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Países de fortuna

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16-06-2010_ima2


Nadie sabe qué cara ha puesto Norah Niland al leer la noticia en su ordenador, pero seguro que ha esbozado una sonrisa y realizado algún comentario sarcástico. La Alta Comisaria de Naciones Unidas para los Derechos Humanos de Afganistán declaró hace tres meses que en el país asiático morían más personas a causa de la miseria que por la guerra contra los talibanes, y que la pobreza absoluta atenazaba a una tercera parte de sus ciudadanos. Al igual que el resto del mundo, ayer descubrió que ella y la sufrida población afgana habitan sobre vastas reservas minerales valoradas en un billón de dólares. Lamentablemente, la riqueza no proporciona la felicidad, al menos al Sur de nuestro planeta. No, no se trata del tópico consuelo, sino de un hecho constatado por numerosos ejemplos. Como si de una maldición se tratara, el descubrimiento de importantes recursos naturales y la codicia han provocado, o agudizado, conflictos bélicos cruentos. Matanzas, o incluso genocidios.

El drama ha cumplido más de medio siglo. Cuando en 1958 se descubrió petróleo en la desembocadura del Níger, comenzó un grave conflicto. La esquilma de los yacimientos por Shell y otras compañías, ocupantes de la mitad del territorio, contaba con el beneplácito del corrupto gobierno nigeriano y no ha supuesto una mejora de las condiciones de vida de la comunidad. Al contrario, ha provocado la represión militar, los desplazamientos forzosos y graves perjuicios para el medio ambiente.

La guerra de Biafra en los años 70, primer aldabonazo a la conciencia del Norte sobre la explotación de África, o la ejecución del escritor Ken Saro-Wiwa en 1995, defensor de los derechos nativos, representan la capacidad del poder para acallar protestas. Hoy, el MEND, un grupo guerrillero local, mantiene un pulso bélico con el Ejército y las bandas paramilitares, salpicado de treguas puntuales, violaciones de los acuerdos de paz, asaltos a las instalaciones y secuestros de buques cisterna.

A menudo, virtudes como el mesianismo enmascaran modestos orígenes. Foday Sankoh, alias 'Papi', era sólo un fotógrafo ambulante en su Sierra Leona natal antes de que decidiera convertirse en líder político. Formado como guerrillero en Libia, se bregó para la contienda tropical en las filas de otro caudillo sin escrúpulos, Charles Taylor, uno de los responsables del vecino conflicto liberiano y tan cínico como para acuñar el slogan electoral 'Vota al diablo conocido antes que al ángel por conocer'.

Ambos decidieron desestabilizar el pequeño país del Golfo de Guinea para hacerse con el control de sus explotaciones de piedras preciosas y venderlas clandestinamente. Entre 1991 y 2002, mientras Sankoh, al mando del FRU, luchaba por hacerse con el control del territorio sierraleonense, tuvo lugar un capítulo de sadismo sin límites. Sus huestes reclutaron niños, prostituyeron a las pequeñas raptadas, forzaron a los civiles a trabajos forzosos y aterrorizaron a la población con violaciones, ejecuciones y amputaciones de miembros.

El drama, saldado con la muerte de 50.000 individuos, fue narrado en la película 'Diamantes de sangre', protagonizada por Leonardo di Caprio. 'Papi', enfermo y demente, murió hace siete años en prisión, poco después de que fuerzas multinacionales aplastaran la rebelión.

Níger se encuentra muy lejos de la atención internacional. Perdido en el corazón del árido Sahel, al final del Índice de Desarrollo Humano, no concita mayor interés que el que pueden recabar periódicamente las ONG que alertan sobre periódicas hambrunas. Pero un territorio tan pobre y atrasado no escapa a las contradicciones más lacerantes y es que el país posee el 8% de las reservas mundiales de uranio.

Francia, la antigua metrópoli, se ha beneficiado tradicionalmente de la concesión de las minas, situadas en torno a la frontera con Argelia, aunque el gobierno nigerino también ha firmado contratos con China, Estados Unidos o Australia. Lejos de estos negocios se encuentran los tuareg, pobladores ancestrales de las tierras disputadas. Hasta una reciente tregua, su Movimiento de Nigerinos por la Justicia ha venido obstaculizando la explotación aludiendo a la ruina de sus modos de vida, provocada por las consecuencias del almacenamiento de residuos radiactivos, y la falta de inversiones que contrarresten los perjuicios medioambientales.

