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El Día Internacional de la Danza más integrador toma la Rambla

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BARCELONA

Los bailarines catalanes reivindicaron ayer la danza como elemento integrador a través de una singular coreografía en plena Rambla, frente al Arts Santa Mònica. Unas 200 personas de todo tipo, desde niños de una escuela próxima, profesionales de la danza y personas en silla de ruedas o con otro tipo de discapacidad, ejecutaron una sencilla y tierna coreografía con música de piano en directo servida por Carles Santos. «Más que un espectáculo esto es una movida. No importa si hay equivocaciones sino participar», destacó Toni Mira. El reciente Premi Nacional de Danza capitaneó esta curiosa performance que dio el pistoletazo de salida al Día Internacional de la Danza en Barcelona. La movida siguió por la noche con el espectáculo V.I.T.R.I.O.L en el Mercat de les Flors, que también se representa hoy. El montaje, creado por Jordi Cortés, integra a un bailarín ciego y una chica con hemiplejia y afasia. «Me gustaría que se viera en otros circuitos normales de danza porque no es una propuesta pedagógica y didáctica. Los movimientos de la gente con discapacidad son tan potentes como los de cualquier persona», destacó Cortés.
La acción al final de la Rambla, abierta a todo el mundo, lo demostró. La performance sorprendió a los turistas y paseantes que poblaban la zona ayer a mediodía. En una escena, las personas aparentemente normales –«todos tenemos una discapacidad», recordó Cortés– quedaron inmóviles y solo se movía gente en silla de ruedas.

RECONOCIMIENTO OFICIAL / «La danza por fin llega oficialmente y con el reconocimiento merecido a todo el mundo», dijo Jannick Niort, directora de la Fundació Psico-Art, al acabar el acto. Fue la elegida por la Associació de Professionals de la Dansa de Catalunya (Apdc) para hacer el manifiesto del día internacional con el que concluyó el acto entre calurosos aplausos. «La danza libera el cuerpo y la mente», leyó Niort, bailarina profesional entre 1970 y 1990 que los últimos 20 años ha trabajado con gente con alguna disfuncionalidad. «La danza es como el agua de la tierra, penetra y se infiltra dentro del cuerpo de todos y cada uno de nosotros para sacar un gesto nuevo, un movimiento o una expresión que aún no habíamos descubierto», añadió Niort, para quien la discapacidad es solo un elemento más de la condición humana.
«La expresión corporal ha de estar al alcance de todo el mundo y no solo de aquellos que tienen una condición física total», reivindicó ayer Xavier Duacastilla, un hombre que bailó subido en su travelscoot, una máquina de ruedas con manillar. La danza, explicó, enseña a conocer los límites, la tolerancia y mucho más. Pero lo más importante, dijo, es que «si te atreves con ella, te atreverás con más cosas».

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