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El medallón de la libertad

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Cruz Roja vela día y noche por la seguridad de más de ocho mil albaceteños gracias a su servicio de Teleasistencia

DOLORES CARCELÉN | ALBACETE.

Manuela vive sola en su apartamento de la calle Arquitecto Fernández. Tiene parte del lado izquierdo paralizado, pero su discapacidad le aporta una fuerza interior que le ha permitido ponerse al mundo por montera. Se convirtió en divorciada, sin quererlo, cuando en Albacete era algo anecdótico; sufrió un ictus cuando no tenía ni cincuenta años y hoy vive con menos de ochocientos euros al mes. La vida le ha dado dos zarpazos, la pérdida de su marido y la hemiplejia, sin embargo se siente una mujer feliz e independiente, orgullosa de sus dos hijos y de sus tres nietos. Siempre lleva colgado del cuello un medallón que le ha salvado la vida en dos ocasiones. Se trata de un dispositivo de Cruz Roja que está presente en 8.120 hogares de la provincia de Albacete.

El Servicio de Teleasistencia se ha convertido en un símbolo de libertad. Con sólo apretar un botón, se pone en marcha todo un dispositivo. Cuando Manuela se cayó en su casa por primera vez, no llevaba puesto el colgante, pero pudo arrastrarse, alcanzarlo y pulsar. Acto seguido, empezó a funcionar el manos libres del teléfono fijo. Al otro lado, un trabajador de la ONG le preguntó qué había pasado e inmediatamente avisó a la persona más cercana con llaves de su casa, un vecino que la levantó y pudo comprobar que todo estaba bien.

El Servicio de Teleasistencia se ha convertido en el ángel de la guarda del siglo XXI, ya que, como una tela de araña, llega a los 87 municipios de la provincia, desde Albacete capital hasta Nerpio, donde tiene 36 usuarios, o Villa de Ves, donde atiende a tres personas. Los 8.120 terminales, con sus medallones, están conectados a una centralita que se encuentra en Guadalajara. Desde allí, se atienden las llamadas de los usuarios y se les hace un control periódico, pero los trece trabajadores sociales de Albacete, los nueve instaladores y los quinientos voluntarios de Teleasistencia son quienes aportan calor humano al servicio, acudiendo a cualquier llamada, ya sea para hacer compañía o para responder a un grito de ayuda.

No nos moverán

La idea no es otra que evitar que estas personas, por su edad o su discapacidad, acaben en una residencia, cuando lo que quieren es permanecer en sus casas, donde están sus recuerdos, vecinos y amigos. Así lo ponía de manifiesto a este diario la directora de Intervención Social de Cruz Roja, Gloria Salinas, quien recordó que el Servicio de Teleasistencia comenzó en 1993, con quince beneficiarios. Cinco años más tarde, en 1998, ya contaba con 1.500 usuarios y hoy cuida de más de ocho mil hogares. Ahora este servicio lo sigue prestando Cruz Roja, pero lo financia la Consejería de Salud y Bienestar Social.

El medallón aporta «tranquilidad y seguridad» a las personas que viven solas, ya se trate de ancianos centenarios o de jóvenes discapacitados. Cuando sufren una caída en casa, si se encuentran mal, si necesitan hablar o se sienten solos, sólo tienen que pulsar un botón para que al otro lado del aparato suene una voz. Cruz Roja se encargará entonces de enviar el recurso más adecuado, ya se trate de un médico, un familiar o un voluntario. No se trata de estar solo, porque la mayoría tiene familia, sino de querer vivir con independencia. «En la lista de las personas a las que hay que llamar si me pasa algo están mis hijos, la chica que viene a limpiar y vecinos que tienen llave», explicó Manuela, quien quiso aclarar que también cuenta con el apoyo de dos nietos y una nieta.

Cuando comenzó el servicio, era difícil conseguir usuarios, pero ahora cada vez son más y más mayores. Personas como Manuela, que lleva el medallón desde hace más de doce años, han animado a otras a unirse al club de la teleasistencia. Y es que no todo se resume al medallón, también se organizan excursiones, cursos y talleres. Ahora los retos están en conseguir que los usuarios mayores entiendan los móviles y consigan navegar por Internet. Manuela ya está en ello.

 

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