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La mayor réplica del terremoto provoca el pánico entre las ruinas

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Un nuevo temblor de tierra volvió a sembrar el pánico a primera hora de la mañana de ayer en Haití. El seísmo, de 6,1 grados, se dejó sentir en la devastada capital, Puerto Príncipe, cuando la mayoría de sus habitantes aún dormían o se preparaban para afrontar otra dura jornada entre las ruinas de la ciudad. Aunque no se ofrecieron datos oficiales sobre daños, los testigos hablaron de decenas de derrumbamientos de muros y restos de edificios y «columnas de polvo» elevándose con las primeras luces de la mañana.
8 segundos interminables


Gracias a las altas temperaturas, la mayor parte de los habitantes de las ciudades más afectadas duermen al raso, por lo que la caída de estructuras de las construcciones más perjudicadas no provocó víctimas. El temblor se dejó sentir con intensidad durante ocho segundos –el del día 12 duró medio minuto–, aunque no fue especialmente brusco. Las personas que dormían en el interior de edificios, la mayoría dañados por el seísmo principal, corrieron a la calle en pijama o a medio vestir ante el temor de que se les viniese la edificación encima y entre gritos de alarma y terror.
Los equipos de rescate y desescombro aún no habían iniciado sus trabajos, gracias a lo cual tampoco se vieron expuestos a los desprendimientos que se produjeron en Puerto Príncipe, Carrefour, Jacmel y Petit Goave, las ciudades más afectadas tanto por el terremoto como por la réplica. Algunos responsables aseguraron que el temblor, sumado a las lluvias caídas ayer, compactaron los escombros, dificultando aún más las labores y alejando las esperanzas de encontrar a más supervivientes bajo las ruinas.


Se trata de la mayor de las 40 grandes réplicas –más de 4,9 grados– que se han producido desde el gran seísmo, de 7,3 grados. La Inspección Sísmica de Estados Unidos (USGS) registró el movimiento telúrico a las 6:03 horas de Haití –12:03 de España– con epicentro cerca del foco del terremoto principal, a 10 kilómetros de profundidad en la localidad de Petit Goave, de 15.000 habitantes y situada a 60 kilómetros al oeste de Puerto Príncipe.
A pesar de que el epicentro se situó en el mar, a escasa distancia del litoral, no provocó alerta de tsunami, aunque el USGS elevó a nivel VIII (naranja) en la escala de Mercalli el potencial destructor de la réplica, afectando a 9.000 habitantes de Petit Goave. El nivel VIII implica «percepción severa del temblor» y «fuertes daños» en construcciones vulnerables.
El geofísico Bruce Pressgrave, del USGS, aseguró a Ap que es «impredecible» si se producirán nuevas réplicas y cuándo, pero que las placas tectónicas desplazadas por el terremoto pueden tardar «meses» en ajustarse y dejar de provocar temblores.


Volviendo a la «zona cero», la ONU informó de al menos 7 edificios derrumbados en Petit Goave, mientras que en Puerto Príncipe se evacuó el Hospital Universitario, que funciona en precario gracias a la ayuda internacional. «Estamos bien, aunque muy asustados», cuenta desde Jacmel el cooperante español Hernán Badenas, de la ONG Asamblea de Cooperación Por la Paz. «Dormíamos cuando nos ha despertado el temblor, y hemos salido corriendo». «Se escuchaban gritos en las calles, ahora saldremos a evaluar la situación», cuenta a LA RAZÓN a través de su teléfono satélite.
Los cooperantes calculan que el 70 por ciento de los edificios quedaron destruidos por el primer seísmo. Antes del mismo, había unos 40.000 habitantes en Jacmel. Ahora malviven unas 3.000 personas en campamentos sin suministro de agua corriente ni luz.


Por otra parte, el matrimonio hispano-haitiano fallecido en el siniestro recibió ayer sepultura en Torrejón de Ardoz (Madrid), donde residía, mientras que el cuerpo de la subinspectora de Policía Rosa Crespo será repatriado mañana a Zaragoza. Se sigue trabajando para localizar a otra española, la funcionaria Pilar Juárez, que forma parte del millar de europeos que siguen desaparecidos.

 

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