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'Mamá quiero ser cooperante', cara y cruz de la cooperación

Escrito por diagramgen on . . Visitas: 469

diariodenavarra

Esclarecer los mitos que giran en torno a la cooperación internacional es el objetivo que 10-10-2012e1persigue Jorge Jimeno en su libro "Mamá quiero ser cooperante, en el que recoge las luces y sombras de esta profesión, avaladas por su experiencia como responsable de operación para varias ONG en África.

Jimeno asegura que la profesión "no es tan idílica como parece", es más, apunta que es un "trabajo como otro cualquiera, con su parte buena y su parte mala", y que en muchas ocasiones lleva a la frustración porque no cumple las expectativas iniciales.

La mayoría de los puestos de trabajo en cooperación internacional son de gestión, subraya, lo que se traduce en pasar muchas horas en la oficina y opina que "se podría discutir mucho sobre las motivaciones que llevan a la gente a dedicarse a esto".

"Hay gente que tiene unos ideales de mejorar el mundo, pero los hay que no, aunque lo pueden hacer muy bien, siempre y cuando desempeñen su trabajo profesionalmente", afirma Jimeno, quien ha trabajado en ONG como Intermón Oxfam, Acción contra el Hambre y Médicos del Mundo.

No comparte la filosofía de quienes dicen que van a países en desarrollo a, por ejemplo, ayudar a construir una escuela u otro tipo de instalaciones porque para eso "hay mucha mano de obra local que lo puede hacer": "No se necesita a gente de fuera que ayude a construirlo", apostilla.

En este sentido, asevera: "No vale pensar 'es que quiero ayudar a los demás', eso es una tontería, porque si quieres ayudar a los demás tienes en tu misma ciudad casos a los que ayudar".

Reconoce que hay "tantas sombras" que rodean la cooperación internacional que no sabe cuál enumerar y aclara que son distintas en función de si se trabaja en entornos de ayuda humanitaria o de cooperación al desarrollo.

"Cuando trabajas en ayuda humanitaria, una de la grandes sombras es la soledad, se suele estar cortos periodos de tiempo en un sitio y otro y no da tiempo a establecer vínculos estables, a lo que se suma la gran inseguridad de los territorios, lo que genera estrés", explica.

Estas circunstancias no se dan tanto en cooperación al desarrollo, donde los horarios "son más normales" y los periodos de estancia más largos, situación que da pie a conocer a gente más allá de los cooperantes, es decir a gente originaria del país en el que se esté.

"Las sombras van más con la frustración de ver que uno está trabajando por unos objetivos que no se cumplen con el paso de los años, y hace que te preguntes si lo que haces sirve para algo", subraya, Jimeno.

Las luces de la cooperación son, a su juicio, el poder establecer redes, contactos entre personas de otros estratos sociales, de distintas profesiones y de otras nacionalidades: "eso es lo que para mí da sentido a la cooperación internacional", destaca.

Con todo ello, opina: "los cooperantes son normales y corrientes, tan buenos y tan malos como cualquier otra persona".

Jimeno también es crítico con las ONG que han abandonado los valores y objetivos con los que fueron creadas tras haberse introducido en la economía de mercado: "Para muchas el factor márketing es preponderante".

Asimismo, señala que algunas organizaciones "han perdido la cabeza" porque tratan a sus cooperantes como "grandes ejecutivos" y, entre otras cosas, les reservan habitaciones en los hoteles más importantes.

"Se crea una relación paternalista que es lo peor que puede pasar", insiste Jimeno, que añade que este es uno de los problemas de la cooperación, la distancia entre los cooperantes y los trabajadores de las organizaciones locales

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