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La paz es complicada

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17-01-2012e2Para muchos de los que sobrevivieron a la guerra civil de Sri Lanka, la vida en tiempos de paz puede ser muy difícil. La guerra se terminó, pero hay otra lucha que recién empieza: la de ganarse la vida, que es mucho más difícil bajo el abrasador sol del Vanni que lo que parece en los papeles.

En el vasto territorio del norte conocido popularmente como el Vanni, donde grandes áreas fueron controladas por los rebeldes Tigres para la Liberación de la Patria Tamil hasta su derrota en mayo de 2009, decenas de miles regresaron a sus hogares o a vivir con familias anfitrionas.

El conflicto en el que los Tigres combatieron por la separación del norte y este de Sri Lanka había comenzado en 1983, tras una serie de ataques de la comunidad cingalesa, mayoritaria en este país, contra la tamil, predominante en esta zona.

Más de 236.000 habían vuelto al Vanni para fines de 2011, según el gobierno, y apenas unas 6.500 personas continúan desplazadas. Cuando finalizó la guerra, cerca de 300.000 habían huido de las batallas, la mayoría sin haberse llevado nada.

La ayuda que llegó se agota rápidamente. El gobierno y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) hicieron un llamado conjunto por 289 millones de dólares en 2011, para realizar obras en la Provincia del Norte. Para cuando se cerró el llamado, a fin de año, apenas se habían recaudado 93 millones de dólares.

Sri Lanka recibió 170 millones de dólares de asistencia por otras vías, según la ONU, pero dadas las necesidades de la región devastada por la guerra, todavía se requieren sumas enormes.

La ONU tiene que especificar cómo se manejará esta falta de fondos, si algunos proyectos se postergarán o se reducirán. Hubo insumos sustanciales para construir viviendas permanentes, pero en áreas como el desarrollo económico, la educación, el agua y el saneamiento, las instalaciones escasean, de acuerdo a un informe de la agencia Asia Pacífico de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios en Tailandia.

Funcionarios de la ONU en Colombo son reticentes a hacer pronósticos. "Es difícil predecir el grado de financiamiento para 2012, dado que la recaudación de fondos continúa a lo largo del año", dijo a IPS el portavoz del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en Sri Lanka, Sulakshani Perera.

En el terreno, cada vez a más personas les resulta difícil sobrevivir. Una evaluación divulgada en octubre por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) concluyuó que más de 60 por ciento de la población del Vanni carecía de suficientes ingresos como para ser clasificada dentro de los límites de la seguridad alimentaria.

El PMA también halló que 1,1 millones de personas en la Provincia del Norte debían sumas equivalentes incluso a seis meses de ingresos promedio, porque se habían endeudado comprando alimentos. El PMA dijo que, pese a las restricciones de financiamiento, no redujo las raciones distribuidas.

No existen cifras del gobierno sobre esto, pero se estima que el desempleo en el Vanni ronda 20 por ciento. Alrededor de 30 por ciento pueden estar ganando menos de un dólar al día.

La investigación del PMA del año pasado concluyó que más de la mitad de la población del Vanni vive bajo la línea de pobreza. Y hay una posibilidad muy real de que las cosas empeoren. Perera, de Acnur, dijo que la agencia se prepara para trabajar bajo presupuestos más acotados este año.

La población del Vanni necesita toda la ayuda que pueda recibir, no recortes. "La principal fuente de ingresos es la agricultura, pero no he conocido a nadie que todavía pueda mantener a su familia sin ninguna ayuda" en la zona, dijo Sellaiah Thiyagarasa, de 70 años, residente en la aldea de Oddusudan. A él le preocupa que los problemas económicos se acentúen por la falta de empleo.

"Cuando volvimos después de la guerra no había quedado nada para nosotros. Nadie puede esperar que recuperemos una vida en dos años y medio. Necesitamos ayuda", dijo Thurairaj Krishnasingam, de 40 años y de la aldea de Tharmapuram.

Para quienes volvieron y viven en aldeas interiores como Oddusudan, en el Vanni profundo, hay pocas opciones. Con una baja generación de empleo y probabilidades de que la situación no cambie por lo menos a corto plazo, muchos intentan tomar la iniciativa en vez de esperar ayuda.

Industrias como la avicultura, la apicultura y la jardinería doméstica se vuelven populares a medida que quienes regresaron intentan hacer que las tierras fértiles que los rodean trabajen para ellos.

"Estas actividades son populares porque uno puede hallar fácilmente un mercado en su propia aldea", explicó a IPS Kanagasabapathi Udayakumar, gerente general de la Sociedad Cooperativa Multipropósito de Vavuniya del Norte, en la aldea de Nedunkkerni.

Pero estas son opciones limitadas, y es amarga la prueba que aguarda a quienes volvieron de la guerra: la de lidiar con la difícil tarea de ganarse la vida en tiempos de paz. (ips)

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