Imprimir

ESCUCHAR A LOS POBRES GASOLINA CARA, AGUA CARÍSIMAMISMOS DERECHOS

Escrito por diagramgen on . . Visitas: 420

abc

HOY la labor fundamental de las ONGs con las personas y familias que por la crisis lo están 19-09-2012e1pasando mal es más bien psicológica que económica. Se dedican a escucharles y hacerles caso. Por esa razón, por poner un ejemplo, Caritas, a pesar de haber visto disminuir las aportaciones públicas, las subvenciones de la Generalitat o de los ayuntamientos, el propio Obispado o la Conferencia Episcopal, el trabajo de sus voluntarios es fundamental y, sobre todo, pone en valor este tipo de ONGs que sólo en Castellón ciudad atiende anualmente a más de 15.000 personas.

La crisis también ha pasado factura a estas entidades. Y en esta ocasión hay que extraer una conclusión positiva. Muchas personas y ONGs han vivido de la subvención pública, del dinero fácil.

Ahora permanecen las verdaderamente vocacionales, las que se han forjado y asentado gracias a los valores de la solidaridad, la ayuda al débil, la caridad y no tanto a iniciativas y proyectos sustentados únicamente en cifras y memorias económicas.

Cáritas, como alguna más, está sobreviviendo con la dedicación y trabajo de personas anónimas, que no rechistan por los impagos de la administración y, sobre todo, por la cercanía de su labor, conocen a la perfección lo que precisa el desgraciado. Ayudas directas para sufragar el alquiler o incluso para poder pagar el recibo de la luz -la pobreza no admite de excepciones- son algunos ejemplos de su apoyo pero que insisto no sólo tiene valor económico. Es más el calor humano. Eso no se logra a base de subvención.

COMO quien no quiere la cosa, céntimo a céntimo, el litro de gasolina hace semanas que superó el euro y medio. En las antiguas pesetas, muchas mas de doscientas. A cada incremento del precio de combustibles debería responder el ciudadano con un soberano enfado. Pues no. Los propios vapores de los carburantes provocan un efecto narcótico que atempera y mucho lo que deberían ser protestas cotidianas. Con mas razón para expresarlas que las propias manifestaciones del 15-S. Cada vez son mas los conductores que se dirigen al empleado de la gasolinera y le piden les sirva una cantidad en euros, treinta, cuarenta, a sabiendas de cuanto tiene de autoengaño tal tipo de comanda.

Dejo anotado en este punto que, salvo estricta necesidad surgida en remota y desconocida carretera, huyo siempre de las gasolineras que te obligan, sin descuento alguno, que seas tu mismo quien se sirva el combustible. Entiendo que tal práctica debería estar prohibida. ¿Acaso no es del todo arriesgado manejar una manguera por la que fluye un producto altamente inflamable y peligroso? Del mismo modo que se exige el carne d manipulador de alimentos, otro tanto debería exigirse para aquellos que, como es mi caso, podemos causar un estropicio por nuestra ineptitud en el manejo del surtidor. Y, encima, sin ventaja económica alguna. Situémonos de nuevo ante el surtidor con el propósito de repostar. ¿Para que mirar el indicador del precio? Seguro que es mayor que el repostaje anterior. «¿A cuanto está el barril de Brendt?», le pregunto al gasolinero. «Caro, muy caro», responde evasivo. Tú acabas de escuchar por la radio que ha bajado su cotización e, ingenuo, piensas que los señores de las empresas petrolíferas, habrán sido informadas del descenso por lo que, de inmediato, ordenarán que el refinado ajuste su precio y a tu menguado bolsillo le den un respiro, una pequeña alegría.

De eso nada. Como será el abuso que hasta el ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, ha pedido a las empresas del sector que aflojen sus conocidas querencias alcistas apenas se anuncia un nuevo incremento de la cotización del crudo. Sin embargo, dichas empresas se hacen las locas cada vez que el petróleo, por una de aquellas excepcionales, reduce su costo.

