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De la exclusión a la integración

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Patim, organización no gubernamental de ayuda a los drogodependientes, celebró ayer su vigésimoquinto aniversario y lo hizo rodeada de todos aquellos que han hecho de la ONG una de las entidades de referencia en la provincia en la atención a las adicciones: voluntarios, dependientes y los familiares que muchas veces padecen en la sombra las consecuciencias de una adicción.

Entre los que no quisieron faltar al acto estuvo Vicent, un ex drogadicto que pudo desengancharse de las adiccione gracias a Patim. «Tras años siendo un excluido social, Patim me echó una mano y ahora puedo afirmar que estoy totalmente recuperado. Ellos me ayudaron a reinsertarme cuando nadie quería saber nada de mí. Ahora, tengo familia y trabajo, las mismas inquietudes y preocupaciones que una persona sin ningún problema físico ni mental», señaló Vicent.

También quisieron tomar la palabra en la celebración los voluntarios. Como Estefanía, quien reconoció que «este trabajo no sólo ha aportado beneficios a las personas que hemos ayudado sino también a nosotros, los voluntarios». «Además, es muy enriquecedor e imprescindible el contacto con otras culturas», destacó Estefanía.

Tras ella tomó la palabra Vicente, representativo de gran parte de las personas que sufren el problema: él tuvo un familiar drogadicto. «Yo me identifico con la familia que sufre al ver día a día a un ser querido deteriorándose a causa de las adicciones. El sufrimiento de la familia es igual o incluso mayor que de la persona enferma. Todo es más difícil en estos casos, pues la sociedad aún no acepta a los que padecen estos problemas. Por suerte, a veces la vida te rinde una oportunidad para salir adelante, y a mi familia nos la brindó Patim», dijo.

La ONG galardonó a cuatro castellonenses que han contribuido mucho a la labor de la entidad La distinción más relevante fue la insignia de plata para Joaquín Cornelles. «He colaborado durante toda mi vida en muchas asociaciones de ayuda a adictos a las drogas. Hace años me acuerdo que muchos venían a mi casa a comer cada día; por suerte mis hijos han visto desde pequeños el panorama y nunca se les ha ocurrido probar ninguna sustancia. Para mí, ha sido una labor muy grata. Los que habéis salido de esta terrible enfermedad sois muy afortunados porque realmente es algo muy difícil», añadió Cornelles.

La clausura ocurrió a cargo de Alberto Fabra, el alcalde de Castellón, quien quiso mostrar su afecto a Patim. «Alabo el gran esfuerzo y trabajo de esta entidad. Más de 5.700 personas atendísteis el año pasado desde vuestros diferentes servicios y esa es una cifra realmente admirable. Es tan importante el hecho de que se preste una ayuda, como la confianza de toda la sociedad de que esa ayuda existe y se realiza con la voluntad de resolver problemas. Castellón tiene esa confianza por el trabajo voluntario y altruista de Patim», concluyó.

 

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