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Golf sin fronteras en Goiburu

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25-04-2010im3


El golf, deporte minoritario y mal conocido hasta hace bien poco, se abre camino en todos los ámbitos sociales. Su progresión en cuanto a jugadores federados crece imparablemente año tras año y cada vez son más los interesados que se acercan a practicarlo. Sin embargo, una de las vertientes más interesantes de su normalización social se encuentra en su adaptación como práctica integradora para las personas discapacitadas.

El club andoaindarra de Goiburu es el único de Gipuzkoa que dispone de una Escuela Especial de Golf Adaptado y junto al de Meaztegi (Vizcaya) son los dos existentes en el País Vasco. La escuela, dirigida por Jon Otaño, se creó siguiendo los patrones establecidos en el proyecto que lleva a cabo la Federación Española, cuyo objetivo es establecer una red de escuelas de este tipo.

En la escuela de Goiburu se imparten cursos de golf a personas con discapacidad física, psíquica o sensorial. El método de enseñanza y los objetivos dependen en gran medida de las necesidades y capacidades de cada alumno. Se ha demostrado que cuando la práctica del golf se aplica terapéuticamente, los alumnos discapacitados aprenden a potenciar y a estimular la concentración, desarrollan la coordinación y mejoran su equilibrio, además de fomentar sus capacidades en un entorno estimulante.

Como asegura Otaño «el golf, aplicado a la educación del individuo, es un método exitoso de ayuda a la integración en la sociedad, que ayuda al discapacitado a alcanzar un escalón más en su evolución personal».

Otaño lleva diez años como profesional en Goiburu, aunque la escuela como tal se creó en el mes de octubre del año pasado. Comenzó impartiendo clases a afectados de autismo, de sordera y a jóvenes con discapacidad física, una experiencia que le llevó a plantearse la creación de la escuela. Hasta este momento ha desarrollado un par de cursos, con grupos de cinco a seis personas. En estos momentos trabaja con jugadores del equipo de baloncesto en silla de ruedas del Salto Bera Bera, al tiempo que prepara la llegada de otro grupo de alumnos afectados de esclerosis múltiple.

El primer objetivo de Otaño y de la escuela es dar a conocer el golf en estos colectivos, tarea nada fácil porque «si en general ya cuesta que el golf sea conocido, en el ámbito de las personas con discapacidad cuesta aún más».

El profesor de la escuela especial de Goiburu asegura que entre sus alumnos discapacitados «no hay dos casos iguales, ni siquiera entre los afectados por la misma discapacidad. En los casos de jugadores en silla de ruedas, las capacidades dependen del nivel donde se produjo la lesión. En general, el golf les ayuda a mejorar el equilibrio y a trabajar la coordinación. Los autistas, que necesitan una atención individual, requieren que el deporte que van a aprender sea muy estructurado, y en este caso el golf les resulta más sencillo porque en realidad se repite un movimiento, el swing. Siempre es la misma secuencia. Los problemas con los discapacitados sensoriales, con los ciegos, por ejemplo, son de otro tipo. Para ellos, el golf es más sencillo que el tenis, ya que en golf mantienen una posición estática y la bola no está en movimiento».

Pese a las dificultades que entraña el aprendizaje, Otaño asegura que «los progresos se notan». Pero los alumnos, sobre todo aquellos cuya movilidad depende de una silla de ruedas, se encuentran con una dificultad añadida a la hora de salir al campo para aplicar lo que han entrenado en la caseta de prácticas. Para subsanar este impedimento, la escuela especial de Goiburu está poniendo todo su empeño en hacerse con una máquina llamada Paragolfer, que permite a estos alumnos jugar casi como el resto de los jugadores. El Paragolfer es un vehículo individual, híbrido de silla de ruedas y boogie de golf, que sujeta al jugador, a la altura de la cintura y de las rodillas, durante el swing. Para Otaño, «conseguir esta máquina sería un logro importantísimo para la escuela y para los jugadores que la necesitan». En estos momentos, la escuela de Goiburu ya está en contacto con el representante de la firma, pero «es una máquina muy cara», se lamenta Otaño. «La escuela no puede adquirir una por sí misma. Necesitamos ayudas sociales. Queremos que los discapacitados salgan al campo, que se integren, que el golf adaptado sea una cosa normal. Con el Paragolfer sería más fácil».

 

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