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La mirada de la igualdad

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12-06-2010ima1


«A mis padres, que lucharon para que yo fuese una niña más entre los otros». Con esa sencilla dedicatoria resume Cristina González Moya una de los objetivos de su último libro, 'El escalón de cristal', un libro que también nos dedica en Braille pidiéndonos que seamos «guerreros de la igualdad», pero eso nos va a costar mucho trabajo porque pocos pueden ser igual que Cristina.

Además de un currículo envidiable, licenciada en Derecho y Música, máster en Economía y algo que demuestra de verdad su valentía en los tiempos que corren, concejala del Ayuntamiento de Granada, Cristina González es ciega. Pero eso es lo de menos para ella; o lo de más, porque ha hecho de una discapacidad que no lo es un caballo de batalla contra la discriminación de las mujeres discapacitadas y se ha inventado un término que quiere acuñar para que todos lo conozcan: el 'discafeminismo'.

Su libro, que presentó ayer en la Asociación de la Prensa, cuenta historias de mujeres maltratadas por la vida «por ser mujeres y por ser discapacitadas», ofreciendo unas cifras de maltrato y violencia que asustan. Y ese es un denominador común entre las mujeres de su trabajo literario, «el maltrato y la violencia desde la infancia, porque parece que una discapacitada no siente dolor, y lo siente más que cualquier otra mujer». Por eso dedica un capítulo entero a esos tabúes en torno a las discapacitadas. Habla de la Infanta Margarita, de la 'Niña de la Puebla', de María Blanchard, de Teresa Claramunt...

Camino por recorrer

Habla de un camino muy largo por recorrer «en el que la sociedad y los hombres tienen mucho que ver, y las mujeres -porque deben ser quienes hablen en primera persona, que no sean otros los que digan qué quieren o qué necesitan-, las que lideren los proyectos en torno a ellas».

La publicación pretende transmitir algunos aspectos desconocidos y realmente crueles, «como el hecho de que siempre aparezca lo anecdótico ante una mujer discapacitada, que se minimice la violencia que se ejerce sobre ellas». Y explica que aún hoy algunos cuidadores, terapeutas y asistentes las tratan como algo inferior. Pero las historias que cuenta en su libro, que se mueve entre la denuncia, la historia, la didáctica y la narrativa romántica que ha sabido recoger como nadie Amalia Villena en sus ilustraciones intercaladas, son un llamamiento a toda la sociedad para que ninguna mujer sea menos igual que otra por ser ciega, por ir en silla de ruedas, por no poder subir escalones sin ayuda, esos escalones de cristal que no son frágiles, todo lo contrario, son duros y en ellos dice que tropieza una y otra vez la mujer discapacitada.

Todo eso lo cuenta Cristina González Moya mirando fijamente a los ojos con los suyos. Desde dentro y desde las páginas de un libro de imprescindible lectura para seguir avanzando en el camino hacia la igualdad.

 

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