¿Que es cara la gasolina? Más lo es el agua embotellada y nadie parece hacer ni decir nada en contra de semejante latrocinio. Que en algunos casos se convierte en abusador monopolio una vez has traspasado el control de seguridad de un aeropuerto. Lo volví a comprobar el pasado sábado, en el de Valencia, camino de Berlín, formando parte de una nueva edición del Magister Artis, un invento de mi buen amigo José Manuel Gironés.

En las máquinas expendedoras de bebidas, medio litro de agua tiene un coste de euro y medio. Dos céntimos mas barata si la compras en uno de los bares en que te sirven un café con potente efecto laxante y unos bocadillos de jamón cuya gracias no consigues averiguar. En una de las tiendas reparé en la gran oferta que anunciaba en un cartel: medio litro de agua, 1,20 euros.

¿Cara la gasolina? Mucho mas lo es el agua que no tenemos que importar, que la producimos aquí y aquí la embotellamos. Y no pasa nada. Mi recomendación: vaya al aeropuerto debidamente hidratado y comido. Tanto protestar del incremento del IVA, del precio de la gasolina y no se oye ni mu sobre lo que nos cuesta una agua, que es el doble que los carburantes.

LA fiebre nacionalista que está afectando a algunas comunidades autónomas en los últimos meses y que orientan contra el Estado español en forma de ramalazos independentistas no puede suponer, de ningún modo, una concesión de prerrogativas que el resto de ciudadanos no tenemos.

En este sentido podemos entender la masiva celebración de la última «Diada» catalana y su utilización política como una artimaña del Ejecutivo catalán para obtener más fondos estatales.

Los ciudadanos valencianos somos nacionalistas y nacionales, valencianos y españoles como el que más. Por tanto, no tiene ningún sentido que suframos un tratamiento fiscal distinto y que, por el contrario, paguemos el precio de la gasolina más alto de toda España.

Tampoco que algunas autonomías como Andalucía o Extremadura todavía disfruten de las ayudas del PER y nuestra Comunidad, por el contrario, sufra desde hace muchísimos años una injusta discriminación en la financiación autonómica que, unida a la nefasta gestión pública, nos ha llevado a liderar el endeudamiento en España.

Los partidos políticos valencianos tampoco han estado a la altura de las circunstancias durante las últimas décadas. Cuando mandan en la Comunidad Valenciana y en el Estado gobiernan políticos de otro signo, reivindican agua y financiación. En cambio, cuando ambos Ejecutivos son del mismo color esa reivindicación se ahoga.

Perdimos la pasada legislatura con unos hablando del «caso de los trajes» y echando piedras en la gestión autonómica, y con los otros defendiéndose de estos ataques.

Todo ello en lugar de ver y afrontar la grave situación económica hacia la que hemos ido derivando en los últimos años.

Ya es hora de reclamar lo que, legítimamente, nos pertenece. Los movimientos nacionalistas agresivos en Cataluña o País Vasco no pueden desembocar en más prebendas injustas para esos territorios.

La Comunidad Valenciana tiene los mismos derechos y un instrumento en el Estatuto de Autonomía, la denominada «cláusula Camps», para reclamarlos con firmeza. No somos más que nadie pero, desde luego, tampoco menos.

HOY la labor fundamental de las ONG con las personas y familias que por la crisis lo están pasando mal es más bien psicológica que económica. Se dedican a escucharles y hacerles caso. Por esa razón, por poner un ejemplo, Cáritas, a pesar de haber visto disminuir las aportaciones públicas, las subvenciones de la Generalitat o de los ayuntamientos, el propio Obispado o la Conferencia Episcopal, el trabajo de sus voluntarios es fundamental y, sobre todo, pone en valor este tipo de ONG que solo en Castellón ciudad atiende anualmente a más de 15.000 personas.

La crisis también ha pasado factura a estas entidades. Y en esta ocasión hay que extraer una conclusión positiva. Muchas personas y ONG han vivido de la subvención pública, del dinero fácil.

Ahora permanecen las verdaderamente vocacionales, las que se han forjado y asentado gracias a los valores de la solidaridad, la ayuda al débil, la caridad y no tanto a iniciativas y proyectos sustentados únicamente en cifras y memorias económicas.

