenemos que ganar dinero? Sí, porque no somos una ONG, pero nuestro orden de prioridades es: primero las personas, después el planeta y en tercer lugar, los beneficios. Financiamos cosas que dan pocos beneficios, pero son necesarias para la sociedad. No entramos en otras que nos darían millones, pero no son éticas. No financiamos empresas contaminantes. Hay métodos para producir sin contaminar y, si ganan menos, que ganen menos. No es cierto como dicen algunos que el mercado te obligue a ser así; estamos en el mercado desde los años 80 y a nosotros no nos obliga.

-Las cajas de ahorros, un sector que usted conoce bien, también son bancos con fines sociales; ¿no son éticas?

-En su origen tenían una preocupación y un enfoque social y revertían sus beneficios a la sociedad. Eso estaba muy bien, pero las cajas cayeron en la misma trampa que los bancos y a mediados de los 80 empezó la guerra. Hubo una entidad española muy importante que empezó a reventar el mercado con supercuentas y parecía que era más inteligente que los otros y todos terminaron haciendo lo mismo. Se pagaba el 10% por los depósitos y se cobraba el 18% por las hipotecas. Empezó la locura y las cajas se apuntaron a ganar mucho dinero. Por ley siguen obligadas a destinar el 20% de sus beneficios a la obra social y pocas hacen más. Cuando yo empecé, destinaban el 50% a obra social y el resto, a reservas. Esto está bien, pero el tema de fondo es otro; es ¿cómo has ganado el dinero? Si a la hora de invertir no eres ético, por mucho que después hagas obra social no te valida lo otro. Bancos y cajas, cuando dan un crédito a un cliente, no le preguntan si lo que va a hacer es ético o sostenible, les trae sin cuidado; sólo le preguntan cómo lo va a devolver y qué garantías ofrece. Si tiene solvencia, da igual que no respete los derechos humanos, discrimine a la mujer, o contamine. Acaban financiando especulación pura y dura, como con Madoff. ¿Que no lo sabían? No me lo creo. A todo el mundo le iba bien la burbuja. Gano el 15%, gano el 20%... eso, trabajando, es imposible. Cajas, bancos... no hay diferencia. Nosotros sólo nos parecemos a una caja en que operamos en el mercado y estamos inscritos en el registro. Ni los bancos ni las cajas publican la lista de las empresas a las que prestan dinero.

-Un banco que quiere cambiar el mundo, dentro de un sector habitado por tiburones donde al más voraz es al que mejor le va... Los clientes pueden pensar que con ustedes su dinero no está seguro...

-No envidio el éxito de quienes ganan mucho dinero. Todo esto es temporal. Los miles de clientes que tenemos no vienen porque les vayamos a pagar más. Tampoco menos. Y nos ha sorprendido el espectacular interés que hemos despertado en Valladolid. Hay mucha gente que quiere que las cosas cambien. Tenemos el ratio de solvencia más alto de España y estamos entre las cinco entidades más solventes de Europa. El tamaño no te da solvencia. No cotizamos en bolsa y no especulamos. No somos unos románticos, somos muy exigentes. Los que no conocen el mundo financiero piensan que su caja de ahorros es la más solvente del mundo y a lo mejor está quebrada.

-¿Qué perfil tienen sus clientes?

-No hay un perfil. Tenemos de todo: desde estudiantes con 300 euros en la cuenta hasta clientes con tres millones. Tenemos particulares, empresas, ONG, fundaciones... Sólo tienen en común que son gente que con su dinero quieren ayudar a cambiar el mundo.

-¿Qué requisitos hay que cumplir para recibir un crédito de Triodos?

-Sólo financiamos tres sectores: el cultural, el ecológico -desde energías renovables a agricultura ecológica, o construcción bioclimática- y el social, empresas que trabajan con discapacitados o hacen reinserción.

-¿Y ustedes han cerrado el grifo del crédito, como dicen las empresas que han hecho los bancos, o son las empresas las que no vienen a pedir, como dicen los banqueros?

-Vienen, vienen. Pero sí es cierto que se ha contagiado el miedo. Conozco a empresarios a los que les va bien, pero están agobiados por la crisis. Hay gente que podría crear puestos de trabajo y por temor no lo hace.

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