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Solidaridad frente a la pobreza

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lavanguardia

El número de personas en extrema pobreza atendidas por la Cruz Roja ha aumentado un 30%. Este esnio un indicador más cercano, con caras y nombres concretos de las víctimas de la crisis económica que sufre España, y que complementa los otros datos estadísticos que reflejan la gravedad de la situación: más del 20% de la población activa en paro, un millón y medio de hogares sin ningún miembro que trabaje e incremento constante de los desahucios por falta de pago de la hipoteca. Otras organizaciones que prestan ayuda social, como es el caso de Cáritas, experimentan la misma realidad que Cruz Roja: la pobreza crece y nuevas personas entran cada día en riesgo de exclusión social, en una dramática dinámica a la que por ahora no se le ve final.

Otro factor preocupante que detecta la Cruz Roja es el descenso de la ayuda social de las administraciones públicas, especialmente la de los ayuntamientos, hecho que contribuye al empeoramiento de la situación de las personas más castigadas por la crisis. El Estado de bienestar español mantiene todavía la sanidad y la enseñanza gratuitas. Pero hay cada vez más personas sin medios económicos para mantener su vivienda o comer cada día. Y la ayuda a estas personas no puede ni debe faltar. Es una exigencia a la que debe dar respuesta la sociedad, tanto por humanidad como por la necesidad de estabilidad y de equilibrio social.

La economía española debería ser capaz cuanto antes de restablecer los mecanismos de generación de riqueza y de empleo suficientes para combatir el paro. Pero, mientras eso no llegue, la solidaridad debe ocupar un lugar preeminente. Solidaridad pública, a través de las administraciones, estableciendo la ayuda social y el empleo como una prioridad sobre otros gastos. Y solidaridad privada, cada uno en la medida de sus posibilidades, bien con ayudas directas a los más necesitados o bien a través de las organizaciones benéficas. Esta mayor solidaridad exige también algunos cambios legales y urgentes que permitan, por ejemplo, facilitar las posibilidades de salvar las viviendas frente a la presión de bancos y cajas de ahorros.

No se trata, bajo ningún concepto, de caer en la cultura del subsidio, ni de la dependencia de la ayuda de los demás. Hay que defender los valores del trabajo y del impulso emprendedor. Pero mientras se mantenga la grave situación económica actual, una mayor solidaridad pública y privada es imprescindible para sostener a los más castigados por la crisis y evitar que caigan en la exclusión social. Esta es una responsabilidad colectiva ineludible en tiempos difíciles.

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