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Farmacéuticos Sin Fronteras de La Rioja ofrece un documental sobre el proyecto de cooperación creado en una de las zonas más necesitadas de Caracas

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2010-04-27ima2


El cerro de Vistahermosa, ubicado en el extrarradio de Caracas, no es un lugar precisamente amable. Cuarenta muertes violentas al mes, un calor de 42 grados que impregna sus empinadas callejuelas jalonadas de pseudoviviendas desvencijadas y una perenne falta de servicios mínimos convierten este enclave de la Venezuela más áspera en un lugar que pocos frecuentan y casi todos olvidan. Todos, menos la delegación riojana de Farmacéuticos Sin Fronteras, que lo escogió hace ahora dos años y medio para implementar uno de sus programas más ambiciosos y complejos con la aportación del Gobierno regional (120.000 euros) y el Ayuntamiento de Logroño (60.000): crear un centro de distribución de medicamentos con 19 botiquines 'satélites' ubicados en los domicilios de voluntarios locales que suministran -siempre a precio de coste- desde analgésicos hasta antiparasitarios, pasando por tratamientos para enfermos crónicos, a las más de 800.000 personas que habitan en su radio de acción.

Un poco como agradecimiento a la generosidad de los participantes y otro mucho para transmitir el calado de la labor allí desarrollada, la ONG que dirige en la comunidad autónoma Fernando Martínez López ha impulsado el documental 'Miradas de la cooperación farmacéutica', presentado ayer en Logroño y que girará por otros municipios que dan nombre a las boticas habilitadas en el corazón de Caracas. Un retrato crudo y directo de uno de esos rincones olvidados por el primer mundo que recoge una experiencia única. «La planificación familiar no existe, carecen de un programa de recogida de basuras... las condiciones son tales que no hace falta ni auscultar al paciente para diagnosticar enfermedades olvidadas en Europa que ya sólo aparecen en los libros de Medicina», relata Meri Lorente, una de las cooperantes que, junto a María Rodríguez, describieron la dificultad de un proyecto no exento de satisfacciones. «El índice de violencia es tan alto que siempre debíamos ir acompañados de personal local, el tráfico caótico, el cambio cultural abismal...». Trabas y superaciones con las que FSF da un paso más en el fin que Martínez expresó ayer en voz alta: «Que el último niño del barrio más pobre disponga de un paracetamol la noche que le suba la fiebre».

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