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“Por aquí no paso”

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La mayoría de los equipamientos culturales y museos de la ciudad no están adecuadamente adaptados para que una persona que esté en silla de ruedas, vaya con muletas o bastones, y pueda acceder a ellos .Parece increíble que en pleno siglo XXI un minusválido se encuentre con dificultades a la hora de acceder a cualquier museo o equipamiento cultural. Pero lamentablemente es así. La mayoría de edificios y monumentos cordobeses presentan alguna barrera arquitectónica que impide el acceso a este colectivo.


Escaleras, puertas pequeñas y algún impedimento más son los que se encuentra una persona con movilidad reducida, en silla de ruedas o con muletas, que quiere disfrutar de lugares destinados a la cultura o al ocio.Así lo explica Antonio Hermoso, presidente de la Federación Provincial de Minusválidos Físicos de Córdoba, quien afirma que “muchas veces no vamos a esos sitios porque sabemos que no podemos ni entrar debido a las barreras arquitectónicas”. Sin embargo, también reconoce que “existe cierta dificultad a la hora de acondicionar monumentos y edificios tan antiguos, pero con conocimiento y técnica se podría hacer”.
De hecho, Fepamic ha elaborado una Guía de Accesibilidad Cultural, que cataloga los edificios en cuatro categorías: completamente accesibles, accesibles con ayuda, accesibles con muletas o bastones, o no accesibles; y donde refleja que los peor acondicionados son los museos de la ciudad.

Museos inaccesibles
Por poner un solo ejemplo, la entrada al edificio donde se ubica el Museo Julio Romero de Torres parece que no va a suponer ningún problema a la hora de acceder a él. Sin embargo, nada más pasar el patio, que comparte con el Museo de Bellas Artes, nos encontramos con un pequeño escalón, que con un poco de ayuda se puede sortear si se va en silla de ruedas, o sin dificultad si la persona necesita bastones o muletas. Pero el verdadero problema está ya dentro del museo, pues una larga escalera da la bienvenida al visitante, y no cuenta con ascensor para poder contemplar la planta superior, como ha podido comprobar El Semanario. Se está planteando instalar este artefacto tan necesario, pero hasta verano no se empezará a reformar este edificio, según informó un empleado del museo.

Otro de los edificios a los que a este colectivo le es casi imposible visitar es el Alcázar de los Reyes Cristianos. Sólo es accesible la entrada, pero pasada ésta empiezan los problemas. Escalones y suelos llenos de piedras que hacen impensable poder disfrutar de uno de los lugares más emblemáticos de esta ciudad.
En cambio, el museo de los Baños Alcázar Califal si está medianamente adaptado. Una rampa hace posible el acceso a esta galería. Una vez en su interior, cualquier persona puede disfrutar de sus encantos. Han colocado rampas para hacer más llevadera su visita a aquellos que no podrían hacerlo si hubiese escaleras. Sin embargo, alguna que otra puerta demasiado pequeña, un inesperado escalón, o rampas algo estrechas, pueden llegar a incomodar. Hermoso declara que “la adaptación no es sólo poner una rampa o agrandar una puerta, es algo más complejo, más trabajado”.

Accesible o imposible
Y es que para que cualquier persona pueda acceder a un equipamiento cultural, éste tiene que cumplir algunos requisitos, como que sea llano, sin peldaños o con una rampa alternativa de pendiente suave, de suelos antideslizantes; las puertas han de ser más anchas de 80 centímetros; los ascensores deben tener un tamaño concreto, y los lavabos tienen que estar perfectamente adaptados.
Estos requisitos muy pocos los cumplen, por lo que el acceso a la cultura por parte de este colectivo es sumamente complicado y en numerosas ocasiones imposible.
Sin embargo, no todo en la ciudad es inaccesible. Las Murallas de la Ronda del Marrubial, la Plaza de las Tendillas, la Corredera o la nueva Biblioteca Central son totalmente accesibles; y Caballerizas Reales o la Plaza de Capuchinos también pero con ayuda, a jucio de Fepamic. Por lo tanto, algunos lugares de la ciudad, sobre todo los que se encuentran al aire libre, sí que se pueden visitar por este colectivo.

Una obra teatral
En cambio, cuando un minusválido decide ir al teatro tiene que tener muy claro que el recinto está acondicionado. El acceso al Gran Teatro no debe suponer ninguna complicación. Pero hay algo que hace difícil su visita. Y es que un hecho tan cotidiano como el comprar una entrada, puede suponer todo un desafío, pues la taquilla se encuentra a una altura adecuada para una persona sin discapacidad, pero para una persona en silla de ruedas, está un poco alta. A pesar de esto, una de las empleadas asegura que reciben a muchos minusválidos en sillas de ruedas.

Un camino muy largo
Córdoba necesita una remodelación de sus equipamientos culturales, ya que la cultura en la capital “no es para todos, sólo para unos pocos. Y es una pena porque es una ciudad con un gran legado histórico y cultural, pero inaccesible para personas con discapacidad”, dice en la Guía de Fepamic.
Según Hermoso, “tendría que modificarse mucho casco histórico, pero también la parte nueva de la ciudad. Hay ciudades como Barcelona o Cáceres muy envidiables en este sentido, pero Córdoba tiene mucho que hacer”.
Sin embargo, el remedio a estos problemas parece que está llegando poco a poco. El Ayuntamiento planea destinar más de 200.000 euros a mejorar la accesibilidad de museos y equipamientos culturales de gestión municipal, que consistirán en adecuación, rehabilitación o mejora de estos edificios.

Unas iniciativas que muchas personas están deseando que se hagan realidad porque el acceso a la cultura debería ser para todos igual.

 

 


 


 


 


La adaptación falta en todos sitios

No sólo los monumentos, museos y edificios culturales presentan barreras para los minusválidos, muchos lugares de interés turístico también son un verdadero calvario para este colectivo. Entre ellos, se encuentra el barrio de la Judería, ya que es un tanto peliagudo ir por allí con una silla de ruedas o con unas muletas o bastones, porque sus adoquines y desniveles pueden pasar desapercibidos para cualquier persona, pero no para ellos. O incluso la Cuesta del Bailío, que debido a su gran escalinata de enchinado cordobés, se hace muy complicado transitar por ella sin ningún tipo de ayuda. Antonio Hermoso asegura que si todo esto se adaptara sería mejor para la ciudad porque “podría ser hasta más rentable, ya que vendrían a Córdoba minusválidos de fuera, que no vienen porque saben la imposibilidad que existe de acceder a muchos monumentos”. El presidente de Fepamic también reclama la accesibilidad en los hoteles, que aunque se califican como adaptados, se olvidan de detalles como el de “colocar las toallas a una altura adecuada”.





 

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