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La ubicación de los contenedores en el Eixample elimina su accesibilidad

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En mayo del año pasado, la concejala de Medio Ambiente, Imma Mayol, presentaba en sociedad los nuevos contenedores de basura. La responsable de que la ciudad pase a diario la prueba del algodón decía entonces que el despliegue de la nueva contrata de limpieza era «uno de los momentos más satisfactorios del mandato», ya que cumplía con dos de los principales preceptos ecosocialistas: el reciclaje y la accesibilidad universal. En lo primero, el ciudadano hace lo que puede, pero en lo segundo, la ubicación de numerosos depósitos, sobre todo en el Eixample, sigue privando a muchas personas con discapacidad de ese acto tan casero de bajar a tirar la basura y de paso pasear al perro.
El problema está en los cruces, tal y como puede comprobarse en las fotos. Una persona en una silla de ruedas no puede bajar la acera porque hay un bordillo de unos 15 centímetros. Del mismo modo, tampoco puede dar la vuelta –circulando por la calle hasta el otro extremo– porque ahí suele haber una zona azul, un área de carga y descarga o un aparcamiento de motos. Con darse una vuelta basta. Consell de Cent, por ejemplo. De principio a fin, esta calle tiene hasta 121 contenedores inexpugnables. Estos depósitos se encuentran en la mayoría de intersecciones, cuando la calle gira 45 grados para encauzar la vía perpendicular.


Según Mª José Vázquez, presidenta de Ecom, entidad que representa a numerosas asociaciones de personas con discapacidad física, este es un problema «generalizado y heredado» del anterior sistema. Considera que el error está «en la falta de seguimiento» y denuncia que no ha habido «un protocolo adecuado ni un criterio claro» a la hora de definir los emplazamientos definitivos.

DE PIONERO A INÚTIL / José María Ballesteros, presidente en Catalunya de la Confederación Estatal de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe), alerta de que esta situación «se repite en muchos otros puntos de la ciudad» y lamenta que este «grave error de ubicación» haya convertido «un programa que era pionero en Europa en una idea inútil que ha costado mucho dinero a los ciudadanos». «Invito a la señora Mayol a que intente reciclar un día en silla de ruedas, quizás así se dé cuenta del problema», comparte Ballesteros.
El ayuntamiento, por su parte, asegura que «es consciente de que existe un problema», pero señala que por ahora no se ha recibido ninguna denuncia alertando de este inconveniente. Fuentes de Medio Ambiente añaden que los «escasos» contenedores situados en esos puntos que no son accesibles «no podían colocarse en ningún otro lugar por cuestiones técnicas». Aventurar una cifra sobre cuántos de los 28.000 contenedores son inalcanzables sería arriesgado y poco veraz, pero el repaso de Consell
de Cent da a entender que lo aquí expuesto no es ninguna rareza.

CUESTIÓN DE EMPATÍA / Pilar Díaz, presidenta de la comisión de Urbanismo del Instituto Municipal de Personas con Discapacidad y miembro de la junta de Cocemfe, lamenta que se haya pensado más «en las maniobras del camión de la recogida que en las personas que van en una silla de ruedas» y critica que sea necesario denunciar algo que es de «absoluto sentido común». Díaz reprocha que «la finalidad del nuevo contenedor era ayudar, y hace de todo menos eso». Y concluye: «Es increíble. Es como si alguien quisiera cambiar una cocina de gas por una de vitrocerámica en una casa sin luz».

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