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Educación contra la pobreza

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19-12-2011e3En una elegante veranda con alfombra roja, la vicepresidenta de Malawi, Joyce Banda, recuerda que su amiga de la niñez, Chrissie Mtokoma, siempre era la mejor estudiante del grupo y que ella se esforzaba por superarla. Pero eso es parte de la historia.

Varias décadas después, Banda es una posible aspirante a la Presidencia de este país en 2014, mientras Mtokoma sigue en la pobreza.

"Mtokoma fue a la escuela en el pueblo y yo en la ciudad", relató la mayor figura política femenina de Malawi. "Regresaba los viernes de noche y Chrissie me esperaba al costado del camino", recordó.

"En la escuela del pueblo, Chrissie fue la mejor de la clase hasta octavo grado", dijo a IPS. "Yo siempre era la segunda o la tercera, siempre luchando por pasarla. Pero no pude", recordó.

Las dos fueron aceptadas en prestigiosas escuelas secundarias. Pero a mitad de año, Mtokoma tuvo que abandonar.

"Su tío no pudo pagar el segundo semestre. Ahí se terminó todo para Chrissie", relató. "Volvió a la aldea y entró en un ciclo de pobreza, ignorancia, matrimonio y maternidad precoces. Para cuando terminé la escuela, ella ya tenía quizá cinco hijos. Y hoy está donde la dejé", añadió.

Banda señaló que pudo seguir estudiando gracias al sueldo de clase media que recibía su padre por ser policía. "Así que seguí, terminé y ahora soy vicepresidenta de este país", dijo a IPS.

"Chrissie quedó atascada en la aldea y en la pobreza. Eso me enoja. ¿Por qué estoy aquí y ella no?", preguntó.

Al llegar a la edad adulta, los recuerdos de la infancia hicieron que Banda prestara atención a los beneficios de la educación, y en especial a sus posibilidades económicas, a la creación de las cuales dedicó gran parte de su vida.

Las mujeres de Malawi alcanzaron logros significativos en los últimos años en la lucha por la igualdad de género.

La representación en política aumentó, por ejemplo. En las elecciones federales de mayo de 2009, la proporción de legisladoras en el Parlamento pasó de 14 a 22 por ciento. Además es fácil encontrar mujeres entre los empresarios, pese a que son la minoría.

Pero la cantidad de mujeres pobres sigue siendo desproporcionadamente grande. En 2004, solo 25 por ciento de los hogares estaban encabezados por mujeres, sin embargo estaban en el 58,4 por ciento de los más pobres, según la Oficina Nacional de Estadística. Además están muy mal representadas en cargos de decisión económica.

Banda y otras dirigentes sostienen que la clave para resolver el problema es poner más dinero en manos de las madres.

Seodi White, coordinadora nacional de Mujeres y Ley de África Austral, recordó su participación en las primeras marchas femeninas realizadas a fines de los años 90. Después de más de una década queda mucho por hacer, remarcó.

Pequeñas cifras de dinero pueden crear oportunidades que cambian la vida de las mujeres más desfavorecidas del país, señaló White. Su organización realizó un experimento en una aldea del distrito de Mangochi que consistió en entregar el equivalente a 110 dólares a las mujeres, quienes podían hacer lo que quisieran con el dinero.

"Descubrimos que no eran manos haraganas", indicó White.

Una mujer hizo dulces que vendió en las escuelas de la zona, otra preparó y vendió pequeños bizcochos, y una tercera invirtió en una operación con tabaco.

Lograron ganar suficiente para mantener sus pequeñas actividades e invirtieron el resto en artículos útiles para la familia como mantas para los niños, chapas para mejorar el techo de paja y productos como sal y azúcar, antes suministrados solo por sus maridos.

"Esa capacidad puede generar un grado de decisión en el seno de la familia y la comunidad que es factible que tenga un efecto en cascada en el país", remarcó.

También mencionó instituciones financieras como el Grameen Bank, de Bangladesh, que repetidas veces demostró que es significativamente más probable que las mujeres destinen dinero a abatir la pobreza invirtiendo en salud, educación y en mejorar sus actividades, que los hombres.

"Las mujeres están entrenadas para cuidar a otros", señaló. "Muy pocas destinan el dinero a su bienestar personal", apuntó.

Al costado de un camino en Blantyre, un grupo de mujeres que vende pedazos de plástico conversa sobre sus deseos laborales. Primero en la lista de todas está invertir o conseguir un pequeño préstamo.

Cecelia Goba, de 40 años, y Ellen Mawuwa, de 35, señalaron que usarían el dinero para importar y vender mercancías de países vecinos como Mozambique.

"Compraría ropa fuera del país y la vendería aquí", señaló Mawuwa. "Tenemos amigas que hacen eso y les va bastante bien", apuntó.

Numerosas organizaciones no gubernamentales ofrecen en Malawi microcréditos como los que hicieron famoso al Grameen Bank y a su creador el premio Nobel Mohmmad Yunus. El nuevo Partido Popular de la vicepresidenta lanzó la iniciativa Triunfadoras Naranjas, que apunta a maximizar la capacidad económica de las mujeres.

Pero la oferta no puede satisfacer la demanda. La directora ejecutiva de la Asociación Nacional de Empresarias, Mary Malunga, explicó que hay otros desafíos que deben afrontar las mujeres si quieren lucirse en el mundo profesional.

"Las mujeres deben trabajar 10 veces más duro que los hombres para probar que pueden realizar la misma tarea que ellos", explicó. "Los papeles sociales y culturales asociados a ellas hacen que no sean respetadas en posiciones de liderazgo", añadió.

"Para llegar hasta donde me encuentro hoy recurrí a las tres P: paciencia, perseverancia y plegaria", señaló Malunga, una exitosa empresaria. "Debes perseverar frente a todo tipo de desafíos y obstáculos, que a veces te harán pensar que nunca alcanzarás los objetivos propuestos", añadió.

"Determinación, determinación y determinación", remarcó White, coincidiendo con Malunga, y añadió que eso puede significar sacrificar otros aspectos de la vida, como tener novio. Quedar embazada puede ser el fin de los sueños de una joven.

Mientras, en las oficinas de la vicepresidenta en Blantyre, Banda reitera que las posibilidades económicas son el camino hacia la educación y la prosperidad. Pero eso no quiere decir que todo el mundo deba esperar un favor.

"Mi consejo para las mujeres jóvenes es que tenemos la obligación moral de lograrlo", indicó Banda.

"Sin importar los desafíos, tenemos que seguir adelante, tenemos que continuar. Es nuestra responsabilidad para poder impulsar a nuestras congéneres", sostuvo. (ips)

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