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La antítesis de la superestrella

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Ha convivido 40 años con el cine sin contaminarse

BORJA OLAIZOLA

«Estamos ante un actor generoso y comprometido que representa la antítesis de la superestrella del cine». Maribel Verdú hizo una aproximación bastante afortunada a la figura de Jeff Bridges cuando en 2004 le entregó el Premio Donostia en reconocimiento a su trayectoria artística. Era la segunda visita que Bridges hacía a España y se mostró en todo momento como un tipo cordial y accesible, alejado de las veleidades y caprichos que se le suponen a un actor consagrado. Aprovechaba los paréntesis entre rueda de prensa y proyección para darse un paseo por la playa de La Concha o irse a comer al restaurante Arzak, y se movía por San Sebastián sin separarse de su cámara de fotos como si fuese un turista más. El anonimato del que disfrutó Bridges durante sus paseos por la ciudad ayuda a explicar que la Academia haya tardado más de cuatro décadas en reconocer su trabajo. Porque a pesar de tener a sus espaldas más de medio centenar de películas y de haber sido nominado cuatro veces a la estatuilla, Bridges, recién entrado en los 60, ha huido siempre de las estridencias y ha preferido mantenerse en un discreto segundo plano, centrado en sus propios proyectos.

El actor estadounidense ha sabido construirse una vida más allá de los absorbentes límites que marca la pantalla. Casado desde hace 35 años con la misma mujer y padre de tres hijas, cultiva aficiones como la fotografía, el dibujo o la música, y en 1983 fundó una ONG -End Hunger Network- que se dedica a distribuir alimentos entre niños necesitados. Fue precisamente su pasión por la música -ha llegado a editar un disco con sus propias composiciones- la que le animó a acercarse al papel que le ha dado el Oscar. Su interpretación de Bad Blake, un crepuscular cantante de country que intenta redimirse, debe mucho a las canciones de la película, compuestas por T-Bone Burnett. Bridges rechazó inicialmente paticipar en el proyecto, aunque no tuvo más remedio que claudicar ante la demanda de Burnett, un músico al que idolatra. El premio de ayer salda una deuda que el mundo del cine tenía pendiente con el intérprete de 'El Gran Lebowski', 'El Rey Pescador', 'La Última Película', 'Tucker' o 'Los Fabulosos Baker Boys', un tipo risueño y campechano que en su página web explica de esta forma las cinco reglas para ser feliz: mantener el corazón limpio de odio, mantener la cabeza libre de preocupaciones, vivir simplemente, dar más y, por último, esperar menos.

 

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