Imprimir

La esperanza de un futuro en Paz

on . . Visitas: 563

Image

Francisco Pulido Muñoz -

EN 1993 se declaró el 30 de enero como Día Internacional de la No Violencia y la Paz, una fecha que recuerda el asesinato, en 1948, de quien, como nadie, hizo de su existencia una continua lucha por la paz: Mahatma Gandhi. Mediante la resistencia pasiva, Gandhi devolvió a millones de ciudadanos su dignidad, consiguiendo la independencia de India e inspirando otras trayectorias de líderes mundiales pacifistas como Martin Luther King o Nelson Mandela.

Más allá del recuerdo, en este día, del trayecto y la figura del político y filósofo indio, la fecha es una oportunidad para la reflexión sobre la devastadora voracidad de esa bestia a la que la humanidad ha sido incapaz de erradicar y de las terribles y duraderas consecuencias que para los más débiles tiene.

 

De la misma manera en que la Organización Mundial de la Salud reformuló la definición de salud, no sólo como la ausencia de enfermad, sino como "el estado completo de bienestar físico y social", también debería reformularse la definición de paz como la ausencia de conflictos bélicos, entendiendo que tampoco hay paz cuando existe discriminación, desigualdad, miseria, marginación o injusticia.

La paz debe ser un concepto inseparablemente asociado al bienestar de las personas que conviven en términos de libertad, igualdad y legalidad. Fue Gandhi quien definió la paz como la práctica de la justicia, no como la ausencia de conflicto.

Actualmente, en el mundo hay más de una veintena de países que se encuentran en guerra, alguna de ellas absolutamente olvidadas por el tiempo de actividad que el conflicto lleva abierto o porque tras ellas no se esconden intereses económicos, como es el caso de Birmania, en guerra desde 1948. Algunas de las cifras mundiales derivadas de esos conflictos provocan escalofríos.

Según UNICEF, el número de niños soldados ronda los 300.000; también el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), cifraba a finales de 2007 en 1,'4 millones el número de refugiados y en 26 millones el de desplazados internos por causa de conflictos o persecución.

La Diputación de Córdoba, a través del Famsi (Fondo Andaluz de Municipios para la Solidaridad Internacional), en la misma línea en que se viene trabajando desde otras administraciones y ONG, destina un esfuerzo importante en concepto de Cooperación y Ayuda al Desarrollo para paliar, en la medida de sus posibilidades, los efectos de algunos de estos conflictos, entre otros proyectos de cooperación.

Así, en Argelia se viene apoyando con ayuda humanitaria a los refugiados saharauis que se encuentran en Tindouf, a través del programa de caravana por la paz y vacaciones en paz para niños saharauis, algún proyecto sanitario y además, este año, se destinarán 42.000 euros a un convenio educativo con la asociación cordobesa Amigos de los Niños saharauis.

En Colombia ha habido una cooperación directa con alcaldes del Valle del Cauca. También se viene desarrollando un trabajo continuado con las asociaciones de alcaldes palestinos (APLA) e israelí (ULAI).

En 2005 se celebró en Córdoba, auspiciada por Famsi y Diputación, la Conferencia Europea de Paz en Oriente Medio para Autoridades Locales. Dentro de los proyectos compartidos con la Asociación Europea por Palestina se mantiene un hermanamiento con Hebrón. En Sri Lanka apoyamos un programa de desarrollo en Galle, una zona particularmente atacada por el tsunami de 2004. Pero este esfuerzo que se realiza a través de los programas de Cooperación y Ayuda al Desarrollo no es suficiente, como tampoco lo es el dolor y la repulsa que expresamos cada vez que el Pleno de la Diputación se pronuncia contra la Violencia de Género.

La seguridad, la paz y la esperanza de futuro de los pueblos pasa ineludiblemente por el reforzamiento de los instrumentos internacionales de promoción y protección de los Derechos Humanos, por su aplicación efectiva, por la abolición mundial de la pena de muerte, por la erradicación de la violencia de género, por el fin de la discriminación por motivos de orientación sexual, por la protección de los menores y la lucha contra los abusos y la explotación a los que son sometidos y por la estricta observancia de los Derechos Humanos en la lucha contra el terrorismo y la delincuencia.

Y esos deben ser los principios rectores que impregnen las políticas internacionales y también la línea de las manifestaciones y las acciones de los líderes mundiales que últimamente se están produciendo, con un discurso absolutamente nuevo y esperanzador.

La retirada de las tropas españolas de Irak, la propuesta de la Alianza de Civilizaciones del propio presidente español ante la Asamblea General de la ONU en 2004, la decisión del presidente Barack Obama de clausurar Guantánamo, el envite de Sarkozy a que sea la ONU quien redefina un nuevo orden mundial para este siglo XXI o la aportación extra de 1000 millones comprometida por Rodríguez Zapatero para la lucha contra el hambre, suponen el reconocimiento expreso a los valores que propugna la Declaración de Derechos Humanos y también la mejor esperanza a la que el futuro de la humanidad se puede asir.

Entretanto ese futuro se construye, a los ciudadanos de a pié nos corresponde profundizar en la educación en valores de nuestros hijos, de los jóvenes; mantener una posición activa y pacífica contra las desigualdades y las discriminaciones, esforzarnos para conseguir mejorar las condiciones de vida en nuestro entorno y, por encima de todo, defender los Derechos Humanos. La no violencia no puede ser sinónimo de pasividad o indolencia.

Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y para ofrecerle contenidos más interesantes. Para obtener más información sobre las cookies y cómo eliminarlas, consulte nuestra Política de Privacidad.

Sí, acepto cookies de esta web