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Una madre de Gandia pide un educador para que su hijo discapacitado pueda ir al instituto

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Una vecina de Gandia ha denunciado la ausencia de una profesora de educación especial en el Instituto Veles e Vents del Grau, al que asiste su hijo, afectado por una enfermedad degenerativa que le obliga a ir en silla de ruedas y a ser completamente dependiente.
El menor, de 13 años de edad y con una distrofia muscular, cursaba sus estudios hasta ahora en el colegio Joan XXIII. Aquí entró con cuatro años y ya entonces su madre, Ramona Santos, llamó a miles de puertas para conseguir que el pequeño contara con los servicios de una educadora.
LAS PROVINCIAS se hizo eco en su momento de la reivindicación de Ramona, y las autoridades cedieron a la presión.
Así, su hijo pudo comenzar a ir a la escuela gracias a la presencia de esta educadora. Sus atenciones van desde llevarle al servicio y darle el almuerzo, hasta sacarle los libros de la mochila y abrirlos por la página que indique el profesor de turno. Durante estos nueve años, más niños con discapacidad física se han matriculado en el colegio Joan XXIII, precisamente por el hecho de poder disponer de un servicio especial adaptado a sus necesidades.
Pero ahora, el hijo de Ramona sale del colegio para comenzar la Secundaria en el instituto, donde dejará de contar con una educadora que le atienda durante toda la jornada escolar.
"Ahora, mi hijo sólo será atendido durante una hora y cuarto al día, el tiempo en el que la educadora vaya del colegio al instituto", explica esta vecina de Gandia, quien también lamenta que durante esa hora, "los niños del Joan XXIII estarán desatendidos. Sin ir más lejos, el otro día una de las niñas de infantil del colegio se hizo sus necesidades encima en el tiempo que la educadora estaba con mi hijo". Por ello, pide que se amplíe el servicio para dar respuesta a todos los menores dependientes.
Ramona Santos explica que desde el centro de secundaria, la alternativa que le dan los profesores es que sean los propios compañeros de clase los que suplan la ausencia de la educadora, ayudándole a abrir los libros, a comerse el almuerzo en el recreo, etc.
"Pero están en una edad difícil, a mi hijo le da vergüenza y muchos de sus compañeros no están por la labor, aparte de que no tienen por qué hacerlo", señala la madre, quien critica que Conselleria "hable tanto de integración pero luego no ponga los medios para conseguirla".

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