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8http://www.laverdad.es/alicante/v/20100804/cultura/nadie-sabe-donde-estan-20100804.html Coperacion «Nadie sabe dónde están las ayudas para Haití, porque todo sigue igual» Una corta estancia en el país más pobre de América Central, arrasado hace ocho mese

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Una corta estancia en el país más pobre de América Central, arrasado hace ocho meses por un brutal terremoto, sirve para ver la agónica situación que se está viviendo allí. Juan Adrada voló por primera vez a Haití hace seis meses con el Grupo de Ecología Activa (GEA). En esa primera misión, se instaló una potabilizadora de emergencia. En julio, volvió para llevar veinte toneladas de ayuda humanitaria. Dos proyectos organizados por este grupo ecologista, pero que fue en gran parte financiado por la Cooperativa Eléctrica San Francisco de Asís de Crevillent y que no se podrían haber llevado a cabo sin la ayuda de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, que repartirán las ayudas.

-¿Cómo ha visto Haití en este segundo viaje?

-Parece inaudito que desde que el Gea llevase a cabo la primera expedición a Haití en febrero, las cosas continúen exactamente igual que cuando nos fuimos de allí.

-¿Fue una expedición dura?

-Fuimos en avión hasta la República Dominicana y luego, desde Santo Domingo hasta Haití por carretera. Se hizo largo. Cruzamos la frontera en camión, que aparte del estado infame de las carreteras, te encuentras con grandes dificultades por los numerosos trámites aduaneros que hay que pasar. Pero las carreteras no son lo peor. Por ejemplo, la capital está totalmente destruida y, después de seis meses, está todo por descombrar. Los edificios siguen caídos con personas sepultadas dentro y la ciudad entera está convertida en un mar de plásticos y lonas de las tiendas de campaña donde vive la gente.

-¿Y las imágenes de descombro en la televisión cuando ocurrió el terremoto?

-En realidad, lo único que se ha limpiado son los alrededores del palacio presidencial, algunos edificios gubernamentales para salvar documentación y las inmediaciones de la catedral, que era el símbolo espiritual del país.

-¿Y cómo están las casas?

-Las casas están en el suelo. Si uno pasea por lo que antes era la zona comercial de la ciudad, puede ver que las tiendas están derrumbadas y los comerciantes han puesto tenderetes para poder mercadear algo.

-Se recaudó mucho dinero en pos del pueblo haitiano y parecía que se iba a crear un país nuevo, pero por lo que dice no es así. ¿Para qué ha servido ese movimiento?

-Precisamente, esa es la pregunta que se hace todo el mundo. Porque las ayudas que llegan lo hacen a través de las ONG que están colaborando allí y que actúan directamente con la población. Sobre el dinero de los gobiernos nadie se pronuncia. La impresión que se tiene es que los miles de millones que se han recaudado no están en ningún sitio, porque en estos seis meses yo no he visto ningún progreso.

-¿Por qué se propuso para ir?

-Es una obligación moral. Creo que hay que sacrificar un poco de nuestro confort y tiempo libre para ayudar a otros. No hay más motivación que esa. Ahí que echar una mano, más si cabe cuando los medios gubernamentales no lo hacen. Ademas, se tiene que recordar que gran parte del gabinete haitiano falleció tras el terremoto y los que quedan y son pudientes se han trasladado a la República Dominicana. Por ello, la sensación que queda es que nadie gobierna, que la gente sólo lucha por sobrevivir.

-¿Qué es lo que más falta hace?

-De todo: alimentos, ropa, medicinas... Lo de soñar con una casa es precisamente eso, un sueño para ellos. Todo Puerto Príncipe está viviendo en tiendas de campaña, la gente trapichea para vivir y el parque industrial es el único lugar donde la población trabaja y tiene dinero. En esa zonas hay muchas tiendecitas que intentan vender cualquier cosa a los que trabajan con la esperanza de salir adelante.

-¿Tienen fuerzas los haitianos para salir adelante?

-Hay mucha desesperanza. Además, cuando hablas con ellos se siente demasiada resignación. El haitiano ya es 'per se' una persona que ha sufrido mucho, porque cabe recordar que este país ya era uno de los más pobres del mundo antes de la tragedia. Parece que siempre llueve sobre mojado. Por eso es tan importante hacer algo por ayudar, aunque nuestra colaboración sea una gota en el océano, esa ayuda va a llegar a un grupo de gente que lo necesita y mucho. Hay muchas ONG encargadas y dispuestas a que el tema de esta nación no se olvide, porque la recuperación del país va a durar por lo menos 10 años.

-¿Qué es lo que más impresiona de esta situación?

-Lo más impresionante es cruzar la frontera. Es un contraste muy fuerte, ya que pasas de los hoteles de de la República Dominicana, donde hay muchísimos españoles pasando sus vacaciones ajenos a lo que pasa al otro lado de la frontera. Y una vez dentro de Haití, el paisaje se convierte en destrucción, la más absoluta miseria, la falta de los recursos mínimos.

-En su viaje, contactaron con la Guardia Civil y la Policía Nacional española. ¿Cómo están viviendo ellos allí?

-Con mucha inseguridad. Los dos Guardia Civiles con los que hablamos llevaban 6 meses y rezaban para que, en los 10 días que les quedaban allí, no ocurriese nada. Sentían la impotencia de no poder hacer nada, de no ser capaces de ayudar todo lo necesario.

-Pero tiene que haber algún halo de esperanza...

-La esperanza reside en las ONG que están intentando paliar la situación. Lo que se pueda esperar de la ONU y de los gobiernos occidentales sólo nos lo dirá el tiempo. De momento, hables con quien hables, nadie sabe que es lo que se va a hacer con este país, porque hay que reconstruirlo entero y eso es algo a lo que nadie se ha enfrentado.

 

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