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La falta de medicinas, comida y luz, una nueva amenaza para Japón

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elmundo

19-03-2011Una semana después del seísmo y el tsunami, los médicos se esfuerzan en ayudar a los heridos y a los enfermos en refugios temporales, carentes de agua corriente y de electricidad, del noreste de Japón, donde amenaza una epidemia de gripe mientras prevalece una ola de frío.

Numerosos supervivientes sometidos a tratamiento médico dejaron su domicilio sin coger sus medicamentos y se encuentran en fríos polideportivos. En el puerto de Kesennuma, el hospital Inawashiro, cuyo bajo y primer piso fueron devastados por el tsunami, tuvo que evacuar a sus 47 pacientes.

Asistencia a la luz de las velas

Estos enfermos sufren en su mayoría patologías crónicas o heridas vinculadas al seísmo y, algunos, demencia senil. Once fueron llevados con sus familias y el resto a una escuela, donde hay otros 400 refugiados.

Como en la mayoría de los centros, hay un mínimo de comida y de agua. Por la noche, tres médicos y 11 enfermeras atienden a los enfermos a la luz de las velas. "Su salud se deteriora por el frío y vamos a hacer lo posible por estabilizarlos hasta que puedan ser transportados a otro lugar", ha afirmado el doctor Mokesada Moriwaki.

Para Médicos sin Fronteras, que envió equipos móviles en la prefectura de Miyagi, una de las más afectadas por el seísmo, la principal inquietud reside en las enfermedades crónicas de los ancianos, como la hipertensión o la diabetes. "Sus tratamientos se pararon, y nuestros médicos procuran que los enfermos los reanuden para no encontrarse en un estado critico", explica Eric Ouannes, el Director General de MSF Japón.

Por otra parte, afirma que la falta de gasolina impide a los diabéticos volver a las clínicas o dispensarios para recibir insulina y los cortes de luz hacen también imposible las diálisis. Sólo en la ciudad de Iwaki, unos 800 enfermos renales han tenido que ser trasladados a Tokio para seguir tratamiento.

El agotamiento afecta a los equipos médicos que han trabajado casi sin parar desde el terremoto y que también sufren la escasez de agua y comida. "Estamos al límite", afirman.

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