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«En verdad, soy un privilegiado»

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Un murciano figura entre los 24 afectados por malformaciones causadas por la talidomida a quienes el Gobierno indemnizará

ANTONIO PÉREZ MURCIA.

Por primera vez, y casi cincuenta años después de que se retiraran de circulación los fármacos que contenían talidomida, el Estado va a reconocer e indemnizar a las víctimas de unos medicamentos recetados para las náuseas de las embarazadas y que causaron decenas de miles de niños con malformaciones en todo el mundo. También en Murcia. Es el caso de José Riquelme, presidente nacional de la asociación Avite que agrupa a unos 200 afectados y pionero en España de las reivindicaciones de este colectivo.

El acto de Justicia para con estas «víctimas de un atentado farmacológico», en palabras de Riquelme, consiste en una partida presupuestaria de 1.590.000 euros que el Gobierno central ultima para dar entre 30.000 y 100.000 euros, según grado de discapacidad, a 24 afectados de la asociación cuyas malformaciones han sido reconocidas como fruto de la talidomida por el Centro de Investigación de Anomalías Congénitas. «Un primer paso» y «una medida corta» obtenida tras años de reivindicaciones desde que en 2003 se constituyó la asociación y que lucharán por ampliar. «Pediremos que se reabra el protocolo de reconocimiento de afectados para los que hasta ahora no sabían porqué tienen malformaciones», adelantaba ayer Riquelme, reconociendo que muchas víctimas «tienen mucha vergüenza. No lo tienen asumido después de 50 años».

En la Región, Avite tiene contacto con alrededor de cincuenta damnificados por la talidomida, de entre los 3.000 afectados que estima puede haber en toda España.

La talidomida se comercializó entre 1958 y 1961, aunque en España siguió hasta 1963, pese a que ya habían saltado las alarmas en otros países. Esa lentitud de la administración sanitaria española le costó a José Riquelme su pierna derecha. Nacido en 1962, a su madre le recetaron alguno de los hasta siete medicamentos que tenían la talidomida como principio activo. Pese a que ya entonces la relación entre su malformación -denominada focomelia o aleta de foca y por la que nación con un pequeño pie a la altura de la rodilla- y el fármaco era evidente, «el régimen de Franco nos ocultó» y la empresa alemana Chemie Grünenthal productora del fármaco «sigue indemne», porque los hechos ya han proscrito.

Recomendado como sedante para las embarazadas con náuseas, la talidomida causaba daños irreparables en los tres primeros meses de formación del feto, y en función de la semana de gestación en que se tomara afectaba a brazos, piernas, oídos o incluso órganos vitales, por lo que muchos afectados murieron prematuramente. Es por ello que José se considera un «privilegiado» frente a quienes «nacieron sin mano o los que ejercen la mendicidad». Él, que desde que hizo la Primera Comunión lleva una prótesis, puede tapar una malformación que a otros traumatiza. Por ello considera insuficiente «saldar con una indemnización todo el sufrimiento de una vida» y reclama pensiones vitalicias, jubilaciones anticipadas, revisiones médicas regulares y subvenciones completas para sus prótesis como las de otros países.

Desbordado por la repercusión mediática de la filtración del Real Decreto que prepara el Gobierno, José Riquelme teme que salgan «de debajo de las piedras» falsos afectados e invita a todo el que quiera saber más sobre la talidomida a la presentación del libro 'Oscuro remedio', de autores norteamericanos, que tendrá lugar el jueves a las 19 horas en el Casino de Murcia.

 

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