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Pacto contra el hambre

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elperiodico

Así como Sandra Torres despierta una animosidad que hace imposible discutir el combate a la pobreza desde el hambreEstado, con Otto Pérez Molina sucede otro tanto de lo mismo. Los progresistas, la mayoría de la minúscula izquierda nacional y buena parte de los académicos, no están dispuestos a hablar del Partido Patriota más allá del estribillo de la mano dura, la campaña contrainsurgente y el ajuste de cuentas. El país no parece abierto aún a intentar comprender y luego honrar a sus muertos, sino a reutilizarlos a cada tanto.

La campaña sin embargo sigue su marcha. Y si al menos una parte del debate político real en Guatemala girara en torno a la intensidad con la cual debe acometerse la creación de capital humano y el combate a la pobreza, la propuesta de Pérez Molina tendría que estar hoy sometida a juicio. Pero a pocas personas les importa.

Lucy Lainfiesta es la coordinadora del plan de gobierno del Patriota en materia social. He leído de sus propuestas y escuché una presentación suya el viernes último. He cubierto todas las campañas electorales desde 1990 hasta la fecha y nunca había conocido una oferta que aparente ser más integral, coherente con el momento y conocedora del aparato estatal. De seguro hay muchas personas mejor calificadas para emitir este tipo de juicios. Su participación en el debate es esencial previo al 11 de septiembre. Pero la propuesta de Lainfiesta, que incluye una convocatoria a un pacto nacional contra el hambre, suena lo suficientemente sensata como para construir a partir de lo que ya se ha hecho en el país.

Habla de echar mano del Sistema de Seguridad Alimentaria, creado por el Congreso a instancias de Andrés Botrán que lo consensuó con todos los sectores durante el gobierno de Óscar Berger y fue desestimado por el de Álvaro Colom.

Mi Familia Progresa continúa, pero con el trazo de una línea basal que reducirá y relocalizará a los beneficiarios en las áreas donde coinciden desnutrición crónica y pobreza extrema. En tanto la precariedad del Estado sea la misma y haya dificultades para ofrecer los servicios de educación y salud a quienes reciben la transferencia, se concentrará en 500 mil familias y no en las más de 900 mil que el programa intentó abarcar en el año 2011 pese a estar subfinanciado.

Este punto, que Lainfiesta expone con responsabilidad técnica, ha acarreado dificultades de campaña al partido. Sandra Torres lo esgrime en cada discurso de tarima como un argumento para votar contra el PP y Pérez Molina, que en ciertas cosas se parece mucho a ella, se resiste a hablar de la necesidad de priorizar el uso de los recursos por temor a perder votos.

Un líder político con más coraje (más carácter, diría la campaña del Patriota) se animaría a persuadir a su electorado de financiar mejor al Estado para salvar a más niños del raquitismo. Tan cruel es la vida de quien crece desnutrido como la muerte provocada por un delincuente. Pero un debate semejante es impensable en Guatemala, donde los pobres sirven solo de telón de fondo a cualquier campaña y los políticos tiemblan ante la posibilidad de que alguien les confunda con comunistas o con gente capaz de sensiblerías.

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