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Los niños de la Revolución

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01-04-2011bisMuchos no saben ni siquiera quién es Ali Abdullah Saleh, pero gritan su nombre aprendido de memoria. Son niños, algunos ni siquiera han cumplido 10 años, pero están en mitad de las revueltas. Sus ojos abiertos reflejan a partes iguales miedo, sorpresa, sobre todo incomprensión.

En Yemen, el país más pobre del Oriente medio, cerca de la mitad de la población vive con menos de 2 dólares al día y una persona de cada cinco vive por debajo del umbral internacional de pobreza fijado en 1,25 dólares al día. Según las últimas cifras de UNICEF, el 94% de los niños y niñas de Yemen de 2 a 14 años han sufrido algún tipo de violencia. Por ello, no es sorprendente que muchos sueñen con una vida mejor en otro lugar.

Niños indefensos en las multitudinarias protestas

Las protestas en Yemen, el país más pobre de la península Arábiga, empezaron en enero de 2011, poco después de la revolución en Túnez y al tiempo que la Plaza Tahrir enfurecía en El Cairo. También aquí la población exige la dimisión del presidente Saleh, que lleva en el cargo desde 1990 (cuando se produjo la unificación del norte y el sur) aunque ya antes estaba al frente de Yemen del Norte desde 1978. Hasta ahora, la oposición ha conseguido que Saleh paralice una reforma a través de la cual pretendía optar a un tercer mandato. Pero continúa saliendo a las calles de forma multitudinaria.

Desde mediados de enero, el centro de las protestas se situó en la Universidad de Sanaa. Miles de jóvenes acamparon en el exterior de la universidad reclamando reformas democráticas. A medida que pasaban los días, gente de todas las edades se iba sumando al foco de la protesta.

A finales de febrero, las mujeres organizaron también aquí una manifestación. Desde ese momento, se unen a las protestas y, muchas veces, lo hacen acompañadas de sus hijos. Entre filas de siluetas negras en las que sólo se reconocen los ojos de muchas mujeres, aparecen varios puntos de color, más pequeños: son niños, indefensos, cubiertos por banderas, con la cara repleta de mensajes: "¡Vete presidente!, ¡Saleh, carnicero!, ¡Libertad!". Desde que comenzaron las protestas a principios del mes de febrero, 19 menores han perdido la vida en distintas localidades como Sana, Ibb, Adén y Mukalla, según denuncia Unicef.

Los más vulnerables en la violencia

Los pequeños son, sin duda, los más vulnerables en las manifestaciones y pueden convertirse, sin quererlo, en las víctimas involuntarias del conflicto que sostienen los adultos. "Muchos padres en Yemen siguen llevando a sus hijos a las manifestaciones, exponiéndolos a los riesgos y aumentando su vulnerabilidad frente a peligros mortales", sostiene Ahmed Al-Gorashi, presidente de Seyaj, una organización dedicada a la protección de la infancia.

Sin duda, la violencia desatada tras las manifestaciones antigubernamentales en Yemen amenaza seriamente la seguridad de los niños yemeníes. "Los niños son las primeras víctimas y los más vulnerables ante cualquier malestar social o emergencia", sostiene Geert Cappelaere, representante de Unicef en Yemen. "Debemos asegurarnos de que los enfrentamientos entre adultos no alcanzan a los menores".

"La situación es especialmente alarmante", añade George Abu-Zulof, especialista en protección infantil de Unicef, que advierte que con la reciente intensificación de la violencia se espera que la tensión aumente en todo el país.

Aunque en muchas fotos los pequeños muestran una imagen sonriente, ajenos al peligro al que están exponiendo sus padres sus vidas, sufren con una situación que no entienden y que les sobrepasa. "Mi hermano, mis hermanas y yo no fuimos a la escuela durante una semana. Estábamos todos asustados", explica Yusub, que acude a una escuela en Saná.

La directora de este centro escolar explica preocupada cómo el comportamiento de los pequeños y su rendimiento también se está viendo afectado. "Los niños se hacen más agresivos y tienen una tendencia más pronunciada a pelear", explica Jamila Al Mujahid. "Algunos niños vienen a clase con eslóganes políticos pintados en los brazos. Los niños no están acostumbrados a ver y experimentar la violencia", añade preocupada esta maestra.

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