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Si no en bares, en clubes de fumadores

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elComercioDigital

El bar al que solían acudir ya no lo es. A partir del miércoles, se convertirá en una asociación cultural dedicada a toda una colección de aficiones: al Sporting, al montañismo... o al tabaco.

En el día de ayer, dos establecimientos de Gijón ultimaban la puesta a punto para que los clientes que hasta entonces podían combinar tabaco y alcohol puedan seguir haciéndolo.

La nueva ley es clara en los espacios en los cuales sí se permite fumar, en tanto en cuanto está prohibido hacerlo en «espacios de uso público: lugares accesibles al público en general o lugares de uso colectivo, con independencia de su titularidad pública o privada». Ya se sabía, de esta forma, que quedaría el resquicio legal que estos dos locales, entre otros, emplean para permitir -en la práctica, y con todas las condiciones legales- fumar con una normalidad relativa.

Lo que genera aún inquietud entre los hosteleros es el grado de minuciosidad con la que la Administración los escrutará; el nivel de tolerancia, en definitiva, con este aparentemente último reducto para quienes fuman. Los propietarios de los dos locales afirman que, en lo que a ellos respecta «todo es legal». Aunque con las pocas horas de vigencia de la ley, aún no quieren exponerse a una excesiva publicidad o al escrutinio público.

El primero de ellos, tras constituirse como asociación cultural -son necesarios unos estatutos,registrarse y reunir a tres personas o más, entre otros requisitos-, aprovechó la posibilidad legal de realizar una concesión a una empresa para la venta de alcohol. Empresa creada y gestionada, a su vez, por los propietarios del antiguo bar y creadores de la nueva asociación. Así, el local puede lucir legalmente barra y ceniceros en La Arena.

A continuación, ha bastado con crear un formulario de admisión y empezar a entregárselo a los habituales y clientes: ya son 300, según cuenta el responsable. Y, previo pago de una exigua cuota de ingreso y de otra anual, dedicada a gastos de la asociación y a porras futbolísticas y deportivas, ya se puede acceder a este espacio privado y, por tanto, fumar y beber con total tranquilidad.

En el otro establecimiento, en la zona Centro, no se han complicado tanto: han aprovechado una zona del bar queda suficientemente aislada del resto. Acaban de crear el local -dentro del bar- que será su club. Para ello, un carpintero ultimaba ayer la instalación de una puerta, que separará el área sin humos, con barra y camareros, de la flamante asociación cultural y club de fumadores. El presidente y secretario de este son parroquianos y amigos; los propietarios no tienen vinculación legal con su fundación. Ya antes de que terminaran de instalar la separación, empezaban a entregar carnés y a bromear: «Nuestro himno, 'Fumando espero'».

Pero para cumplir por completo con la normativa, que impide la venta de bebidas dentro de los clubes y que los empleados accedan a ellos, los camareros también tendrán que hacerse socios. Así, los clientes que lo sean podrán adquirir su consumición, franquear la puerta de la asociación y encender un cigarrillo; ellos, por su lado, podrán entrar a buscar los vasos, aunque se pretende que no tengan que acceder al recinto para nada.

La cuestión es si estos nuevos locales prosperarán y, de hacerlo, con qué tipo de acogida se encontrarán: ¿trabas de los ciudadanos más opuestos al tabaco o un número inusitado de nuevos socios?

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