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Los rebeldes chechenos se adjudican el atentado de Moscú

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El líder rebelde checheno Doku Umarov se adjudicó el miércoles responsabilidad de los ataques suicidas en el metro de Moscú que causaron la muerte de al menos a 39 personas, y amenazó con más ataques.

Umarov, quien se hace llamar el "emir del Emirato Caucásico", dijo en el vídeo, publicado en el sitio de Internet rebelde islamista www.kavkazcenter.com, que había ordenado personalmente los ataques como venganza por las políticas del primer ministro Vladimir Putin en el Cáucaso, de mayoría musulmana. También sirvió como un "saludo" al servicio de seguridad ruso FSB, añadió.

 

El vídeo fue colgado sólo horas después de que dos suicidas mataran al menos a 12 personas en el Cáucaso Norte.

Los atentados suicidas, que se han cobrado al menos 50 víctimas y herido a otras 100 en menos de tres días, han aumentado los temores de una importante campaña de ataques contra ciudades rusas por parte de insurgentes islamistas.

Umarov, el rebelde más buscado de Rusia, dijo que había ordenado los atentados en Moscú para "destruir infieles" y compensar por las políticas de Putin en el Cáucaso Norte.

"Ustedes, rusos, sólo ven la guerra en televisión y la oyen en la radio, por eso no reaccionan ante las atrocidades que sus grupos de bandidos bajo el mando de Putin perpetran en el Cáucaso", dijo Umarov, ataviado con ropa de combate.

"Las dos operaciones fueron perpetradas bajo mi mando y no serán las últimas" agregó Umanov, de 45 años, sentado en el suelo en lo que parecía ser el claro de un bosque.

"Les prometí que la guerra llegará a sus calles, con el favor de Dios, y la sentirán bajo su piel", manifestó Umarov, quien finalizó el vídeo de cuatro minutos y medio de duración con la frase "Allahu Akhbar" (Dios es el más grande) y apuntando su dedo hacia la cámara.

Putin, quien cimentó su poder en 1999 con el lanzamiento de una guerra para sofocar el separatismo checheno, dijo que los culpables tras los ataques con bomba del metro serían sacados "del fondo de las cloacas".

El primer ministro, que a los ojos de muchos rusos es el líder máximo del país, dijo el miércoles que un mismo grupo podría ser el autor de ambos atentados.

ATAQUES SUICIDAS

"Se ha cometido un nuevo acto terrorista. No descarto que sea una y la misma banda la que está actuando", declaró Putin en una reunión gubernamental tras los ataques suicidas gemelos en la ciudad Kizlyar de Daguestán.

Un automóvil cargado de explosivos estalló mientras era perseguido por la policía de la ciudad y después un atacante con bombas, vestido con un uniforme policial, provocó una segunda explosión en medio de una multitud de efectivos que habían corrido hacia el lugar, informó la policía local.

El ataque coordinado en la ciudad de Kizlyar, cerca de la frontera de Daguestán con Chechenia, fue la última manifestación de un recrudecimiento de la violencia en el Cáucaso que desafía al Kremlin, una década después de dos guerras devastadoras contra separatistas chechenos.

El Kremlin había declarado la victoria en su batalla contra los separatistas chechenos, pero analistas dicen que una ola de tiroteos y ataques con bombas muestran que Moscú falló en domar a la creciente insurgencia.

Líderes locales dicen que la situación es alimentada por la pobreza, rivalidades entre clanes, una corrupción endémica, islamismo y tácticas de mano dura de las agencias que controlan el cumplimiento de la ley.

Altos cargos rusos no quisieron dar comentarios inmediatos sobre el vídeo y la prensa estatal ignoró las declaraciones de Umarov.

El sitio de Internet que ha sido utilizado por rebeldes chechenos para adjudicarse la responsabilidad de sus ataques dijo que recibió el vídeo pero no dio más detalles.

El presidente ruso, Dmitry Medvedev, sostuvo que los ataques de esta semana eran "parte de una cadena" y que los terroristas intentaban "sembrar el terror y pánico en la población. ¡No lo permitiremos!".

Hablando en un ruso con un acento cargado, Umarov apuntó a una batalla con fuerzas rusas el mes pasado en Ingusetia, una región cerca de Chechenia, en la que murieron al menos 20 insurgentes y algunos civiles.

El más mortal de los ataques con bombas del martes se produjo en la estación de metro Lubyanka, que se encuentra frente a los cuarteles del servicio estatal de seguridad ruso FSB y a sólo unos kilómetros de la Plaza Roja.

Cerca de 3.000 personas se reunieron fuera de la estación Lubyanka el miércoles a presentar sus respetos, muchas de ellas con velas encendidas y claveles rojos para depositar en un improvisado altar.

En una reunión, organizada por una juventud de activistas a favor del Kremlin, una campana sonó 39 veces, una vez por cada víctima que murió en los ataques del metro.

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