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Snoezelen + Alzheimer

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No hay un doctor, una doctora Snoezelen. Inocente de mí, he estado buscando quién fue el inventor de una sala de estimulación sensorial que se ha revelado especialmente útil para tratar enfermedades mentales. Y lo que he podido saber, porque al final (casi) todo se sabe, es que en Holanda, hacia 1966, los especialistas más valientes empezaron a trabajar con unas nuevas técnicas que tuvieron que ser bautizadas de alguna manera. Se inventaron una palabra: unieron "snuffelen", que viene a ser explorar en holandés, con "doezelen", que es dormir o echar una cabezadita. Con el resultado final de "Snoezelen", un nombre difícil para españoles. Que identifica miles de salas que ya hay funcionando, en los países más desarrollados, al servicio de quienes tienen algún tipo de deficiencia, enfermedad o discapacidad.

Alois Alzheimer, sin embargo, sí es un personaje con biografía. Sabemos que hacia 1906, este psiquiatra y neurólogo alemán identificó antes que nadie los síntomas de una enfermedad que, andando el tiempo, sería etiquetada con su apellido. Viene todo esto a cuenta de que el miércoles, en Valencia, comenzó a funcionar la primera sala de estimulación sensorial, Sala Snoezelen, al servicio de los enfermos de Alzheimer. Había una funcionando, al servicio de la tercera edad en general; pero la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Valencia (AFAV) ha sido la primera en implantar esta instalación para que los enfermos asociados, algo más de 2.000 en Valencia, puedan beneficiarse de las nuevas terapias paliativas.

Desde los lejanos años setenta está bien demostrado que la estimulación de los sentidos, a través de las terapias que se imparten en estas salas, ayudan a los enfermos a combatir los efectos, en ocasiones devastadores, de la enfermedad. Bajo la supervisión de especialistas, se consigue retardar el daño cerebral, serenar además a los enfermos. Y todo eso conduce, obviamente, a mejorar su calidad de vida.

Esa es, sin más pretensiones, la noticia que hoy he querido rescatar de la maraña de tensiones políticas, sociales y económicas de la actualidad: una asociación privada no se rinde, avanza y ofrece una mejora. Una noticia pequeña, con repercusión grande, que sobresale. En ese campo anónimo, silencioso quizá, de los enfermos de Alzheimer.

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