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«Mi mayor premio sería dar el Gordo»

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Délica Díez ha sido distinguida por la ONCE como la mejor vendedora de Vizcaya y una de las mejores de España

GUILLERMO ELEJABEITIA | BILBAO.

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Tras el cristal de una cabina de lotería de unos céntricos grandes almacenes de Bilbao, se esconde la sonrisa inquebrantable de Délica Díez, nada menos que la mejor vendedora de cupones de Vizcaya y una de las mejores de España. Hace unos días recibió un cálido homenaje en Madrid junto a una treintena de compañeros de todo el país que se han ganado la distinción de la ONCE, no sólo por vender muchos cupones, sino también por hacerlo con el cariño, la gracia y la amabilidad con la que lo hace Délica.

Su modestia le impide alardear del premio, pero se la ve orgullosa y confiesa estar «muy contenta de que valoren mi trabajo». La que no cabe en sí de gozo es su madre: «Para ella siempre ha sido un orgullo que yo esté dentro de la ONCE, ha sido el alivio más grande de su vida», afirma. Délica Diez Corrales tiene una discapacidad en la mano y el pie derechos, y trabaja con la ONCE desde hace una década.

Este premio que concede anualmente la organización se basa en criterios de excelencia en la atención al público, en la buena imagen personal, el servicio al cliente, en la explotación del punto de venta y también la regularidad en los niveles de venta. Para Délica no ha sido difícil cumplir esos requisitos, «es que me gusta mucho mi trabajo», asegura. Lo que más valora es el trato con la gente, «el tú a tú, conocerles por su nombre…». Después de diez años en el mismo puesto ha llegado entablar una relación muy estrecha con sus parroquianos, hasta el punto de que «a veces me siento un poquito psicóloga -confiesa-, porque hablas con ellos todos los días, te cuentan sus problemas…».

Hasta hace un par de meses, Délica vendía cupones en plena Gran Vía, junto a la sede de la BBK y muy cerca de la Diputación. Un enclave privilegiado, pero a la intemperie. «No te puedes imaginar lo que cuesta estar en la calle tantas horas al día, haga frio o llueva…» Si pasaban por allí habitualmente, es probable que recuerden su cara alegre ofreciendo suerte. «La gente no tiene que ver tus problemas», dice Délica, «tienes que transmitir ilusión y alegría, porque eso es el cupón».

Estar en pleno centro financiero de la ciudad, ¿repercute en las ventas? No necesariamente: «Por esta zona pasa gente de todo tipo, gente con dinero y gente más humilde». Lo que sí recuerda divertida es haber vendido cupones a famosos como Lolita, Concha Velasco o Bibiana Fernández. Pero ella, toda naturalidad, asegura que «trato a todos igual, porque ellos se ganan su trabajo en la tele como yo me lo gano a mi manera», dice con la seguridad de quien se sabe un as de su profesión.

Después de 10 años al pie del cañón, sólo lamenta no haber dado nunca un gordo. «Di una vez un premio de cuatro cifras», recuerda, y le haría muchísima ilusión poder corresponder la fidelidad de sus clientes con un buen pellizco. «Ojalá dé un gordo, porque este premio que me ha dado la ONCE es por ellos, por toda la gente que me ha comprado y ha estado ahí día tras día, en la calle y ahora aquí». Desde el 21 de diciembre, Délica ya no vende más a pie de calle, ahora ocupa una cabina a la entrada de unos grandes almacenes. «Aquí tengo calefacción en invierno y aire en verano, la verdad es que me siento una privilegiada», reconoce. «En la calle ofrecía más, aquí tienes que esperar a que la gente se acerque», pero eso no es obstáculo para la mejor vendedora de Vizcaya. Los cristales que ahora se interponen entre ella y sus clientes no han mermado ni un ápice su cercanía.

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