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Casi treinta años dedicados a la educación en el continente africano

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Llegó al continente africano en 1982 tras un llamamiento del Papa al Proyecto África. “Lo pedí y me lo concedieron”, señala Sor Bernarda García (Las Palmas, 1949). Desde entonces han transcurrido 27 años de dedicación y entrega. Inició su periplo en Togo, en donde ejerció de ecónoma y responsable de la comunidad llevando adelante la fundación de una obra que las salesianas organizaron en Lome. La educación y concretamente la promoción de la mujer, han centrado su actividad en estos 27 años de dedicación, “creo que la educación es la base del desarrollo de los pueblos”, argumenta. En 2007, Sor Bernarda fue nombrada Ecónoma Provincial del África Occidental (Togo, Benin, Costa de Marfil y Mali). Allí ha coordinado en los últimos años varios proyectos financiados por Manos Unidas. “En Mali hemos construído pozos, varias escuelas, una Maternidad y desarrollamos un proyecto de formación de educadores”, recuerda, “porque nuestro cometido no es darles el pescado, sino enseñarles a pescar”, subraya.

Su visita viene abanderada por el mensaje de que “el dinero de Manos Unidas sí que llega”, incide, “es una estrategia muy buena la de hacer campañas con el testimonio de misioneros porque eso acerca la realidad de África a España”. Y no sólo llega el dinero, “Manos Unidas se encarga de realizar un seguimiento de todas las obras y de controlar que las cosas estén hechas”, añade la misionera. De la forma de trabajar de la ONG también alaba la apuesta por los agentes locales. “El equipamiento de los centros se los compramos a una escuela de formación profesional de los salesianos de manera que puedan dar continuidad a su trabajo”, señala para añadir que todos los profesionales que trabajan son autóctonos.

Mujer > La situación de la mujer en África ha sido el principal caballo de batalla de Sor Bernarda y de su congregación en estos 27 años de estancia en el continente. “Las mujeres están marginadas, las niñas pequeñas tienen que ir a por agua, leña o cuidar a sus hermanos antes de ir al colegio, las que tienen el privilegio de poder ir”, subraya. En cuanto a la mujer adulta, la tasa de analfebetización es altísima. “En Costa de Marfil tuvimos que hablar con el jefe de un poblado para que convenciera a todos los maridos para que dejaran ir a sus mujeres a la escuela”, recuerda. Se trata de un proyecto de sensibilización para que la educción llegue tambien a las clases más bajas.

Otro fenómeno que está tomando una gran dimensión en Costa de Marfil, es el de las niñas brujas. “En estos países cuando hay alguna desgracia en alguna familia, siempre tiene que haber un culpable. La ignorancia les hace consultar con hechiceros o sectas que golpean a las niñas hasta que confiesan haber cometido faltas o delitos que no han hecho en realidad”, dice. Desde ese momento son tratadas como brujas y repudiadas por sus familias. Las salesianas las acogen en su Casa de Acogida junto con niñas de la calle, huérfanas y prostitutas y les enseñan un oficio con el que puedan valerse por sí mismas.

El horror de estas circunstancias comparte un lugar en el presente de esta misionera con estampas más esperanzadoras. Y es que si algo bueno se queda de África es la educación. “Creo que es la base de toda persona. Si tú los educas, ellos han demostrado que pueden cambiar y mejorar” dice, al tiempo que recuerda la limpieza que han logrado mantener en uno de sus centros, algo inusual en los países africanos. Recordando precisamente la realidad de países como Mali incide en la necesidad de cambiar de actitud y adquirir mayores responsabilidades en el cuidado de la naturaleza, línea que sigue la Campaña contra el Hambre de Manos Unidas este año, “Contra el hambre, defiende la Tierra”, cuya cuestación tendrá lugar el próximo 14 de febrero.

Sor Bernarda partirá rumbo a Santiago el lunes para visitar a continuación Vigo y Coruña. Su estancia en España tiene billete de regreso: el próximo 26 de febrero espera estar de vuelta en África, de donde por el momento, no se plantea el retorno. “Hasta ahora en mi pensamiento no está el volver, todavía me queda mucho por entregar a aquella gente”, señala. Y es que ya se sabe “cuando a uno le pica el virus de África...”. Deja la frase inconclusa porque, quien sabe, quizás sea para siempre.

 

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