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«Aguanté por amor a Colombia»

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Cuando el sargento Pablo Emilio Moncayo bajó del helicóptero que lo trajo de las selvas del sur de Colombia, tras más de doce años de cautiverio con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ofreció dos sorpresas. La primera, que al ver a su padre correr hacia él, lo paró con un gesto de la mano, como diciéndole «ya nos vamos a abrazar, tranquilo». Luego lo abrazó, como si lo hubiera visto ayer, cuando tenía 18 años y ahora lo hacía con 31. No lloró.

Después tomó en sus brazos a su hermana Laura Valentina, de 5 años, la que nació estando él secuestrado. Bajo su gorra militar apareció una pequeña canasta. «Guauuu», dijo la niña, porque ante sus ojos aparecieron dos loros diminutos, traídos de la selva donde permaneció secuestrado desde diciembre de 1997 .

En su momento llegaron a ser 700 los secuestrados que las FARC querían canjear por 500 rebeldes presos. Hoy quedan 22 y muchos de ellos han sido o rescatados por el gobierno colombiano -en operaciones militares como la que terminó con la libertad de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt- o liberados unilateralmente a través de la senadora Piedad Córdoba, que ha servido como mediadora también en esta ocasión.

Aunque desde el 2008, cuando empezaron las liberaciones, se ha visto de todo un poco -los matrimonios se acabaron, la mayoría escribió su libro- el caso de Moncayo ha sido excepcional. Ninguna liberación se había producido con tanto sosiego. Ayer, por ejemplo, Moncayo pasó el día en Bogotá, en chequeos médicos que lo declararon sano, viendo fotos, comiendo y oyendo música. «Sentí demasiada emoción cuando esta mañana al abrir mis ojos escuché que Pablo Emilio estaba conversando con la mamá, mirando fotos, cuchicheando sobre lo que ha pasado. La mamá le estaba contando cómo la gente le envía mensajes de cariño», relató el profesor Moncayo.

«Todo ha cambiado»

Moncayo hijo apareció muy lúcido en la única rueda de prensa que ha dado hasta ahora. Tras agradecerle a Dios y a su padre por la «titánica e incansable labor», Moncayo describió como «asombroso» el cambio de todos sus seres queridos.

Su padre, por ejemplo, era profesor y dejó de serlo cuando en 2007 comenzó una caminata encadenado por toda Colombia para recordarle al mundo que tenía un hijo muerto en vida. Su madre, también profesora, suspendió su vida para sostener a sus cuatro hermanas. «Sin embargo, siguen siendo aquellos seres amorosos. Siempre me han brindado su apoyo», dijo.

No disimuló sorpresas. «Todo ha cambiado», agregó mirando a los periodistas transmitir por Twitter, en diminutos teléfonos celulares. «La tecnología me deja admirado, lo poco que visto hasta ahora. ¡No saben cuán asombroso es ver civilización!», aseguró. Él, que se quedó en las cartas, alguna vez le escribió a su novia de entonces que lo esperara. Hoy ella está casada y tiene dos hijos.

Él se dedicó a sobrevivir. Contó que cuando su padre caminaba por el mundo y se peleaba con el presidente Álvaro Uribe -a quien ni mencionó en los agradecimientos que dio al gobierno de Brasil la Iglesia, la Cruz Roja-, él cayó enfermó. «Yo estaba postrado en cama y duré siete meses andando en muletas. Fue muy duro escucharle hacer todo eso por mí».

«Guste o no a las FARC»

Relató que el coronel Édgar Yesid Duarte y Libio José Martínez, dos de sus compañeros que siguen secuestrados, «solicitan una ONG internacional que gestione su libertad, sienten que sus vidas corren peligro».

Destacó la tranquilidad de Martínez, quien ahora es el secuestrado con más tiempo en poder de las FARC. «De él y de todos los compañeros traigo los más gratos recuerdos, fueron amigos, maestros, son unos héroes».

Cuando le preguntaron por la guerrilla opinó. «Las FARC son una realidad, no se les puede negar, parecen invisibles pero ahí están. Es la democracia colombiana, buena o mala, la que sostiene al Gobierno, les guste o no a las FARC».

Tras decir que ya tiene claro si seguirá o no en el Ejército pero que se guarda su decisión, dijo: «Muchos analistas dirán que uno viene con síndrome de Estocolmo, pero yo he conservado mi uniforme todos estos años por respeto y por amor a Colombia y a mi institución. Soporté el cautiverio por amor a Colombia».

Esta semana, en la que fueron liberados Josué Daniel Calvo, secuestrado en abril de 2009 y Moncayo, culmina con otro doloroso proceso. Hoy jueves santo Emperatriz de Guevara se prepara para recibir los restos de su hijo el Mayor Julián Ernesto Guevara, muerto en cautiverio en 2006. En un comunicado entregado ayer, las FARC piden canje humanitario.

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