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Un siglo de pobrezas

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eldiarioopinion

Todo lo que va del siglo XXI ha sido de pobreza, en todos los sentidos, para el pueblo mexicano. Las instituciones zapatoscreadas durante el siglo anterior, por obra y gracia del régimen revolucionario, se vieron trastocadas primero por una fallida transición, luego por un continuismo de reversa y, finalmente, por un Estado fallido y no sólo en materia de seguridad, lo cual es evidentísimo, sino en empleo, en educación, etc., en prácticamente todos los órdenes de la vida nacional.

Ni en las peores épocas, de las peores crisis del siglo XX, los mexicanos habíamos padecido tanto y por tanto tiempo, que en estos casi once años del siglo XXI, caracterizado por la ingobernabilidad y la ingobernación del llamado PAN-gobierno.

Once años más pobres que nunca, once años con más miedos y temores que nunca, once años de más muertes y desapariciones que nunca... todo lo que va del siglo, el pueblo sufriendo. Esa es la situación.

Hasta las estadísticas oficiales indican que el siglo XXI es un siglo de pobrezas... la ilusión que nos vendió "el presidente del empleo" ha salido verdaderamente cara.

Cada año de esta década ha sido emblemático en sentido negativo, cada año pasa a la historia porque el país llega al número más alto de pobres en lo que va del siglo.

En 2008 había ya más de 80 por ciento de mexicanos en condiciones de vulnerabilidad, el impacto de la crisis de 2009, la nula recuperación del ingreso en 2010, han explotado en este 2011 y lo harán el próximo año.

Y esto ha sido resultado de las medidas tomadas desde el Gobierno federal.

Es ingenuo creer que no impactará en los niveles de pobreza del país el incremento del IVA a 16 por ciento, del ISR a 30 por ciento, de la gasolina, el gas doméstico, el peaje en carreteras y el diesel agropecuario.

Las crisis de 2009, 2010 y 2011 han "agarrado mal parados" a los mexicanos, en particular a los más pobres.

Las graves condiciones económicas y sociales que incrementaron la vulnerabilidad y la pobreza en el país, requerían urgentemente que el Gobierno acelerara, e incluso adelantara, la actualización de la información, a fin de diseñar decisiones más inteligentes y reestructurar urgentemente la política social. Y no se hizo.

A pesar del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), sus manipulaciones estadísticas, o tal vez por esa política de digresiones, en sentido estricto nadie puede hoy dar una cifra acertada sobre el número de personas que viven en pobreza en México.

Esto es así porque, a pesar de que el organismo ha presentado una nueva y más completa medición de la pobreza, los datos con que cuenta provienen de instancias que los manipulan para efectos de propaganda.

Ser pobre multidimensional significa estar privado de ingresos y, de manera simultánea, del cumplimiento de los derechos sociales fundamentales.

Los indicadores considerados por el Coneval son: a) rezago educativo; b) acceso a servicios de salud; c) acceso a seguridad social; d) calidad y acceso a servicios en la vivienda; e) calidad y espacios de la vivienda, y f) acceso a la alimentación.

Para estimar los niveles de bienestar se consideró la cantidad de personas que vivía por debajo de la línea de bienestar mínimo y las que se encontraban por debajo de la línea de bienestar. La metodología muestra que la pobreza tiene que ver con mucho más que la mera carencia de ingresos y que, aún con esta medición, hay factores de vulnerabilidad no considerados que, de incorporarse a las estimaciones de pobreza, podrían darnos cuenta de la complejidad del asunto.

Existen conflictos como la violencia doméstica, la violencia social, las enfermedades mentales (como la depresión), la exclusión por vivir con alguna discapacidad o necesidad especial, la reprobación y bajo rendimiento escolar o el trabajo infantil, son dimensiones que no se han logrado traducir a variables cuantitativas y que será importante considerarlas en el futuro como factores que incrementan la vulnerabilidad o la pobreza.

El modelo de desarrollo ha fracasado en la generación de empleos y esto ha provocado un estancamiento social que se expresa fundamentalmente en la incapacidad de reducir sustantivamente el número de personas pobres en el país.

Sin embargo, el diseño de políticas y programas públicos para el desarrollo social también han sido sumamente limitados, lo cual se expresa en los resultados que se tienen en México.

La medición multidimensional de la pobreza aún no ha sido lo suficientemente valorada en sus alcances e implicaciones. Una vez que se ha asumido una medición de esta complejidad, el diseño de la política pública y de los programas sociales no puede seguir siendo simplemente el mismo, porque ahora el Gobierno tiene la responsabilidad jurídica, y sobre todo ética, de actuar en consecuencia.

Ni Nostradamus podía haber predicho los dolores del pobre pueblo mexicano del siglo XXI. Pero ya llegará el 2012... para reorientar al país y conducirlo al pleno desarrollo.

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