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Exportar solidaridad

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Funcionaria judicial en Barcelona, 35 años, separada y sin hijos. Tras esta descripción podría esconderse cualquier persona. Si le sumamos que cuando sale de los juzgados trabaja en proyectos de cooperación y forma parte de la ONG 'Acció Solidaria', que cada año reparte solidaridad en forma de medicamentos, alimentos y material de primera necesidad en África Occidental, el resultado es una mujer distinta. Alicia Gámez ha protagonizado la noticia que llevábamos esperando 101 días, el tiempo que, junto a sus compañeros Albert y Roque, ha estado retenida por Al Qaeda en Mali.

Podría haber vuelto abatida por el dolor y el victimismo que da saberse objeto de un secuestro cruel, pero no, es una mujer distinta. Sabe que no ha sufrido más que la población mauritana beneficiaria de su altruismo. Es consciente de que, a diferencia de los mauritanos, ella sí se puede acoger al derecho a soñar. Es afortunada. Su expresión de ternura, al bajar del avión, la elegancia de su sencillez, su sonrisa agradecida, su caminar pausado como si se agarrara despacito a la libertad recién recuperada, los abrazos que regaló y que le regalaron, la dulzura en cada gesto, la fragilidad que invoca y la petición a los medios de comunicación de 'paz y tranquilidad para estar con su familia' denotan a una mujer distinta. Junto a su frágil y templado aspecto se esconde la fortaleza de una persona para la que la felicidad no se codifica en un trabajo estable generosamente remunerado ni vivir en un entorno económicamente desarrollado. Su felicidad tiene otros códigos; reside en crear felicidad, en comprometerse en la lucha por construir un mundo donde el derecho a ser feliz sea el principal de los derechos humanos. Alicia se ha convertido en la representante de miles de cooperantes, que jugándose la vida, exportan al mundo otra manera de ser patriota. Sus banderas no tienen colores, sus himnos carecen de letras y música, y el modo de engrandecer a su patria no es izando banderas, sino exportando lo mejor que un país puede exportar, la solidaridad. Su ejército es la paz, sus armas la palabra y la humanidad, y su misión: curar las heridas de la injusticia causada por falsos patriotas.

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