Cáritas, como alguna más, está sobreviviendo con la dedicación y trabajo de personas anónimas, que no rechistan por los impagos de la administración y, sobre todo, por la cercanía de su labor, conocen a la perfección lo que precisa el desgraciado. Ayudas directas para sufragar el alquiler o incluso para poder pagar el recibo de la luz -la pobreza no admite de excepciones- son algunos ejemplos de su apoyo pero que insisto no sólo tiene valor económico. Es más el calor humano. Eso no se logra a base de subvención.

COMO quien no quiere la cosa, céntimo a céntimo, el litro de gasolina hace semanas que superó el euro y medio. En las antiguas pesetas, muchas mas de doscientas. A cada incremento del precio de combustibles debería responder el ciudadano con un soberano enfado. Pues no. Los propios vapores de los carburantes provocan un efecto narcótico que atempera y mucho lo que deberían ser protestas cotidianas. Con más razón para expresarlas que las propias manifestaciones del 15-S. Cada vez son mas los conductores que se dirigen al empleado de la gasolinera y le piden les sirva una cantidad en euros, treinta, cuarenta, a sabiendas de cuanto tiene de autoengaño tal tipo de comanda.

Dejo anotado en este punto que, salvo estricta necesidad surgida en remota y desconocida carretera, huyo siempre de las gasolineras que te obligan, sin descuento alguno, que seas tú mismo quien se sirva el combustible. Entiendo que tal práctica debería estar prohibida. ¿Acaso no es del todo arriesgado manejar una manguera por la que fluye un producto altamente inflamable y peligroso? Del mismo modo que se exige el carné de manipulador de alimentos, otro tanto debería exigirse para aquellos que, como es mi caso, podemos causar un estropicio por nuestra ineptitud en el manejo del surtidor. Y, encima, sin ventaja económica alguna. Situémonos de nuevo ante el surtidor con el propósito de repostar. ¿Para qué mirar el indicador del precio? Seguro que es mayor que el repostaje anterior. «¿A cuanto está el barril de Brendt?», le pregunto al gasolinero. «Caro, muy caro», responde evasivo. Tú acabas de escuchar por la radio que ha bajado su cotización e, ingenuo, piensas que los señores de las empresas petrolíferas habrán sido informadas del descenso por lo que, de inmediato, ordenarán que el refinado ajuste su precio y a tu menguado bolsillo le den un respiro, una pequeña alegría.

De eso nada. Cómo será el abuso que hasta el ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, ha pedido a las empresas del sector que aflojen sus conocidas querencias alcistas apenas se anuncia un nuevo incremento de la cotización del crudo. Sin embargo, dichas empresas se hacen las locas cada vez que el petróleo, por una de aquellas excepciones, reduce su costo.

¿Que es cara la gasolina? Más lo es el agua embotellada y nadie parece hacer ni decir nada en contra de semejante latrocinio. Que en algunos casos se convierte en abusador monopolio una vez has traspasado el control de seguridad de un aeropuerto. Lo volví a comprobar el pasado sábado, en el de Valencia, camino de Berlín, formando parte de una nueva edición del Magister Artis, un invento de mi buen amigo José Manuel Gironés.

En las máquinas expendedoras de bebidas, medio litro de agua tiene un coste de euro y medio. Dos céntimos mas barata si la compras en uno de los bares en que te sirven un café con potente efecto laxante y unos bocadillos de jamón cuya gracia no consigues averiguar. En una de las tiendas reparé en la gran oferta que anunciaba en un cartel: medio litro de agua, 1,20 euros.

¿Cara la gasolina? Mucho más lo es el agua que no tenemos que importar, que la producimos aquí y aquí la embotellamos. Y no pasa nada. Mi recomendación: vaya al aeropuerto debidamente hidratado y comido. Tanto protestar del incremento del IVA, del precio de la gasolina y no se oye ni mu sobre lo que nos cuesta una agua, que es el doble que los carburantes.

Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y para ofrecerle contenidos más interesantes. Para obtener más información sobre las cookies y cómo eliminarlas, consulte nuestra Política de Privacidad.

Sí, acepto cookies de esta web