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Un estudio revela deficiencias graves en accesibilidad escolar

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18-06-2010ima1


Cuando Lorena pasea por una clase, pregunta a los alumnos cuál de sus dos piernas creen que es una prótesis. Los chicos y chicas se la juegan con mayor o menor atrevimiento, con la timidez que impone un tema desconocido y una muchacha que habla sin rodeos. Hecha la porra, Lorena dobla el pantalón y se obra el silencio: tiene las dos piernas amputadas y nadie se había dado cuenta. Ese es el mensaje adosado a la actividad que la Asociación de Amputados Sant Jordi lleva cuatro años organizando en las escuelas de Barcelona, esto es, la necesidad de que la sociedad se dé cuenta de que una persona con discapacidad debe y quiere pasar desapercibida, entre otras muchas cosas, porque puede llevar una vida igual de intensa que cualquier otro individuo.

El deseo es cristalino, pero las barreras arquitectónicas mantienen lejos esta meta que hace pocas décadas era pura quimera. Los propios centros escolares, sin ir más lejos, son los primeros en poner palos en las ruedas. Según esta asociación que preside Pilar Díaz, solo dos de los 29 centros escolares donde han impartido estas charlas teóricas y prácticas son completamente accesibles para personas con movilidad reducida. Si se quiere ir un poco más lejos, ni uno solo de los colegios está preparado para personas que sufren alguna discapacidad sensorial.

Con solo un 7% de esas escuelas adaptadas, es fácil que los niños no conozcan la realidad de este colectivo; no tanto por ausencia de voluntad como por falta de observación o de empatía. Arnau y Martí, por ejemplo, son dos alumnos de 12 años del IES Secretari Coloma que quedaron «impresionados» con la actividad. Se dieron cuenta de lo «complicado que es ir por la ciudad en silla de ruedas» y entendieron un poco más las tropelías de la arquitectura.

«ABRIR LOS OJOS» / Por decirlo claro, esas horas que pasaron hablando de prótesis, sillas de ruedas y tópicos estúpidos les sirvieron para «abrir los ojos» y descubrir cosas que les eran invisibles. Su profesora, Roser Llistosella, aseguraba ayer que los alumnos siguieron este curso de realismo «con mucha intensidad» y reconocía que se quedan «muy tocados» con todo lo que les explican y lo que ven.

A la presentación de este cuarto informe sobre accesibilidad escolar acudieron cargos del ayuntamiento –el concejal del Eixample, Ramon Nicolau, entre ellos–, la Diputación y la Generalitat, pero destacó la presencia del expresident Pasqual Maragall, que alabó «el mérito de esta gente, que merece toda la atención de las administraciones». Una afirmación que viene al pelo para comentar la ausencia del presidente del Instituto de Personas con Discapacidad y teniente de alcalde de Acción Social, Ricard Gomà, que delegó en la gerente de la entidad.

Pilar Díaz señaló que los 1.800 estudiantes que han participado en la actividad han juzgado «muy positivamente la experiencia», pero lamentó que en cuatro años no se haya avanzado «nada o casi nada» en algo tan básico como garantizar que todas las personas, tengan las piernas que tengan, puedan ir al cole.

 

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