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A tomar ¿algo? en silla de ruedas

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4-08-2010_ima1
SALIR a tomar algo por el Casco Viejo de Pamplona puede convertirse en "toda una odisea" si para desplazarse hay que utilizar una silla de ruedas. Así lo comprobaron y confirmaron ayer por la mañana siete miembros de la Asociación Navarra de Esclerosis Múltiple (Ademna). Como Iñaki Etxegarai Garaicoetxea, de 46 años. La frase entrecomillada anterior es suya. "Si no llueve y no hace frío, aún te puedes quedar fuera", indicaba.

"Pero si quieres entrar, en la mayoría es imposible: hay escalones, puertas demasiado estrechas, el baño no está adaptado...", enumeraba. "Si no vas con amigos que te ayuden, para estar de mero espectador, sin poder participar y hacer mala leche, al final no sales y te quedas en casa", reconocía.

Se trata de una iniciativa de la Federación de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica-Cocemfe con el fin de reclamar a hosteleros y administraciones "un mayor esfuerzo" para hacer accesibles bares y restaurantes. Un esfuerzo en realidad "pequeño, ya que la mayor parte de los problemas viene por el escalón de la entrada" y que beneficiaría también a personas mayores, padres con niños en silleta... y a los propios comerciantes, que "ganarían en clientes".

Para Marta Barrachina Larraza, de 39 años, "poco a poco hay más concienciación y se van adaptando locales". Pero "aún queda mucho por hacer", añadía Vicente Ortiz Sanjuan, de 53 años. "Ni en las terrazas es fácil porque no hay sitio suficiente para moverse con la silla", decían.

Junto con sus compañeros Conchi Jiménez Herrero, Laura Cuevas Durán, Mª Ángeles Arteta Zabalza y Asun Azanza Ochoa, tres profesionales de Ademna -la terapeuta ocupacional Mercedes Polanco, la trabajadora social Judit Pérez y la cuidadora Nati Alcín- y dos voluntarios -Gorka Pérez Recalde y Raúl Mendióroz Martinicorena-, recorrieron algunas calles del Casco Viejo, como San Nicolás, Comedias o Estafeta, buscando bares en los que poder tomar un café sin barreras.

Tras pasar por la plaza del Ayuntamiento, enfilaron por Zapatería y Pozoblanco hasta llegar a San Nicolás, entre miradas curiosas de los viandantes al paso de un grupo tan numeroso. En el primer bar a la vista, Mª Ángeles Zabalza se acercó con su silla eléctrica: misión imposible, había un escalón infranqueable. "Si vienes con gente y con una silla manual, aún te pueden ayudar a subir y bajar", comentaban los afectados. "Pero la eléctrica pesa mucho". Más adelante hubo más suerte; encontraron un bar sin escalones, con la puerta suficientemente ancha y una rampa de suave pendiente para entrar. Uno por uno pasaron dentro del local.

Aún así, profesionales y voluntarios tuvieron que intervenir para acomodarles entre las mesas y pedir las bebidas y los pinchos. Y ya que estaban, se quedaron un rato para disfrutar del momento.

 

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