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Cada cinco días roban un galgo en la comunidad

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VÍCTOR M. VELA | VALLADOLID.

Pobres galgos. Perra vida. Tan queridos como para ser robados, tan odiados que los abandonan. «Estoy convencido. Es la raza más maltratada». Lo dice Fermín Pérez, presidente de la protectora de animales Scooby, en Medina del Campo. Y con conocimiento de causa, claro. En las instalaciones de la protectora tienen, ahora mismo, 150 galgos. Todos abandonados. Y en estas fechas, asegura, con la temporada de caza en un momento de escopetas bajadas, más que nunca. «Cada día nos llegan dos o tres galgos». O les llaman diciendo que han visto alguno solo, abandonado, deambulando por las calles. De vez en cuando, incluso, colgados de un árbol. Ahorcados. Muertos. Cada vez menos, pero... Pobres galgos, perra vida.

¿Y por qué? «Siempre ha sido un perro de usar y tirar. Así lo ha visto mucha gente. Lo utilizaban para cazar y cuando ya no servían... Y como además, la mayoría de los dueños no los tienen en casa, no les cogen cariño, el abandono no se les hace tan duro. Y sobre el galgo también pesan tradiciones atávicas. Que si se para, que si es un animal sucio...», explica Pérez. En fin, carne de penurias.

Además de los que guarda en la protectora, Fermín tiene siete galgos en su casa. Siete. «Y todos lisiados. El que no está ciego tiene tres patas... Y los tengo todos en mi casa de 50 metros cuadrados, con patio. Por la noche entran a dormir, juntos. Eso es algo que con otros perros no podría hacer, pero el galgo no da ningún tipo de problema en este sentido. Son muy nobles. Muy limpios. Tremendamente agradecidos».

Los adjetivos de cariño también se escapan de la boca de Lorenzo Masero, presidente de la Asociación Regional del Galgo Español (450 miembros). «Es un animal bastante cariñoso y de carácter bueno, se adapta muy bien a la gente. Y es muy limpio, no ensucia, no suelta pelo, no te mea en cualquier sitio», explica desde Zamora. Entonces, ¿qué tiene el galgo?

Cristina García Moreno, de la ONG Galgos sin fronteras, lo tiene muy claro. «El galgo ha tenido la desgracia de nacer, ser cuidado y morir en el seno de unos dueños que los ven como meras herramientas de usar y tirar. Ésa es su desgracia. Quienes cazan con galgo le exigen una perfección máxima, enfermiza. Así que a la mínima, porque corren menos o vete a saber, entonces ya no les sirve».

García Moreno describe un diario del horror. «Hay muchos que matan a los galgos machos justo al nacer, porque corren menos que las hembras. Si llega a adulto, la vida media de un galgo es de dos años. Un galguero me llegó a decir que un galgo le duraba dos liebres, que a la tercera ya no corría como a él le gustaba. Los tratan como a objetos. Hablan de ellos como si fueran ruedas o cuchillos. Que si es un galgo sucio, que si es nuevo...», asegura García Moreno, quien da una solución: «Que se prohíba la caza con galgos, como en otros países europeos», sentencia.

Más ruido que nueces

Cristina -tiene una galga, Dulcinea, a la que encontró medio ahorcada en Toledo- comenzó a trabajar con una protectora de animales hace veinte años. «Los galgos siempre han sido el animal que entraba más maltratado y en peores condiciones, así que decidí crear algo más específico». Así nació Galgos sin fronteras. «Recogemos a los animales, los desparasitamos, los cuidamos y después, los damos en adopción (sobre todo en los países del norte de Europa, cada vez de una forma más frecuente aquí en España)». Hacen lo mismo en Scooby. Fermín Pérez cuenta que allí, el 50% de los perros que tienen son galgos. Y el resto, la mayoría, perros de caza. «Seré claro. Aquí en España tendríamos los mismos datos de abandono animal que en el norte de Europa si no fuera por las razas de perros cazadores».

Santiago Iturmendi, presidente de la Federación de Caza de Castilla y León, defiende que «es más el ruido que las nueces. No creo que sea para tanto. Hace 25 o 30 años los abandonos sí que eran más comunes. Era habitual ir por el campo y ver los perros. Hoy ya no. Y menos en un momento como éste, en el que la población de liebres está diezmada y muchos cazadores ni siquiera crían ya galgos», asegura. En cualquier caso, añade que el abandono es un comportamiento «aborrecible, que hay que erradicar, no sólo entre los cazadores, sino también en el conjunto de la sociedad. También al final del verano vemos cómo se abandonan sobre todo cachorros y gatos en lugares de veraneo. En Menorca, por ejemplo, tienen un problema muy grande con los gatos que, abandonados, se vuelven salvajes».

«Al final -remacha- es un problema de conciencia. Y creo, aunque es un tópico, que el perro es el amigo más fiel del cazador. Antes puede que hubiera cazadores que pensaban que su animal sólo tenía derechos durante la temporada y que luego ni siquiera se merecían la comida. Ahora no creo que sea así», concluye.

«Habrá quien lo hace -prosigue-, pero es un porcentaje muy pequeño de lo que se hacía antes, cuando no sólo se abandonaban muchos perros, sino también ovejas, cabras, cerdos. Esos también se abandonan. O se abandonaban. Lo que pasa es que el galgo tiene una carne más dura, los zorros u otros animales no se los comen, y el esqueleto dura más. Por eso parece que se abandonan o sacrifican más galgos. Pero eso era antes. En quince años con galgos, yo no he matado a ninguno. Y si alguno no me ha servido, siempre lo he dado. Nunca he matado a ninguno ni lo haré».

Pero no sólo se abandonan. También se roban. Cada vez menos, aseguran los criadores y confirman los datos de la Guardia Civil. Pero aún así, el año pasado, los cuarteles de la Benemérita registraron 126 denuncias en la comunidad, la mayor parte de ellas en las provincias de Valladolid y Salamanca. «Tuvimos años muy malos», recuerda Masero. A él le han robado en tres ocasiones. Seis perros en total. «Hubo una temporada horrible, te entraban a cualquier hora del día o de la noche. Les daba igual». ¿Quién? «Mafias», responde rotundo. «Los usan para apuestas, incluso para revenderlos». ¿Por cuánto? «El precio es muy relativo, pasa igual que con un caballo, que depende mucho. Se pueden pagar desde 3.000 euros. Y por los galgos buenos, los de buena fama, que hayan corrido en campeonatos, hasta 30.000», añade Masero, propietario de 16 de estos animales. «La cría es un proceso complicado que necesita mucho tiempo. Para que sea competitiva una hembra tiene que tener más de 18 meses, 24 para un macho. Así que estar criando un perro durante dos años y que luego te lo roben....», asegura el presidente de la Asociación Regional del Galgo Español, un colectivo que quiere «la mejora genética de la raza, que se ha ido desmejorando desde hace años por los cruces».

Mercado negro

Fermín Pérez apunta más allá. «Se roban perros porque hay un mercado negro de gente que los compra. Y podría decir que son los mismos cazadores, los propios galgueros quienes alimentan y alientan ese mercado. Es verdad que hay mafias montadas, que ojean los perros, que saben cuáles son los buenos. Y los roban. Pero es que luego esos galgos robados aquí en Medina se venden en Sevilla. O al revés», asegura Pérez.

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