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Haití: cabeza y corazón

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Juan Mezo / Gerard Costa -
07/04/2010

Cuando apenas pasamos de los 100 días del terremoto de Haití, todo vuelve a la normalidad gracias a la Esteban y la Champions, y Haití ha vuelto a su sitio habitual: "invisible a nuestros ojos". En la siguiente crisis natural -según Naciones Unidas irán en aumento- volverán a coincidir las administraciones, las ONG y las incipientes empresas privadas que ya han evolucionado de la simple donación a la filantropía estratégica que genere un mayor impacto social: ¿podrán las empresas realmente aportar su emblemática capacidad de gestión para mejorar la capacidad de respuesta? Hemos revisado su modus operandi en esta crisis para aprender de ella.

La empresa multinacional y transnacional, en muchos casos, ya está actuando como agente difusor y recopilador de donaciones de la propia empresa y de sus empleados, actividad loable y necesaria. También se actúa con la aportación de donaciones en especie muy útiles en estas circunstancias. Enviando palets de material quirúrgico, de cura y medicamentos (Bayer, Novartis, GSK, Hartma); Iberia poniendo aviones para el envío de este material; y empresas como Telefónica y Ericsson han enviado equipos y profesionales preparados en emergencias para restablecer las comunicaciones.

Primero, las empresas siguen siendo lentas, incluso aquéllas que tienen una política activa en temas sociales (que debería incluir estar más preparadas para afrontar estas situaciones). En los primeros días, La Caixa recaudó para las cuentas abiertas 5 millones de euros... pero para cuando sale el primer anuncio de una entidad bancaria, Médicos sin Fronteras ya había recogido 3 millones de euros. Por tanto, el anuncio del banco, ¿tiene ya algún sentido?, ¿no será percibido más como "propaganda" que como ayuda real? La recomendación para las empresas, pues, sería contar con un protocolo de actuación ante las catástrofes y avanzar en qué comunican, a quién y cómo.

Segundo, las empresas aún son poco transparentes en su colaboración. En Estados Unidos circulan listas con las aportaciones millonarias de las principales compañías: 106 millones de dólares de 265 compañías en tan sólo 10 días, y de ellas 44 empresas han aportado más de un millón de dólares en metálico o en especie. En España, sabemos los compromisos de Inditex (2 millones), BBVA (1 millón de euros a Cruz Roja y Médicos Sin Fronteras) y Telefónica (compromiso con la Cruz Roja de 900.000); por detrás hay otras muchas empresas que se han comprometido con la causa. No deseamos enriquecernos con el sempiterno ranking, sino potenciar la implicación del mundo empresarial mostrando control y evaluación de las colaboraciones. Recomendamos una mayor transparencia y mecanismos que permitan coordinar y valorar las aportaciones por parte del mundo de la empresa y su oportunidad.

Tercero, las empresas deben informar, implicar e implicarse en el drama humano mediante la coherencia entre lo que hacen y lo que dicen que hacen. Los primeros días tras el terremoto, pocas son las empresas que hacen referencia a las personas, ni en aquellas organizaciones que tienen fundación específica para trabajar en el alivio de la pobreza o defensa de la infancia. Sólo hay casos excepcionales como el de Timberland, o reacciones como las de Telefónica, La Caixa, Sol Meliá y Eroski, animando a la sociedad y a sus empleados a sumarse realizando una aportación. Recomendamos que las empresas potencien la colaboración de sus empleados indicando la aportación de cada parte.

Por último, debe mejorarse la integración de esfuerzos: ni los Gobiernos más preparados con sus ejércitos, ni todas las ONG competentes, equipadas y motivadas son capaces de resolver estas situaciones solas. Las causas son cada vez más grandes y más globales y, por lo tanto, requerirán mayor integración de esfuerzos y colaboración. Un sistema de canalización de agua potable con el Canal de Isabel II, sistemas para restablecer las comunicaciones con los equipos de Telefónica o Ericsson, mejora de las infraestructuras viarias (Abertis), suministro de gasolina u otros combustibles (BP, Repsol), grupos electrógenos e instalaciones solares (Siemens, Schneider), transporte aéreo de personas y mercancías (Iberia, DHL), sistemas de búsqueda de desaparecidos o de localización (Google, Facebook,…).

La siguiente crisis debería exigir de nosotros una mayor coordinación, y todas las partes serán culpables si no se logra una mejora. Hacer el bien debería exigir dedicar lo mejor de nosotros para ser no sólo eficientes, sino eficaces.; afrontar las crisis no sólo con el corazón sino también con la cabeza.

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