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No fumar puede dañar la salud

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La reforma a la ley del tabaco no deja a nadie indiferente. Cuarenta y ocho horas después de su entrada en vigor, la norma está en boca de todos y sus efectos colaterales parecen estar llamados a llenar páginas de sucesos. Entre el oportunismo y la rebeldía, una parte de España alza su protesta ante la normativa. A cierre de esta edición, Facua-Consumidores en Acción informaba que había recibido más de un millar de denuncias por incumplimientos de la ley por parte de establecimientos y organismos públicos.

Los hay quienes se han tomado con muy malos humos la entrada en vigor de la reforma. En el País Vasco, un hombre de 31 años y 06-01-2011paciente del hospital de Cruces en Baracaldo, fue detenido el lunes tras encararse a una enfermera que le había recriminado por fumar, según informó ayer la Consejería vasca de Interior. Al parecer, el empedernido fumador, que se encontraba ingresado en planta, lejos de apagar el cigarrillo la emprendió con la profesional sanitaria, a la que insultó y amenazó. Los servicios de seguridad del centro reclamaron entonces la presencia de la policía local. El individuo fue detenido tras resistirse con agresividad a los agentes. El arrestado, que carece de antecedentes, recibió el alta médica para poder ser conducido a dependencias policiales y pasar a disposición judicial.

A mazazo limpio

También en Vizcaya, el dueño de una sidrería de Otxandio la emprendió a mazazos con la máquina de tabaco de su establecimiento como protesta a la prohibición, que según el hostelero, afectará negativamente a su negocio. «Si el Gobierno no permite a mis clientes fumar en mi restaurante tampoco se va a lucrar a mi costa», señaló en declaraciones a ABC Pedro Mari Garaialde, gerente del local, que destrozó a la máquina expendedora ante los focos de las cámaras de televisión, avisados previamente por la Asociación de Hosteleros del País Vasco. «Lo consulté con la almohada. En realidad quería arrojarla al pantano, pero el presidente de la asociación me recomendó que cogiera un hacha, que si no los ecologistas me denunciarían», relató el empresario, que se queja de que la clientela ya había caído «en picado» y seguirá haciéndolo ahora que no se permitirán los puros de sobremesa.

Más dramático ha sido el caso de Juan Francisco Valhondo, el dueño de una bolera de Montehermoso (Cáceres), que resultó agredido tras decirle a un cliente que apagara el cigarrillo. «Le dije educadamente que lo apagara. Le pegó un par de caladas y ahí quedó la cosa», explica el dueño.

Cuando parecía que todo había quedado en una simple advertencia, se formó una trifulca en medio del bar. Al intentar separar a los implicados, el propietario recibió un golpe en la cabeza con «una botella o un vaso de cristal», explica Juan Francisco, que recibió entre 16 y 18 puntos de sutura por un corte encima de la ceja.

 

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