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22.000 castelloneses necesitan comida

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Las donaciones 'salvan' la disponibilidad de productos, dado que los excedentes de la UE no llegarán hasta mayo

Las solicitudes al Banco de Alimentos de Castellón han crecido un 22% en el último medio año

El crecimiento del paro y el hecho de que muchas familias hayan agotado la prestación por desempleo continúa disparando en la provincia el número de personas que ven como única salida para poder comer acudir a las diversas entidades benéficas y sociales que reparten los productos que distribuye el Banco de Alimentos de Castellón.

Tan sólo en el último medio año, la demanda en la provincia ha crecido en más de un 22% y la entidad supera ya los 22.000 beneficiarios frente a los 18.000 contabilizados el pasado mes de agosto. Un total de 105 ONG y entidades sociales se encargan de que las familias que más lo necesitan reciban lotes con productos alimenticios de primera necesidad, como pasta (macarrones, fideos), legumbres, arroz, cereales, galletas, leche en polvo o quesos, entre otros.

Pese a que la entidad se abastece principalmente los productos procedentes del Fondo Español de Garantía Agraria (FEGA), elaborados a partir de excedentes de la Unión Europea, según explicó la presidenta del Banco de Alimentos de Castellón, Adela Gracia Grañena, «sin las donaciones y colaboraciones de las entidades y fundaciones que trabajan con nosotros, ni con la dedicación de los voluntarios, sería imposible funcionar».

Y es que, a pesar de que la provincia recibió en 2009 más de 637.893 toneladas de alimentos del FEGA, el hecho de que el último envío llegara a Castellón el pasado noviembre y la entrada de un nuevo lote no esté prevista hasta finales del mes de mayo habría complicado el abastecimiento de no ser por dichas ayudas.

Solidaridad

«Hace una semana recibimos 3.500 kilos de aceite y legumbres como alubias, garbanzos y lentejas de la Fundación Carrefour; la Fundación Bancaja nos aportó una donación de 29.604 euros que utilizamos para adquirir 40.307 kilos de alimentos; los 120.000 euros que nos aportó la Conselleria de Bienestar Social, de los que 30.000 fueron para Cruz Roja, permitieron comprar 90.000 kilos más de comida; mientras que la Fundación BBVA nos donó los lotes de productos de los expositores de la pasada Navidad», recordaron desde el Banco de Alimentos de Castellón.

Al respecto, también remarcaron las «ayudas» recibidas de otras entidades «como la Fundación Eroski, que junto a determinados productos nos aporta el 20% de las 'campañas del kilo'; Puleva, que nos regaló 37 palets de leche de continuación para niños de seis meses a dos años; los empleados de Aumar y Telecom, que nos regalaron 126 kilos de alimentos; los Reales Tercios de España, que nos envían periódicamente camiones con entre 400 y 700 kilos de verduras cada vez; o el propio Mercado de Abastos, que ha empezado a colaborar con nosotros con unos 1.300 kilos de productos». La empresa Comercial Reig, encargada de la distribución de un conocido refresco de cola, que aporta furgonetas con bebidas y zumos para su posterior reparto, o las cooperativas Actel y Surinver, que remiten cuantiosos suministros de frutas y verduras, son otras de las numerosas colaboraciones que recibe el Banco de Alimentos, junto a las subvenciones municipales o la colaboración de la Diputación Provincial, que cede a la entidad las antiguas cocheras para almacenar los productos que luego se repartirán por la provincia.

«Si no hubiera sido por estas donaciones, que han supuesto un balón de oxígeno, y por la gran labor que desempeñan los voluntarios, habría sido imposible atender la demanda, ya que si antes una entidad nos pedía productos para abastecer a unas 50 personas ahora esa cifra ha subido hasta los 350 beneficiarios en algunos casos», reconocieron desde el Banco de Alimentos de Castellón.

En líneas generales, desde el inicio de la crisis, la situación económica de numerosas familias y el incremento del desempleo también ha obligado a las parroquias de la capital de La Plana a redoblar esfuerzos para abarcar la creciente demanda. Los comedores sociales y albergues también llevan meses duplicado sus turnos para que nadie se quede sin un plato caliente. «Ya no sólo hablamos de personas en situación de marginalidad, sino de ciudadanos totalmente normalizados que se han visto abocados a solicitar alimentos básicos porque no les ha quedado otra alternativa», destacó al respecto la concejala de Bienestar Social del Ayuntamiento de Castellón, Carmen Amorós, quien remarcó que «dado que a muchas de estas personas les es complicado acudir a un comedor social, se les ha dado la opción de recoger la comida cocinada para llevar o bien llevarse los productos para luego cocinarlos ellos, alternativas que cada día tienen más demanda».


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