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No es oro todo lo que reluce

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FUE a partir de los años 80 cuando progresaron las actividades de las Organizaciones No Gubernamentales, llegando a ejercer una imprescindible labor subsidiaria en el terreno humanitario. Su carácter altruista y su componente de voluntariado las convirtió en entidades de indudable y bien ganado prestigio. Las ONG, organizaciones en su mayoría generosamente subvencionadas, han llegado allá donde las instituciones públicas no llegaban resolviendo problemas humanitarios con una gran solvencia y generosidad.

Desgraciadamente, no han faltado graves escándalos en ese colectivo de organizaciones, escándalos que van mucho más allá de los simples problemas de competencia, que también, y se han deslizado por la cloaca de la corrupción. En algunos casos -Anesvad, Intervida...- se trató de directivos corruptos que aprovecharon sus cargos para enriquecerse, dejando un borrón de desconfianza que una vez estos escándalos saltan a los medios salpican al resto de ONG.

A medida que se van conociendo detalles de la investigación sobre las intenciones de la delegación de la ONG francesa El Arca de Zoé aterra pensar que pudiera tratarse de un intento de trata de niños, de la entrega de menores a familias que ya habrían pagado por ellos. En un país como Chad, recién salido de una guerra civil caótica y con un considerable atraso político, social y administrativo, la operación podía haber pasado desapercibida bajo el altruista gesto humanitario de enviar niños chadianos huérfanos, enfermos o heridos, supuestamente para recuperarse entre familias que les aceptaran.

Puede deducirse, según el testimonio de una familia navarra dispuesta a recibir un niño de los 103 que la ONG pretendía sacar de Chad, que las familias receptoras estaban dispuestas a hacerse cargo de ellos a modo de acogida permanente, o de alguna forma similar a la adopción, a sabiendas de que no era un procedimiento legalmente contrastado. Algunas ya pagaron un dinero por esa acogida. Ahora resulta que, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), ninguno de los niños era huérfano ni estaba enfermo, y que la ONG simuló con vendajes falsos heridas que no existían. De nuevo, la sombra de la sospecha sobre una ONG.

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