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La rebelión narco crece en Jamaica

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La caza del capo reclamado por EE UU convierte Kingston en un campo de batalla sin que la Policía logre doblegar a los sicarios

La cifra oficial de muertos durante cuatro días de violencia en la capital de Jamaica ascendía ayer a 49, sin que haya indicios claros de que el Gobierno pueda controlar la situación en las próximas horas. Sólo en el bastión donde se refugia el narcotraficante Christopher 'Dudus' Coke, cuya extradición a Estados Unidos es la causa de los graves disturbios, se han contabilizado 46 víctimas civiles, según un informe del Defensor del Pueblo, Herro Blair. Los otros tres fallecidos son miembros de las fuerzas de seguridad. Lejos de contenerse, la violencia se ha extendido a otros puntos de Kingston, donde jóvenes partidarios de Coke han prometido continuar luchando si el Ejecutivo jamaicano no cede en sus intenciones de deportar al capo de la droga.

La ola de violencia, que obligó al primer ministro, Bruce Golding, a declarar el estado de emergencia el pasado domingo, se desató después de que la Policía emprendiera un amplio operativo para capturar a Coke. Tras años de seguirle la pista por operaciones realizadas en suelo norteamericano, fiscales estadounidenses lo acusan de ser uno de los narcos más peligrosos del mundo. Entre sus negocios ilícitos estarían el de tráfico de armas y drogas, además de encabezar el grupo 'Shower Posse', que asesinó a cientos de personas durante las guerras de la cocaína en los ochenta, por lo que la Justicia el gigante americano exige a Jamaica su extradición desde agosto del pasado año.

Por muchos de sus compatriotas, en cambio, Coke es visto como una persona generosa que ha ayudado a mitigar las necesidades de las capas más pobres de la capital. Con una aureola similar a la de famosos narcos colombianos como Pablo Escobar, el delincuente jamaicano es aclamado y defendido por un sector de la población por las donaciones económicas que ha hecho a diferentes comunidades. Su dinero ha servido, entre otras cosas, para la construcción de escuelas y hospitales, según sus defensores.

La gravedad de la situación obligó ayer al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, a lanzar un mensaje de apoyo institucional a los esfuerzos de las autoridades de Kingston de reafirmar la autoridad del Estado ante grupos criminales. «La respuesta violenta de ciertos sectores de la sociedad al intento del Gobierno de cumplir una orden de extradición del presunto líder de una banda criminal es inaceptable en una sociedad democrática», afirmó.

Mientras, la ONG española InspirAction decidió cerrar temporalmente sus oficinas por los enfrentamientos de soldados y policías contra grupos afines a Coke. La organización afirma que «ha tenido que reducir su actividad al mínimo», ya que «la violencia ha tomado las calles , una situación que dificulta el trabajo de las ONG presentes».

 

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