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Una visión de la discapacidad mental

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A la autora francesa Marie-Aude Murail (El Havre, 1954), un fenómeno literario en Francia con más de un millón de libros vendidos, tuvimos el placer de descubrirla en Quina passada! (Empúries, 2002). Desde entonces su obra solo ha llegado a España en contadas ocasiones, como con L’holandès sense esforç (Edebé, 2006), una obra menor en su dilatada trayectoria de más de 80 títulos. Por ello hay que aplaudir la publicación de Simple, una novela que, a imagen y semejanza de Quina passada!, trata sin tapujos algunos de los temas que estarían clasificados dentro de la carpeta del políticamente incorrectos, es decir, difíciles de abordar sin caer en los tópicos de la modernidad.


En Quina passada!, una obra con la que la autora recibió más de una veintena de premios y que ha sido traducida a una decena de lenguas, Marie-Aude Murail abordaba la homosexualidad de forma directa y con una fuerte dosis de humor, un hecho por la que fue duramente criticada. Simple no iba a ser menos. En esta novela la autora se enfrenta a la experiencia que supone que Simple, un adulto de 20 años y con una edad mental de un niño de 3, y su hermano Kléber decidan compartir un piso con tres estudiantes y con ello evitar que Simple deba regresar a un centro de salud mental.


La singularidad de la obra no radica en la temática, genialmente tratada ya en el cine en ¿A quién ama Gilbert Grape?, dirigida por Lasse Hallström en 1993 e interpretada por un espléndido Leonardo di Caprio, si no en la capacidad de la autora de ofrecer una visión que aporta distintos matices: el del progre que acepta a Simple en su casa porque queda bien pero que en el fondo lo detesta; el de la chica joven que lo trata como si fuese su mamá; el del pasota que en el fondo esconde una relación de igual a igual con el «im-bé-cil», como se apoda el propio Simple; el de unos servicios sociales superados, y hasta el de un hermano que a pesar de apostar por cuidar él mismo a Simple acaba sucumbiendo a los deseos del amor y el sexo propios de la adolescencia.


Todo ello, mezclado en sabias dosis, convierte Simple en una obra maestra de la tragicomedia juvenil, un vivo retrato de la maraña de relaciones en que sobrevive la sociedad actual en la que parece que el único cuerdo sea el «im-bé-cil». Simple es, pues, un espejo en el que todos deberíamos reflejarnos alguna vez.

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