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Por la costura de América

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Dejó amor y trabajo en busca de aventuras y ahora lo cuenta en un documental

El pamplonés Iosu López tenía 28 años y lo que se conoce como una vida estable. Terminado Periodismo, había entrado a trabajar de redactor en una televisión, salía con una chica y vivía en Madrid en un piso de alquiler. Cualquiera hubiese dicho que la vida le sonreía. Su porvenir presagiaba una cadena de acontecimientos más o menos previsibles: ascenso laboral, compromiso sentimental, hipoteca&hellip Iosu, que tampoco está forjado del material de los intrépidos, asumía sin demasiadas reticencias un futuro marcado por las convenciones. Eso sí, de vez en cuando perdía el hilo de lo cotidiano y su mente se enredaba en los recuerdos de las travesías que hizo con sus padres atravesando Europa en autocaravana.

A Iosu le atraía el viaje, ir de un lado a otro viendo cosas nuevas sin estar sometido a las rutinas de la vida sedentaria. «Me seducía la idea de irme solo, pero me daba también un respeto tremendo porque pensaba que eso estaba reservado para los grandes aventureros, a gente con un carácter especial», dice ahora. Unas vacaciones que se quedó solo estuvo una semana en Costa Rica y eso le animó a realizar otro viaje un poco más largo a Perú, también sin compañía. «Latinoamérica me atrapó, vi que había mucha gente que viajaba por libre y pensé que a mí me gustaría hacer lo mismo».

No fue fácil. Había tomado la decisión, pero a medida que llegaba la hora de hacerla realidad se sentía como si se acercase a un abismo. «Trabajé unos cuantos meses más para reunir dinero, pero cuando llegó la fecha que me había fijado me entró un vértigo atroz: ¿qué iba a hacer a la vuelta?, ¿cómo recuperaría mi vida anterior?». Cada vez que las dudas le asaltaban se obligaba a desviar la mente hacia los detalles del viaje que poco a poco iba tomando cuerpo en su cabeza.

Su idea inicial era recorrer América y como pretendía moverse preferentemente por tierra puso sus ojos en la Panamericana, la ruta que enlaza Alaska con la Patagonia. Llegó junio de 2006 y se embarcó en un avión dispuesto a cruzar el charco. Atrás quedaban su trabajo, su chica y su casa. «En el viaje -recuerda- siempre hay algo de huida, de romper con tu vida anterior, aunque en mi caso me movía más la necesidad de demostrar que era capaz de cumplir mi propio desafío».

Iosu inició junto a las sombrías aguas de la bahía de Prudhoe, en Alaska, un periplo que planeaba realizar en seis meses y que al final terminó haciendo en once. Canadá y Estados Unidos son países caros, así que la primera etapa del viaje la cubrió en apenas mes y medio. En México vivió su primer traspié serio en forma de enfermedad y también su primera experiencia gratificante como viajero. «Una antropóloga mexicana con la que había contactado en Vancouver me llevó al hospital y se ocupó de mí hasta que me recuperé. La mujer apenas me conocía, pero me trató como si fuese de su familia».

El momento más crítico

Dos meses y medio permaneció Iosu en México, un país del que se declara entusiasta militante. «Yo viajaba en sentido contrario al de la corriente de trabajadores que suben para cruzar hacia Estados Unidos y la experiencia fue maravillosa: comprobé, una vez más, que la gente más humilde es también la más generosa». En Belice volvió a caer enfermo. Había contraído unas fiebres tifoideas y permaneció ingresado un mes entero en otro hospital. «Fue el momento más crítico porque estuve pensando en dejarlo», recuerda. De nuevo la solidaridad y el apoyo de gentes a las que acababa de conocer compensaron aquel amargo trago.

Salió de la convalecencia muy debilitado, aunque también con una nueva forma de ver las cosas. «Aquello me proporcionó una mayor fortaleza interior», confiesa. Atravesó todo Centroamérica y se internó en Colombia. Coincidía en algunas etapas con otros viajeros que también recorrían el continente. «El viaje es como un 'facebook' interactivo porque vas estableciendo lazos y tejiendo una red de relaciones increíblemente extensa». La aventura concluyó en mayo de 2007 en Buenos Aires. «Había estado casi un año viajando y el síndrome posvacacional que me entró me duró meses», bromea.

Cuando regresó a Madrid no conservaba ni trabajo ni chica. Tantos meses de viaje, además, le habían marcado. «Te da otra perspectiva, aprendes a relativizar las cosas. A mi padre le han detectado un cáncer y estoy seguro de que antes no hubiese sido capaz de asimilarlo como lo he hecho ahora».

Iosu ha tardado casi tres años en montar un documental con las imágenes que grabó entonces. La película se llama 'La costura de América' y se ha empezado a proyectar este año en España. Los beneficios irán a parar a una ONG que apoya a los niños hondureños, 'Horizontes al Futuro'. La aventura le enseñó que no necesita mucho para vivir. ¿Proyectos para el futuro? «Encontrar algo que me permita ganarme la vida mientras viajo». Lo tiene claro.

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