No hay acuerdo. Pueden ser cuatro, o quizás cinco millones de muertos. Tan sólo existe el consenso de que se trata del mayor drama humano desde la Segunda Guerra Mundial. Al Este de Congo, en la región de Grandes Lagos, desde 1995, se produce una tragedia sin precedentes, compleja en la descripción de sus actores y episodios, pero que tiene un vínculo directo con el hecho: se trata del área con mayores riquezas minerales del mundo.

La extracción de coltán, casiterita, oro, diamantes o cobalto en un país enorme y desarticulado tras la muerte del dictador Mobutu han propiciado la intrusión de las limítrofes Ruanda, Uganda y Burundi, bien a través de sus tropas o mediante bandas interpuestas, en alianza con multinacionales interesadas en la comercialización sin reglas ni regalías.

El caos se ha servido de las disputas intertribales y el eco de la matanza de hutus y tutsis trasladando el conflicto extranjero a su interior. Los combates han provocado desplazamientos masivos y una mortalidad extrema por enfermedad y mera inanición. Mientras tanto, los vuelos comerciales no dejan de atronar el cielo de Goma, la capital de este inmenso negocio, y un barrio exclusivo de Kigali, la capital ruandesa, se denomina popularmente 'Merci, Congo' en un alarde de humor negrísimo.

El próximo mes de enero el mapa de África, urdido por las potencias colonizadoras, puede transformarse con importantes consecuencias geopolíticas. A principios de 2011, los habitantes del Sur de Sudán votarán en referéndum la secesión de la zona y su conversión en un nuevo Estado. Los resultados de los comicios legislativos celebrados hace dos meses avalan la opción independentista.

Desde 1955 hasta 2005, con un breve paréntesis de once años de tregua, el gobierno árabe y musulmán del Norte ha luchado contra los rebeldes meridionales, de etnia negra y fe animista y cristiana. Las inmensas riquezas petrolíferas del ámbito disputado, posiblemente una décima parte de las reservas existentes, han sido el mayor botín de la pelea. Mientras China, siempre ávida de fuentes energéticas, ha apoyado a Jartum, Estados Unidos ha sido el principal valedor de los guerrilleros, hoy responsables de un gobierno autónomo que se prepara para asumir el destino de su pueblo. En el camino han quedado 1,9 millones de víctimas.

En China, donde las magnitudes tienden habitualmente a lo colosal, las estadísticas en torno a sus recursos referidas a la región Noroccidental de Xinjiang tienden a lo extraordinario. El subsuelo del territorio guarda 138 minerales dignos de explotación y, posiblemente, contiene los mayores yacimientos de petróleo, gas natural, carbón, metales raros y materiales para la construcción, de todo el gigante asiático.

El conflicto está servido porque, frente a las apetencias de Pekín, se encuentra el hecho de que el área, brevemente independiente a principios del siglo XX, está poblada mayoritariamente por la etnia uigur, ajena culturalmente al pueblo han, predominante en el resto de la república. Además de la represión, China ha respondido a la amenaza con la fuerza de los números a los deseos separatistas y la posible pérdida de sus tesoros. En 1949, los han eran el 7% de los habitantes de Xinjiang. Cincuenta años después, constituyen el 40% y el incremento porcentual no cesa.

Es un conflicto pequeño, casi insignificante en el concurrido ámbito de las tropelías contra los derechos humanos por motivos económicos. Pero también ilustra el talante político cuando de recursos naturales se habla. Botsuana exhibe un currículum brillante en materia democrática y progreso económico, sin parangón en el continente africano. En 1980 se descubrieron yacimientos diamantíferos en la Reserva del Kalahari, extensión poblada por los bosquimanos, uno de los últimos pueblos nómadas y recolectores del mundo. Desde entonces, la Administración busca su salida forzada mediante redadas y destrucción de poblados o medidas más sibilinas como la prohibición del acceso a sus acuíferos alegando medidas de protección ecológica.

Aunque en 2006 los tribunales locales fallaron a favor de las pretensiones de los acosados lugareños, el ejecutivo ha reanudado su política de hostigamiento para impedir que obstaculicen sus planes de desarrollo turístico. La última y reciente iniciativa de los bosquimanos ha sido solicitar ayuda al príncipe Guillermo para preservar su hogar y el de sus antepasados.

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