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Artista español aborda el tabú de la sexualidad de los discapacitados chinos

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El artista español multidisciplinario José Abad Lorente (Murcia, 1970) aborda en su último proyecto el tabú de la sexualidad de los discapacitados chinos, de los que se calcula existen unos 85 millones en el país asiático, la mayoría marginados.

"Tomando como punto de partida que la discapacidad es un tema tabú, y trabajando con una comunidad que está un poco restringida, el tema de la sexualidad es todavía más fuerte, por eso quizás hemos trabajado el proyecto en talleres en los que no enfocamos directamente la sexualidad", explica Abad a Efe.

Nacido en Ceuti y residente en la India, donde dirige la empresa creativa Abadi Art, estudió arte y caligrafía chinos en Pekín y cultura urbana en la universidad londinense de Goldsmiths; ha trabajado en talleres artísticos con seropositivos, discapacitados y otros grupos marginales en China, India y el Reino Unido.

El proyecto, "Yo también te quiero", se inició en mayo en la Institución Mental Guan Ai, a las afueras de Pekín, con seis de sus quince residentes discapacitados mentales -tres hombres y tres mujeres mayores de edad y una chica de 14 años- y está a punto de ver la luz en forma de documental y fotografías.

Los talleres consistían en una serie de actividades con las que los discapacitados podían expresar su identidad sexual escogiendo su atuendo o su comida, una libertad a la que no disponen en su vida diaria, donde se les trata como a niños, explica Abad, con discapacidad del miembro superior izquierdo.

El objetivo era inducir a los participantes a elegir y a explorar el placer y la satisfacción con el fin de crear una identidad y de ser independiente, algo poco habitual en China para este colectivo.

El español co-dirige en el proyecto invitado por la organización Pink Space, fundada en 2007 por la académica y activista lesbiana He Xiaopei como espacio de expresión para la sexualidad en China.

He y Abad indican que la percepción social de la discapacidad está formada bajo una asunción de normalidad, estética física y comportamiento que muestra a los disminuidos como "feos, antinaturales, anormales, dependientes, indeseables o asexuales".

En un país en el que hasta 1980 se denominaba a este colectivo con términos discriminatorios como "can fei", "discapacitados e inútiles", y el más reciente "can ji ren" ("discapacitados") se abre paso con lentitud, abordar su sexualidad es un asunto delicado.

De hecho, explica a Efe Meng Weina, fundadora de la Comunidad Hui Ling para Discapacitados Mentales, la ley china penaliza las relaciones sexuales entre y con discapacitados intelectuales, consideradas violación y penadas con hasta siete años de cárcel.

"En 2003 tuvimos un caso de relaciones sexuales entre dos de nuestros alumnos. Creo que sentían amor mutuo y el sexo era una forma de expresarlo. Era la primera vez que nos encontrábamos con algo así", explica esta cantonesa de 55 años.

Tras entrevistar a los dos por separado y respetar sus sentimientos, decidieron enviar un informe a sus familias.

"De pronto el caso se convirtió en una denuncia por violación por parte de la familia de la chica", prosigue Meng, quien tras releer las leyes descubrió que no contemplaban el caso de una pareja de discapacitados: "Se considera que no tienen consciencia sobre el acto, por lo que cualquier relación con ellos es una violación".

Meng pidió al juez benevolencia por ser un caso especial y éste decidió reducir a la mitad la condena, pero todavía hoy los padres que dejan a sus hijas en el centro piden vigilancia extrema.

"La ley es incorrecta e injusta", concluye Meng, que inició su andadura humanitaria en 1985 inspirada por la Madre Teresa de Calcuta y junto con el hijo minusválido del fallecido líder Deng Xiaopin, Deng Pufang, presidente de la Federación de Discapacitados de China, y de la que Meng se desvinculó por ser muy "burocrática".

A diferencia de los centros estatales para discapacitados, que invierten los fondos oficiales en construir edificios de confinamiento, Hui Ling los ayuda interactuar con turistas, visitar museos, ir de compras y acompañar a los ancianos con el fin de conseguir que sean más independientes y sociables.

Además, desde 2001 y gracias a La Casa Art Profect, cofundada y dirigida por Abad y la artista ecuatoriana Diana Valarezo, los discapacitados participan en terapias artísticas y arte de desarrollo, crean souvenirs para turistas con los que consiguen fondos, una forma de incorporarlos al mercado laboral, el gran reto de este colectivo, cada vez más aceptado en las ciudades.

Hui Ling, con once centros y cientos de voluntarios, acoge a miles de discapacitados mentales de un total de 5 millones en China.

Este grupo se incluye en los 83 millones de discapacitados mentales, físicos, con deficiencias de vista u oído o carencia de alguna extremidad que baraja la Asociación China para Discapacitados Mentales y sus Familiares.

Del total, una cuarta parte reside en las ciudades y el resto en las áreas rurales, atrasadas, carentes de servicios especiales y donde, a diferencia de las ciudades, las familias los considera una carga: "No comprenden por qué uno de sus familiares es así. Se considera una venganza de alguno de los antepasados familiares", explica Meng. EFE mz/mmp/cg

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