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Lágrimas y estrellas

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Esta semana moría otro soldado del Ejército español al estallar una mina activada al paso de su vehículo ¿blindado? en laÉ guerra de Afganistán. El joven fallecido era un inmigrante de origen colombiano que vino a España en busca de una vida mejor. Ya no la encontrará. Tras el ataque sufrido por el convoy, las tropas españolas mataron a varios de los talibanes que les habían tendido la emboscada en laÉ guerra de Afganistán. Ahora, el Ministerio de Defensa se apresura a informar que las tropas allí desplazadas contarán en breve con mejores vehículos blindados para laÉ guerra de Afganistán. ¿Era una guerra? ¿Se ha convencido ya nuestro Gobierno de que el ejército, aunque pueda colaborar en misiones humanitarias, no es una ONG? ¿Queda algo de aquella conmovedora frase de José Bono -aún presidente del Congreso- "prefiero morir antes que matar"? Se nota que Bono no está en Afganistán vestido con el traje de recluta, de lo contrario no se lo que habría preferido hacer. Un brindis al sol en la línea del pacifismo socialista internacional de salónÉ menos cuando Obama le exige a Zapatero más soldados de nuestra peculiar ONG a la guerra de Afganistán. La ministra de Defensa, Carmen Chacón, sensible, presta y obediente a las necesidades del ídolo Obama, anunciaba sin demora el envío de 511 efectivos más. Prefiero morir antes que... Lágrimas.


Después de la pleitesía e infantil admiración que Zapatero y su gobierno muestran con el dios Obama (como antaño hiciera Aznar con Bush en su rancho tejano) resulta que éste no visitará España para la cumbre europea del mes de mayo. ¡Qué decepción! ¡Qué disgusto! ¡Qué pena! ¡QuéÉ previsible! ¡Qué servilismo el de nuestros presidentes con el amo del mundo! Cuando se acercaba el mágico instante en que las dos estrellas de la constelación planetaria que nos anunció a bombo y platillo Leire Pajín iban a mostrarse juntas en todo su esplendor carnal ante el hipnotizado y estupefacto populacho, resulta que una de ellas -la que sí es estrella de verdad- prefiere quedarse en su casaÉ blanca. Para uno, las estrellas, para el otro, las lágrimas. El relegado Zapatero podría, como desagravio a sus fieles y confundidos discípulos, convocar de inmediato una cumbre de la Alianza de Civilizaciones. Ya sé que no es lo mismo, pero al menos allí Zapatero sí es la estrella.


Dicha cumbre debería contemplar en su orden del día el caso de Fátima Ghailan, una marroquí musulmana que trabaja como mediadora cultural en el Ayuntamiento de Cunit (Tarragona; Cataluña; España; Europa). Según relataba en una entrevista a "El País", fue acosada y amenazada presuntamente por el imán y otros tres miembros de la Asociación Islámica de Cunit por no llevar velo y relacionarse con españoles no musulmanes. "Decían que iban a quemar mi casa por ser una infiel", declaró Fátima Ghailan. La Fiscalía pide para los imputados penas de entre dos y cinco años de cárcel. Siendo el suceso preocupante de por sí, aún lo es más la actitud de la alcaldesa de Cunit y senadora nacional por Tarragona, la socialista Judit Alberich, quien solicitó a Fátima que retirara la denuncia a la vez que evitaba la detención del imán de la localidad para "no generar un conflicto social". Además, la edil agradeció por carta la recogida de firmas de la Asociación Cultural Islámica contra Fátima, publicaba "El País". Ahí tienen todo un ejemplo de solidaridad con la víctima; un ejemplo de feminismo de verdad -no sólo en los foros progres y en las cafeterías "gauche divine"-; un ejemplo de defensa de los derechos de la mujer, de su igualdad, su libertad y contra el integrismo e intolerancia religiosos. ¡Qué vergüenza! Un socialismo que está a la vanguardia de la campaña contra el crucifijo en los colegios nos dice, por boca de Judit Alberich, que lo mejor es el silencio para no generar un conflicto social. Por cierto, ¿cuántas manifestaciones han convocado las plataformas feministas contra tamaña afrenta a la libertad y derechos de esta mujer? ¿Ahora no es válido el lema de que todos y todas somos Fátima Ghailan? Lágrimas.


Ha muerto un soldado del Ejército español luchando en la guerra de Afganistán contra el terrorismo y el integrismo islámicos; luchando por la libertad y los derechos de las mujeres que están siendo arrojadas de por vida al infierno y la oscuridad del burka, al riesgo cierto de la muerte física por lapidación y a la certeza de una muerte en vida por analfabetismo, violencia y exclusión. Mientras, en la dormida España del relativismo y la contemplación bodoque, la España de lo políticamente correcto y la multiculturalidad a cualquier precio, una mujer valiente, musulmana, tolerante y libre, no puede conciliar el sueño de sus ilusiones, el valor de sus convicciones democráticas, porque eso podría generar un conflicto social. Me habría gustado que nuestro presidente Zapatero, una de las dos estrellas planetarias que alumbran el universo, hubiera tenido un recuerdo para las lágrimas de tantas mujeres que también son Fátima en su plegaria del día del Desayuno Nacional de la Oración, ahora que acaba de descubrir en el rezo el único camino hacia la verdad revelada. Mientras unas estrellas brillan en los foros públicos, unas lágrimas privadas se apagan en la soledad.

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