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La Cruz Roja cierra su unidad para enfermos terminales al recortarse la ayuda municipal

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El Consistorio de Bilbao recuerda que el servicio «ya lo ofrece Sanidad» y que «necesitamos el dinero para sustentar otras prestaciones»

JOSU GARCÍA Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. | BILBAO.

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Después de más de 30 años de trayectoria, el hospital de la Cruz Roja en Bilbao cierra su planta dedicada a los cuidados paliativos. Desde el pasado mes de enero, el centro médico ya no admite a más enfermos terminales y la unidad se desmantelará de manera inminente, tan pronto como se acabe de atender a los pacientes que aún permanecen ingresados. El personal será reasignado a otras labores dentro del mismo edificio, que ofrece diversos tratamientos quirúrgicos y curativos.

El motivo principal de la supresión se debe a que, con la modificación de las condiciones de financiación que introdujo a finales de año el Ayuntamiento, el servicio ha dejado de ser gratuito para muchos de los usuarios y sus responsables no quieren cobrar por una actividad que se presta sin coste alguno en Santa Marina o en el sanatorio de Gorliz, según explicó su director, Santiago Isusi.

En las últimas décadas, la planta había funcionado gracias a la financiación del área de Acción Social del Consistorio de la villa y a los esfuerzos de la ONG. Sin tener obligación alguna, ya que este tipo de atención le corresponde a Sanidad, las arcas municipales se hacían cargo de buena parte del coste diario de cada una de las ocho camas existentes -pagaba alrededor de 100 euros por jornada y persona-, sin mirar la capacidad económica de los enfermos. En muchos de los casos se ayudaba a gente con escasos recursos, pero también es cierto que se admitía el ingreso de cualquier vecino de la villa e incluso de residentes en otros municipios, independientemente del dinero que tuvieran en su cuenta corriente. Todos ellos tenían el denominador común de estar aquejados de un cáncer en avanzado estado y de imposible curación.

Así, de esta forma, había funcionado a lo largo de los últimos años, con unos 50 usuarios anuales. Hasta el pasado 29 de diciembre. Ese día, un responsable de Acción Social se puso en contacto con la dirección del centro y le comunicó «verbalmente» que, para 2010, se dejaría de conceder subvenciones a fondo perdido para aquellos ciudadanos que tuvieran recursos y que se pasaría a un sistema de copago, en el que el cliente con ingresos debería entregar el 75% de su nómina o pensión durante el tiempo que permaneciera en la unidad. La Cruz Roja entendió que el nuevo modelo no podía ser soportado por una organización sin ánimo de lucro. «Cobrar en estas situaciones supondría un desgaste muy importante para nuestra imagen y no sería bueno ni para el paciente ni para nosotros», valoró Isusi.

Se intentó buscar otro mecenas u otra institución patrocinadora, pero «la actual crisis» hizo inviable encontrar apoyos. Por todo ello, se decidió abandonar el proyecto. «La decisión no fue fácil, pero entendemos que, a la larga, va a ser lo mejor», insistió el director médico, quien recordó que, en los últimos tiempos, tampoco se había registrado una demanda muy grande de vecinos realmente necesitados. «Ahora podrán ser atendidos de forma totalmente gratuita en el sistema público», añadió.

Por su parte, el concejal de Acción Social, Ricardo Barkala, reconoció ayer que apoyar el servicio de la Cruz Roja había sido «un tema histórico» y que se ha abandonado el proyecto porque «es una competencia de Sanidad y nosotros necesitamos el dinero para sufragar muchas otras prestaciones que estamos obligados a cubrir por ley». «No nos parecía lógico -añadió- que la gente con recursos no contribuyera al mantenimiento de la unidad; pero sí que estábamos dispuestos a mantenerlo para gente con verdaderas necesidades, aunque tampoco encontramos mucha receptividad por la otra parte», dijo. «Yo creo que la Cruz Roja entendió perfectamente nuestra postura», concluyó.

Con el cierre de la unidad, los residentes de Bilbao pierden un equipamiento que se encontraba ubicado en pleno centro de la villa. El hospital de la Cruz Roja, situado en el número 65 de la Alameda de Urquijo, tiene, además, la boca de metro de Doctor Areilza -estación de Indautxu- a escasos metros, mientras que el ascensor del suburbano queda justo enfrente de la puerta principal de acceso.

Excelente ubicación

Contar con una unidad de este tipo en pleno corazón de la capital vizcaína era un pequeño lujo para los familiares. La cercanía del metro y de Bilbobus ahorraba muchos desplazamientos. Para llegar a Santa Marina, centro que se ubica en las faldas del monte Artxanda, sólo hay un autobús cada hora. Con Gorliz, las conexiones también son muy complicadas, sobre todo si se tiene en cuenta que el perfil de usuario de una unidad de cuidados paliativos responde al de una persona muy mayor, con hijos también de avanzada edad y que tienen dificultades para moverse en transporte público.

Hasta la fecha, el acceso a las ocho camas de la planta para enfermos terminales lo gestionaba la sede bilbaína de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Esta entidad se encargaba de seleccionar a los candidatos, que, fundamentalmente, procedían del hospital de Basurto. AECC prestaba, además, un completo servicio de asesoramiento y ayuda a los familiares de los pacientes.

 

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